Peaje

Anne Igartiburu y Ana Obregón. Captura de La1 de TVE.

Cuando acabó el peaje Sevilla-Cádiz en la vieja noche de fin de año del 19 –varias vidas han pasado– nadie imaginó su escaso tránsito el año del Covid. Enero se inició con el virus, quién sabe, agazapado. Meses después Fernando Simón dijo que aquí no había peligro. Circulen. Miramos para otro lado cuando las multinacionales empezaron a huir despavoridas del Mobile de Barcelona, y culpamos al Procés. Al independentismo le cabe casi todo, pero no una pandemia. Así que en marzo nos comimos el confinamiento, la palabra del año según la FundéuRae. El cambio vital se escribe en el diccionario. Estábamos en los «emojis» (2019), con «amigovio» de finalista, o en los «selfis» (2014) y, de pronto, viene la vida y te retrata. Cuando y cuanto decimos, eso somos. También ha sido el año en el que los ciudadanos libres enarbolamos nuestra minoría de edad. Todo siempre es culpa de los otros. De Pedro Sánchez, de IllaDíaz Ayuso o Juanma Moreno. Las autoridades fueron salvando las distintas olas, mal que bien, y modificando horarios y realidades, intentando evitar el colapso sanitario, por un lado, y el crack económico, por otro. Pero a nadie se le obligó a ir en masa a los chiringuitos o la calle Larios o a una “rave” en Barcelona. Se podía elegir libremente, quedarse en casa. La heroicidad de no hacer nada. Lo único estrictamente achacable, y no es poco, a las administraciones es la falta de cooperación, la descoordinación y el ridículo con las banderas en vacunas y material sanitario, como si el ciudadano además de menor fuera gilipollas. Incluso la bochornosa falta de material de seguridad inicial tiene el pase de que a ninguno en casa nos pilló tampoco confesados. Entre tanto adulto haciendo de menor de edad –salvado el bello e inútil trance tribal de los aplausos al vacío y las proclamas de «vamos a salir mejor» mientras a los sanitarios se les ponían carteles en el ascensor invitándolos a no volver al bloque–, queda el ejemplo de entereza de niños y ancianos. El Washington Post pidió a los lectores que describieran 2020. Clarke Smith, de 9 años, parió un retrato de Antonio López: «Es como si vas a cruzar una calle, miras con cuidado a ambos lados y, de repente, te atropella un submarino». El coronavirus ha resultado más letal que Bin Laden. Por eso no rechina que la señora que primero recibió la vacuna en España, Araceli («Ara Coeli», altar del cielo), dijera «gracias a Dios» cuando recibió la dosis y no le salió un rombo en la cabeza como a los Sims. Quizás con el tiempo 2020 sea la temporada que jugó Cafú en el Zaragoza y nadie recuerda. El año en que murió Aute, Michael Robinson, Gistau, Quino, Maradona, Anguita, Lucía Bosé o Manzanero. No es 2020 un año para boleros sino más bien de fados, a los 20 años de la muerte de Carlos Cano. En su «Diván del Tamarit», alegato lorquiano, está la vida entera, más en pandemia. Porque la vida exhala a borbotones cuando es supervivencia. De la «terrible presencia» a «la gacela del niño muerto», «la raíz amarga» y «la muerte oscura». La gacela, también, de «la huida», para acabar en la del «amor con cien años», que son los que casi cumple Araceli, de 96 y a la que las «fake-news» enterraban al día siguiente. El año acabó, de nuevo, con el «feminismo a lo Pedroche» –algo así como llevártelo calentito por pasar frío– frente a Ana Obregón convertida en metáfora de la entereza de España como madre a la que se le muere un hijo y proclama «ciencia» y «esperanza», dibujando, por fin, la «Casida de la mano imposible». Somos también el silencio que dejamos.

En el nombre de Anguita, “La Rendición de Breda”

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«Y si no hubiera luz, si no la hubiera, buscaríamos un faro en la tormenta, haríamos un fuego, construiríamos la luz». Los versos de David Eloy, entre el quejío de  Juan Pinilla, invocaron ayer en Málaga el eco del hombre, el perfil etrusco y el arabesco en la barba, las sienes de plata, el político que volvió a sus clases. Julio Anguita, los restos del Partido Comunista, resucitados tras varios ataques al corazón, cuerpo presente y puño en alto. Anguita invitó a IU a hacer un frente común contra «el bipartidismo»  en sintonía con «Podemos, Equo, Attac».  «Los nuestros».
Muchos apuntaron la hora del retorno en el Palacio de Congresos de Málaga, como en Aguascalientes con José Tomás, y Málaga fue centro de peregrinación de IU en su acto central de campaña, en el regreso del mito rojo tras 15 años, como en el tango pero con un lustro menos, que, visto el actual panorama político, «no es nada». «Febril la mirada», la militancia conjugó el verbo «Volver», tiró el streaming, desbordó las previsiones e hizo abrir dos salas más, ocupó el hall e hizo el «hashtag» de la coalición tendencia nacional con vocación republicana.
En el nombre de Anguita, 6.000 personas puño en alto y Pasionaria en la cartera. «Nunca fuimos héroes. Si acaso niños tirando piedras», dice el spot de IU. «El pueblo unido jamás será vencido», «Aquí está el cielo de verdad», gritaba el respetable. Anguita, antes de tornar en desobediente leal, en insurgente dogmático, dio las gracias «por haberme hecho sentir más joven».
Entonces, desempolvó las esdrújulas desde las entrañas:  «La  fiel infantería capitalista son los apolíticos. El ciudadano que vuelve a votar a los ladrones es responsable del robo». El «califa» defendió «el valor revolucionario del estudio como fuerza de cambio de la sociedad» y se acordó de «Felipe González y Aznar» porque está «en contra de las puertas giratorias». «España está intervenida económicamente por poderes extranjeros». Quien lo permite peca de «alta traición contra España».  Y «hay soldados yanquis por todas partes». «Tú te callas en los Noos, tú en los Gürtel, tú en los ERE», «el pacto de Estado» que denunció Anguita, con la Corona de por medio. «Se ha pactado la continuidad de un régimen moribundo». «Con la dignidad no se come, pero sin dignidad no se come. Sin cuchara no comes sopa. Un pueblo sin dignidad se pone de rodillas y acaba sin comer. ¿Qué vais a hacer, ciudadanos? ¿Seguir votando a ladrones? No hablo para que guste, sino para que la gente piense», criticó Anguita con perfil ya de tanguista fiero, que, al poco, cuestionó: «¿Dónde puñetas estáis los intelectuales que no os comprometéis para sacar de la inmundicia este país? ¿No veis a la gente desahuciada? ¿No veis a la gente en Cáritas?  La Transición murió de cáncer». «No pueden decir que todos somos iguales. Prefieren el ejemplo de los que roban de los que no roban porque les ponen la conciencia en vilo». Caronte desbordando sus verdades en una barca contracorriente. «Esto no lo cambia una fuerza política. Es imposible. Ni cuatro o cinco unidas. Duran menos que un caramelo a la puerta de una escuela. Está el ejemplo del Gobierno griego. Hay un necesidad del pueblo en la calle permanentemente», señaló, para alertar del proyecto de unión del bipartidismo, «como en Alemania». «Felipe no da puntada sin hilo», avisó. El vaticinio del presente futuro se lee en las vísceras del sistema.
«Hay que cambiar esto suavemente, como un calcetín. Con la gente. Yo no lucho por nadie si no lo veo conmigo en la primera fila luchando. Después de las elecciones, el poder va a seguir mandando. Ése es nuestro adversario. IU tiene que tender la mano, no es una rendición, con el ejemplo del cuadro de Breda. Con los demás podremos cambiar esto y con el pueblo  tirar abajo democráticamente este régimen». Anguita pidió «unidad en torno a un programa, medidas mínimas inmediatas». «No podemos criticar el bipartidismo y después negociar con ellos. Los nuestros son otros.  Esta política es más dura que correr delante de los grises.  Hay que tejer la unidad, crear el contrapoder». El candidato Maíllo coincidió en que «con muy buena educación le vamos a decir al bipartidismo que los vamos a echar», en clara contradicción a los tres últimos años de bipartito de IU en la Junta. Maíllo señaló que aspira «a unir todas las fuerzas que quieran transformar Andalucía sobre bases programáticas».
Cuando los restos de Cervantes parece que han sido hallados en Madrid,  Anguita, los restos «de dignidad» del PCE -como el ex soviético y doble subcampeón del mundo Victor Korchnoi  moviendo el alfil negro en el Savoy de Zurich tras un doble ictus y en silla de ruedas-, señaló a IU la estrategia del enroque para evitar que el 22M derive, entre la pujanza de la reina morena -Rodríguez, Teresa- y la reina blanca -Díaz, Susana; dueña también del tablero y las fichas- en el jaque mate final. Los peones se juegan la existencia; su pica en Flandes, que Diego Velázquez vuelva a pintar, con las lanzas de nuevo en alto y un nuevo significado, “La rendición de Breda”.