De la semiótica, la guasa y la investidura de Susana Díaz (o “la’vangelio, según la cámara de Manuel Olmedo)

Sevilla es una ciudad “puntera” en la semiótica. De la Semana Santa a la Feria de Abril o la semiótica del bar de Pepe el Muerto, destapada por Julio Muñoz Gijón, alias @rancio, el periodista con epicentro en Bami y que escapó del ataque de un campanario murciano en pleno terremoto lorqueño. Como le contó a Paco Camero y a servidor. La “liturgia del taburete”: “Sólo se lo da a tres personas; sólo tres lo pueden tener, y el nota que ha estado sentado, cuando se va, le devuelve el taburete, que ahí cualquiera no se puede sentar. No es el único código secreto. Ese sitio es pura semiótica”. Sevilla puede que tenga un color especial, que compuso César Cadaval, el Moranco bajito -en verdad, no es tan chico; es que Jorge Cadaval es más alto-; lo que es seguro es que Sevilla tiene mucha semiótica. Tanta, que a centenares de licenciados en Periodismo en vez de Periodismo nos enseñaron semiología y “comunicología”. Un recuerdo para el emisor, el receptor y allegados. Mensaje, código, canal, contexto (y desempleo o empleo precario). Ferdinand de Saussaure, Loius Hjelmslev, Roman Jakobson y Ludwig Wittgenstein. La delantera estuca de la Linguïstica. Lo que también tiene de sobra Sevilla es mucha guasa. Susana Díaz es de Triana, aunque en el señero barrio en los últimos años la fuerza más votada es el PP. Paradojas de la vida y de la política. Como es residente en el Tardón, no es tan raro que la investidura de Susana Díaz haya acabado en salve rociera más de 80 días después de la elecciones del 22M. Phileas Fogg tardó menos en dar la vuelta al mundo. Susana Díaz va sobradita también de semiótica. Y de guasa. Pedro Sánchez se llevó todas su vocales a comer con Pablo Iglesias. En Andalucía, la líder de Podemos no se merece ni un beso, no se vaya a pegar algo, oiga. El “abrazo cariñoso” será el método por el cual el PSOE va a dejar sin escaños a C’s. Que le pregunten a Maíllo. Diego Valderas y Marín pueden compartir algo más que pelazo. Busquen las siete diferencias entre la serie de Susana Díaz con el “tito” Juan Marín y con Teresa Rodríguez. Habemus investidura. Cuando Manuel Olmedo hace ‘clic’ en la cámara, retrata el evangelio.

Recibimiento a Juan Marín:

Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Juan Marin, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Juan Marin, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Juan Marin, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Juan Marin, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Juan Marin, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Juan Marin, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo

Recibimiento a Teresa Rodríguez:
Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Teresa Rodriguez, de Podemos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Teresa Rodriguez, de Podemos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Teresa Rodriguez, de Podemos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Teresa Rodriguez, de Podemos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Teresa Rodriguez, de Podemos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Teresa Rodriguez, de Podemos Foto: Manuel Olmedo

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“El abrazo de Paco Gandía y Silvio”

«Conspiración en El Tremendo». «Asesinato en la Macarena». Un thriller (en tres partes: “El asesino de la regañá”, “El crimen del palodú”, “El prisionero de Sevilla Este” y un extra: “El misterio del perro, la mermelada y el cantante”) con aroma a adobo de Blanco Cerrillo. Juego de luces y sombras en el Garlochí, con saeta de fondo. Dice la ciencia que los elefantes pueden reconocerse ante el espejo. Se estudia si el sevillano sabe reconocerse fuera del reflejo de las fiestas de la primavera. Guste o no. Y si no gusta, «Matalascañas está a una hora». Ombliguismo. Nepotismo. «Un color especial». Narciso ante su imagen en el Guadalquivir. El tiempo detenido. Algo que no se puede explicar. El «miarmismo», corriente filosófica. «Muerte o montaditos», así empezó todo. Los Cantores de Híspalis son los Beatles de la ciudad. «La Junta de Gobierno de la Macarena manda más que el Club Bilderberg». «Sevilla es el abrazo de Silvio y Paco Gandía».

Julio Muñoz Gijón (Bami, Distrito Sur, 1981) pudiera pasar por moderno rancio pero no por rancio modernito, ni siquiera cuando era delegado en la Facultad ni cuando Antonio Burgos le citó sin saberlo –éxtasis del «enterismo»– a cuenta de una carta a su hermano Diego en la que explicaba por qué uno es del Betis. Hace tres ediciones de «El asesino de la regañá» se quitó el antifaz y puso rostro al «Roberto Saviano de la calle Feria». Rancio Sevillano, el autor del libro «que Sevilla no quiere que leas». Y, por más que le canse, el periodista al que se le cayó en lo alto el campanario de Lorca en pleno terremoto. Un Tintín con el alma grávida de Haddock, catalizador de aventuras, a ser posible sin cruzar allende Sevilla Este –«o Córdoba Oeste»– o –«¿a cinco minutos?»– el Aljarafe.

Sevilla, potencia mundial en la dualidad pasional –cainismo, le llaman por ahí–, en el arte de la bulla en la Campana y el milagro de multiplicar el espacio en la caseta. «Universo bipolar», donde «hay quien parece en posesión de monedas de sevillanía». «Yo sé cuántas veces hay que llamar a La Mortaja para que te abran» y «salgo a correr todas las mañanas», defiende con el humor por bandera. Un tratado de una ciudad muy religiosa pero poco espiritual. En materia de nihilismo y guasa, el sevillano carece de rival. «La semiótica del bar de Pepe, el Muerto –que aparecerá en la segunda parte– y su liturgia del taburete». Hasta «las señoras de Móstoles» se están riendo. «El asesino de la regañá», una red de incertidumbres, y guasa, desde el Callejón del Gato. «La vida no es una caja de bombones, la vida es una pavía».