La tarde que asesinaron a Cariñanos

SEVILLA,16-10-2000,- Centenares de personas se agolpan junto al féretro preparado para recibir los restos mortales del coronel médico del Ejército del Aire Antonio Muñoz Cariñano, en la puerta de su consulta en la confluencia de las calles Cañete (arriba izq. donde se lee el nombre del dr. Cariñanos) y Jesús del Gran Poder de Sevilla, donde esta tarde dos presuntos terroristas asesinaron de varios disparos a Muñoz Cariñano en su consulta. EFE/EDUARDO ABAD +IMAGEN DIGITAL+

Foto de Efe. 

La temperatura era «similar», el clima era diferente. Había ambiente de terror callado en las calles. De la peor calaña. Del que deja las vidas pendientes de la fina madeja del azar –el sitio equivocado, la hora equivocada, ante unos hombres equivocados– o al arbitrio de una banda aferrada a ideales engangrenados por la muerte. En resumen, pendientes de «que te toque».

El 16 de octubre de 2000 fue lunes. España logró un histórico doblete en la Dunhill Cup de golf. Freire fue tercero en el Mundial de Ciclismo. Igual que hoy, se conocía el Planeta, y recayó en Maruja Torres. El mal tiempo dejó 59 muertos en las carreteras durante el Puente del Pilar. El asunto vasco acaparaba portadas: «PP y PSOE pactan diez iniciativas para cercar a Ibarreche en la Cámara vasca». «El profesor Portillo se va del País Vasco», rezaba LA RAZÓN. Un lunes más en una Sevilla que ya miraba de reojo al terrorismo, desvirtuada, desvirgada, con las carnes aún abiertas por el asesinato dos años antes del concejal Alberto Jiménez-Becerril y su esposa Ascensión García Ortiz. Hasta que se convirtió en un lunes negro, manchado con sangre, en el calendario nacional y local. El día –la tarde– del último atentado mortal de la banda terrorista ETA en Sevilla.

Dos pistoleros entraron en la consulta del coronel médico Muñoz Cariñanos –un hombre de bisturí, más dado a las gargantas de las tonadilleras que a las armas y la guerra– y lo abatieron a sangre fría, como en las peores escenas de la novela de Truman Capote. La noticia, sin necesidad de Twitter, Facebook o ediciones digitales de periódicos, corrió como la pólvora por las calles. Eran alrededor de las 18:30 horas. Los jóvenes estudiantes de Periodismo, ávidos de actualidad, corrieron desde las clases a la céntrica calle donde sucedieron los hechos, anexa a Jesús del Gran Poder, que ya estaba acordonada. Habían matado a alguien y los asesinos huyeron a pie. La noche cayó de imprevisto. Un bisoño y circunspecto Alfredo Sánchez Monteseirín se acercó a la prensa, junto al cordón policial. «¿Alguna novedad, alcalde?», arrancó Ana Sánchez Ameneiro.

Hacía fresco ya –octubre era y sigue siendo, con permiso del cambio climático– una suerte de primavera sin alergias con rebeca a primera y última hora. A la hora en que comparecía el alcalde, M. Ch. G., uno de los tres agentes que detuvieron a los pistoleros por la Macarena, aún no era consciente de que ese día él también pudo morir. Doce años después, con la intermediación del secretario general del Sindicato Unificado de la Policía (SUP) en Sevilla, Manuel Espino, concede su primera entrevista. «No soy ningún héroe», arranca, sin atisbo de falsa modestia. «Sólo hice mi trabajo». Se jugó la vida y ganó la Medalla Roja al Mérito de la Policía Nacional.

Los agentes estaban «en guardia» porque «sabíamos que en cualquier momento podía pasar». «Era una época muy mala» con el terrorismo. Estaba de servicio por su zona, el Sector Centro, por Santa Cruz, con la misión de «contactar con las comunidades de vecinos y buscar alquileres», apoyando a las motos de proximidad.

«Todo fue muy rápido». Entre «las 18:20 y las 18:30», el 091 dio el aviso. «Al parecer había un muerto» junto a la Alameda. Pensó que los implicados –se desconocía cuántos– no se adentrarían en la ratonera del centro. «Buscarían una salida». Z22 da la alarma. «Estaba por los Perdigones» y «unos sospechosos entraban» por allí.

El coche se pone «a toda pastilla. A la altura de la gasolinera de la Resolana, una anciana que hizo caso omiso a las luces y la sirena casi no lo cuenta. Cogió aire. Bajó el ritmo. Quizás ese interludio sirvió para pensar, para hilvanar una estrategia, para prever. «En lugar de entrar por los Perdigones, entramos por Don Fadrique». «Junto al Hogar San Fernando nos los encontramos de frente», narra M. Ch. G. «Eran dos jóvenes», aparentemente «normales», «a 70 u 80 metros», acalorados, «con prisa». Se echaron la mano al bolsillo. «Las pistolas, las balas». «Ya no había duda. Eran los asesinos de Cariñanos, que abrieron fuego a discreción contra el Peugeot policial. «Nos salvó la distancia». «Era quedarse en el vehículo» y rezar para que una bala no diera en el blanco «o salir y jugártela». «Si digo que pensé algo, es mentira». Instinto. El agente describe a Solana Matarrán como el «más experto» –«estaba preparado para aguantar horas de interrogatorio»– y a su compañero –del que cuentan las crónicas que ante la Policía «se lo hizo encima»– tan bisoño que «se le caía el arma». Uno de los dos fue alcanzado en un brazo por los agentes y se dio a la fuga, con M. Ch. G. pisándole los talones. El tiempo corría denso. Pudo abatirlo pero «no iba a disparar a un hombre desarmado por la espalda, aunque sé que él lo hubiera hecho». Silbó «otra bala» en el punto de partida de la persecución y «se hizo el silencio». «No veía a mi compañero y me di la vuelta». En el suelo, el segundo policía esposaba al pistolero. Solana Matarrán, entre un gentío que le abucheaba y que acudió tras los disparos, «alardeaba» de su condición «de etarra». «El tío hacía gestos». M. Ch. G. le conminó a que no se resistiera al entrar en el patrullero. «Sé que no puedo hacer nada», dijo. «Pues ya sabes», respondió. M. Ch. G., «al llegar a casa», se «desplomó». «No quería hablar con nadie». Al quinto día, para salir de esa dinámica de paranoia justificada, regresó al trabajo. Tenía 49 años. Doce después, reitera: «Sólo hice mi trabajo».

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De móviles requisados, retenciones de periodistas, la juez Alaya y la falta de medios de los juzgados

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La juez Mercedes Alaya. Fotografía de Manuel Olmedo.

La voz de la juez Alaya, como la nariz de Cleopatra VII, es un misterio. A Mercedes Alaya, como a los emperadores de la dinastía Ming, nadie la nombra en los juzgados de Sevilla. En el Prado de San Sebastián, por los pasillos, la llaman «Su Señoría». Los más intrépidos, se atreven con un «doña Mercedes». La innombrable. La jefa de todo. La emperadora de todo. La instructora de las megacausas que tienen en jaque a las que pasan por las dos instituciones con más fieles de Sevilla: el Real Betis Balompié y la Junta de Andalucía. No necesariamente en este orden. Si a Alaya le molesta la presencia de los periodistas enrededor de su juzgado, el juez decano acepta y exilia a la prensa a un banco varias plantas más abajo. La capital de Andalucía, conviene recordarlo, alberga su sede judicial en unos edificios infradotados, sin medios, a la espera de una Ciudad de la Justicia que legislatura a legislatura se promete pero no llega. Los periodistas no tienen ni una sala en la que ejercer la libertad de prensa de una manera digna. Las quejas de la Asociación de la Prensa de Sevilla caen continuadamente en saco roto ante el TSJA. Se da la circunstancia de que el único enchufe que funciona en la planta del juzgado de Alaya está junto a su despacho. La magistrada, tras regalarle al periodista de LA RAZÓN la oportunidad de escuchar su voz –escasas personas, y menos sin imputar, la han escuchado– y mantener una conversación sobre su móvil, que se estaba cargando, cuestionó al redactor si «¿no hay en todo el edificio más enchufes que el que está junto a mi despacho?». Minutos después, la juez apareció con un Guardia Civil que instó al periodista a acompañarle, tras lo que se le «requisó» el teléfono y posteriormente se le «identificó» debido a que «Su Señoría ha dado orden de averiguar si se ha grabado algo». Tras algo más de 30 minutos de retención, en una labor que a los propios agentes de la Guardia Civil les resultaba ingrata e inspeccionar que efectivamente el móvil ni siquiera había sido encendido, el redactor de LA RAZÓN, que en todo momento estuvo apoyado por los compañeros presentes de otros medios, pudo salir de las dependencias policiales del Juzgado de Guardia para continuar con su labor. Una anécdota -o un magnífico homenaje a modo de charlotada en el aniversario del nacimiento de Chaplin- que revela el grado de nerviosismo de doña Mercedes y la presión que sufre. Su Señoría.

“¡A tomar por mundo!”: “Como una ola” recorre el planeta

Vivir en España en tiempos de la crisis y el master en Lazarillo de Tormes que supone el periodismo son ingredientes suficientes para reunir el arrojo, imbuirse del espíritu de Verne, convertirse en Camba con pasaporte y «Visa para un sueño», no esperar a que «llueva café» que cantaba Juan Luis Guerra», y dar la vuelta al mundo como Phileas Fogg, a lomos de un sueño. La terraza Puerto de Cuba de Sevilla acogió ayer la presentación de «¡A tomar por mundo! La vuelta al mundo con 20 euros» (Editorial UOC, Colección Cuadernos Livingstone) de los periodistas María José Morón (Sevilla, 1985) y José Pablo García (El Puerto de Santa María, 1984), con Jesús Vigorra como maestro de ceremonias.

A José Pablo García, con LA RAZÓN de Sevilla recién nacida, le dejó el coche tirado. José Pablo se encargaba de una serie de perfiles para el periódico. Llamó informando del suceso. Antes del cierre del periódico regresó con el perfil de los mecánicos. Si la vida le daba limones, directamente no se hacía limonada sino que aderezaba el gin tonic. De la adversidad, sacaba un tema; como ahora, de la crisis y el paro ha sacado, junto a María José Morón, una experiencia vital de primer orden, un libro y una boda.

José Pablo y María José echaron números (6.000 euros en alquiler, 1.340 en gasolina, la luz, el agua) y entendieron que quedarse esperando el destino, con lo que conlleva, era más caro que recorrer el mundo. Durante nueve meses y 28 países, con una mochila cargada de sueños, emprendieron un viaje vital con fin de partida en una playa de Bali en la que, como Juan Marín a Susana Díaz para la investidura pero con más bagaje, se dieron el «sí, quiero». El presupuesto diario de la aventura fue de 20 euros. La realidad lo elevó a 21 euros. Montoro no lo habría cuadrado tanto. «Nueva Zelanda era muy caro». De Málaga a Londres, Miami, México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, América del Sur (salvo Venezuela), de Argentina a Nueva Zelanda, Fiji, Hong Kong, China, Vietnam, Laos, Camboya, Tailandia, Indonesia, boda en Bali, luna de miel en Japón y Malasia. «Si no nos quieren aquí, tendremos que buscarnos la vida fuera». A la vuelta del viaje, durante el cual no pararon de colaborar con diferentes medios nacionales e internacionales, les esperaban ofertas de trabajo. En su despedida en LA RAZÓN, José Pablo García agarró un micro en un karaoke y cantó «por la más grande». «Como una ola» recorre el mundo. La «movilidad exterior» de Báñez es posible que no fuera exactamente eso. El periodismo, y también la vida, sí que era esto.

Susana Díaz en la zona Cesarini

El periodista Eugenio Danese bautizó los minutos finales en los que el delantero de la Juventus Renato Cesarini acostumbraba a marcar goles decisivos. El proceso de investidura de Susana Díaz, zarina del PSOE andaluz, ha entrado en su propia «zona Cesarini», con el anuncio de la candidata socialista de abordar las negociaciones en primera persona y el órdago de, si no hay acuerdo, convocar elecciones. Susana Díaz, experta en no mover hasta conocer la ubicación y el destino posible de las fichas en el tablero, cuenta con un as en la manga: Ciudadanos, que del 22M a esta parte sólo manejaba el «no» o la abstención en la votación –insuficiente para sacar adelante la Presidencia de Susana Díaz sin el apoyo de otro grupo– ya abre la puerta al «sí».

Según pudo saber LA RAZÓN de Andalucía de fuentes de la formación naranja, la hipótesis sobre la que trabaja C’s para justificar un sí –al que en Andalucía, por otra parte, era proclive su líder Juan Marín, que ya pactó con el PSOE en Sanlúcar–, pasa por «una bajada de impuestos a las pymes y familias andaluzas»; «la firma del pacto anticorrupción»; «la petición por escrito de que se vayan Chaves y Griñán»; y el despliegue del «plan de apoyo al autónomo» del partido de Albert Rivera. Ciudadanos rehuye del «sectarismo» y del «no por el no». Si se dan los anteriores supuestos, la formación de Rivera «podría llegar a plantear un sí» a la investidura de Susana Díaz, bajo el argumento de la adopción del «grueso principal de su programa electoral y por escrito». La cuestión que se plantea en C’s es si Díaz va «a firmar y cumplir lo firmado desde el primer día», algo que ponen en duda porque sería «cambiar muchísimo en tan poco tiempo». Ciudadanos quiere diferenciarse de otros grupos cuyo argumento es «bloquear por bloquear». «C’s no ha venido a romper nada pero sí ha cambiar las cosas de verdad», sostienen fuentes del partido. «¿Si adoptan el grueso de tu programa y se comprometen por escrito a cosas tan importantes como las que planteamos, qué sentido tiene seguir diciendo ‘no’?», señalaron desde Ciudadanos a LA RAZÓN. Con todo, C’s mantiene que «el voto afirmativo es muy, muy, muy complicado porque son muchísimas cosas y muy importantes por escrito».

Susana Díaz ya prometió una bajada de impuestos a las rentas medias y bajas en su discurso de investidura que, como informó LA RAZÓN de Andalucía, supondría un ahorro mensual de 16 euros a las familias beneficiadas (1,5 millones de andaluces con rentas por debajo de 30.000 euros). Gestha estima en 295 millones el impacto de la rebaja del tramo autonómico de 2 a 3,5 puntos. El pacto anticorrupción de C’s no está suponiendo un escollo para el PSOE en aquellos ayuntamientos en los que negocia con la formación naranja. El reglamento del PSOE ya recoge por escrito que en caso de apertura de juicio oral, cualquier aforado debe dimitir. Díaz presentó antes del 22M un plan apoyado por las asociaciones de autónomos.

La exégesis es el arte que interpreta las señales que nos ofrece la realidad. «Si Díaz ha decidido implicarse ahora es porque hay algún avance con alguna otra fuerza», señalaron desde Podemos, que apuntaba al PP. Susana Díaz necesita una mayoría simple, es decir, más votos positivos que negativos para ser investida, con lo que le valdría con la abstención del PP o de Podemos más C’s El «sí» de C’s deja en segundo plano la decisión de las otras fuerzas, que, previsiblemente, usarían el hipotético apoyo de la fuerza de Rivera al PSOE «de los ERE y el fraude en la formación» o «la casta», para desgastar a una fuerza que crece CIS a CIS. Según un estudio de la Universidad de Oxford, el enamoramiento tiene un precio: la pérdida de dos amigos cercanos. En este caso, dos fuerzas de la oposición más IU, con cinco ediles, a la sazón, comparsa esta legislatura. El PSOE, en cualquier caso, buscará hasta el final la abstención del resto para ganar legitimidad.

En C’s, sin citar a Hegel: «La memoria es la horca de la que cuelgan estrangulados los dioses griegos. La memoria es el sepulcro, el depósito de lo muerto», no barajan exigir la entrada en el Gobierno andaluz. También los griegos ataban a un hombre a un cadáver para que se pudrieran juntos. Rivera no quiere que parezca que se ata al PSOE –ni al PP en Madrid–, de ahí que tras el discurso de investidura de Susana Díaz frenara la querencia de Juan Marín por la conciliación. Más de dos meses después del 22M, C’s se podrá presentar como una fuerza responsable y vigilante en Andalucía y, a la espera de que pierda gas el radicalismo, abanderada del centrismo.

Sevilla 8 de mayo de 2015 Rueda de prensa de Albert Rivera, Juan Marin y Javier Millan, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo

Albert Rivera, Juan Marín y Javier Millán, de Ciudadanos. Foto de Manuel Olmedo.