El juez Serrano y el sexo de los ángeles

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Serrano, última barrera en la negociación de PP y Cs para la investidura. Foto: Manuel Olmedo

Al juez Serrano ya se le conoce como el sherpa porque por un módico precio te lleva a la cima en la negociación para la investidura de la XI Legislatura. El juez Serrano –nota mental: se escribe juez pero se lee “abogado especializado en asuntos de familia pero magistrado en excedencia tras ser readmitido por el CGPJ en ejecución de la sentencia del Tribunal Supremo que ordenó su rehabilitación una vez cumplida la condena a dos años de inhabilitación especial para cargo público que le impuso el TSJA como autor de un delito de prevaricación judicial por alargar las vacaciones de un niño con su padre, sin consultar a su madre, para que pudiese salir en una procesión de Semana Santa-, como decimos, el abogado-magistrado no admitirá un ninguneo y quiere participar en las negociaciones e influir en el pacto de investidura. «Vox y voto». Abascal reiteró que no serán «obstáculo para un cambio político en Andalucía» pero «tampoco seremos una alfombra para la continuidad del socialismo con otras siglas». El pacto ignífugo que plantea Ciudadanos –alcanzar un acuerdo con PP y que sean los populares los que, llegado el caso, negocien con el partido de Abascal y Serrano para no quemarse de cara a próximas citas electorales– se ha topado no sólo con la terca realidad de los más de 400.000 votos y doce escaños que contemplan al quinto elemento del Parlamento andaluz sino con los propios principios básicos de la aritmética. PP y Cs necesitan, como mínimo, el voto de cuatro diputados de Vox en segunda votación y para la composición de la Mesa del Parlamento su apoyo a una propuesta que, de entrada, contempla cuatro miembros para populares y naranjas quedando solo tres libres para otras tantas fuerzas pero con la problemática añadida de que al PSOE, por proporcionalidad en el resultado electoral –ganó los comicios, aunque sin opciones de sumar mayoría– le corresponderían tres. Vistos los precedentes de la pasada legislatura, cuando el PSOE acabó presidiendo el Parlamento y hasta la comisión de investigación sobre sus propias y presuntas irregularidades en la Faffe (poca cosa, el gasto de miles de euros en alternes, por ejemplo),  en las principales casas de apuestas ya sostienen que los socialistas acabarán con la mayoría de puestos de la Mesa del Parlamento.

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Gran Pepón (Jurado) de las pequeñas cosas

Al principio fue Pepón, después, quizás, vino la palabra. Pero antes de todo eso, seguro, fue la música. Un poco de blues. Una marcha de Semana Santa. Un soul. Lo demás fue una derivada en un cruce de caminos como el que, dicen, engendró a Robert Johnson.

Pepón no era un hombre, es una cátedra de vida. “Soul man” con cigarrillos Celtas en el bolsillo de una camisa de formas imposibles. No es que Pepón fuera retro, es que, como los grandes clásicos, era atemporal. Un Expediente-X al que aferrarse gravitando por quién sabe qué constelación. Casi dos metros de tío dotado con la empatía rudimentaria de nuestros primos los macacos, que se dice pronto, en una jungla de asfalto y ojana; y con “la intelijensia de saber el nombre esacto de las cosas”, que ya quisiera Juan Ramón. Grande y vetusto como una farola fernandina que alumbrara con luz de gas. Tan intrahistoria es Pepón que al final se coló en la Historia. En la de Sevilla, en la de la prensa de Sevilla. Eso a él le importaba el carajo la vela. A él, tan grande y tan chico a la vez, lo que de verdad le importaba era nuestra historia, que era intra(historia) y era entre todos nosotros. Sigue leyendo

La tarde que asesinaron a Cariñanos

SEVILLA,16-10-2000,- Centenares de personas se agolpan junto al féretro preparado para recibir los restos mortales del coronel médico del Ejército del Aire Antonio Muñoz Cariñano, en la puerta de su consulta en la confluencia de las calles Cañete (arriba izq. donde se lee el nombre del dr. Cariñanos) y Jesús del Gran Poder de Sevilla, donde esta tarde dos presuntos terroristas asesinaron de varios disparos a Muñoz Cariñano en su consulta. EFE/EDUARDO ABAD +IMAGEN DIGITAL+

Foto de Efe.

La temperatura era «similar», el clima era diferente. Había ambiente de terror callado en las calles. De la peor calaña. Del que deja las vidas pendientes de la fina madeja del azar –el sitio equivocado, la hora equivocada, ante unos hombres equivocados– o al arbitrio de una banda aferrada a ideales engangrenados por la muerte. En resumen, pendientes de «que te toque».

El 16 de octubre de 2000 fue lunes. España logró un histórico doblete en la Dunhill Cup de golf. Freire fue tercero en el Mundial de Ciclismo. Igual que hoy, se conocía el Planeta, y recayó en Maruja Torres. El mal tiempo dejó 59 muertos en las carreteras durante el Puente del Pilar. El asunto vasco acaparaba portadas: «PP y PSOE pactan diez iniciativas para cercar a Ibarreche en la Cámara vasca». «El profesor Portillo se va del País Vasco», rezaba LA RAZÓN. Un lunes más en una Sevilla que ya miraba de reojo al terrorismo, desvirtuada, desvirgada, con las carnes aún abiertas por el asesinato dos años antes del concejal Alberto Jiménez-Becerril y su esposa Ascensión García Ortiz. Hasta que se convirtió en un lunes negro, manchado con sangre, en el calendario nacional y local. El día –la tarde– del último atentado mortal de la banda terrorista ETA en Sevilla. Sigue leyendo

“El abrazo de Paco Gandía y Silvio”

«Conspiración en El Tremendo». «Asesinato en la Macarena». Un thriller (en tres partes: “El asesino de la regañá”, “El crimen del palodú”, “El prisionero de Sevilla Este” y un extra: “El misterio del perro, la mermelada y el cantante”) con aroma a adobo de Blanco Cerrillo. Juego de luces y sombras en el Garlochí, con saeta de fondo. Dice la ciencia que los elefantes pueden reconocerse ante el espejo. Se estudia si el sevillano sabe reconocerse fuera del reflejo de las fiestas de la primavera. Guste o no. Y si no gusta, «Matalascañas está a una hora». Ombliguismo. Nepotismo. «Un color especial». Narciso ante su imagen en el Guadalquivir. El tiempo detenido. Algo que no se puede explicar. El «miarmismo», corriente filosófica. «Muerte o montaditos», así empezó todo. Los Cantores de Híspalis son los Beatles de la ciudad. «La Junta de Gobierno de la Macarena manda más que el Club Bilderberg». «Sevilla es el abrazo de Silvio y Paco Gandía».

Julio Muñoz Gijón (Bami, Distrito Sur, 1981) pudiera pasar por moderno rancio pero no por rancio modernito, ni siquiera cuando era delegado en la Facultad ni cuando Antonio Burgos le citó sin saberlo –éxtasis del «enterismo»– a cuenta de una carta a su hermano Diego en la que explicaba por qué uno es del Betis. Hace tres ediciones de «El asesino de la regañá» se quitó el antifaz y puso rostro al «Roberto Saviano de la calle Feria». Rancio Sevillano, el autor del libro «que Sevilla no quiere que leas». Y, por más que le canse, el periodista al que se le cayó en lo alto el campanario de Lorca en pleno terremoto. Un Tintín con el alma grávida de Haddock, catalizador de aventuras, a ser posible sin cruzar allende Sevilla Este –«o Córdoba Oeste»– o –«¿a cinco minutos?»– el Aljarafe.

Sevilla, potencia mundial en la dualidad pasional –cainismo, le llaman por ahí–, en el arte de la bulla en la Campana y el milagro de multiplicar el espacio en la caseta. «Universo bipolar», donde «hay quien parece en posesión de monedas de sevillanía». «Yo sé cuántas veces hay que llamar a La Mortaja para que te abran» y «salgo a correr todas las mañanas», defiende con el humor por bandera. Un tratado de una ciudad muy religiosa pero poco espiritual. En materia de nihilismo y guasa, el sevillano carece de rival. «La semiótica del bar de Pepe, el Muerto –que aparecerá en la segunda parte– y su liturgia del taburete». Hasta «las señoras de Móstoles» se están riendo. «El asesino de la regañá», una red de incertidumbres, y guasa, desde el Callejón del Gato. «La vida no es una caja de bombones, la vida es una pavía».