“Siete crisantemos” junto al Palacio de San Telmo

A los mitos sólo los juzga el tiempo. A Joaquín Sabina, Hijo Predilecto de madre putativa, jiennense de Madrid, madrileño de Úbeda,  lo llamó «Susana», «la tarde de febrero» que cumplió «67 tacos». «Presidenta, le dije, no me tiente, con medallas impropias de un gualtrapa, aunque si es de mi tierra y de mi gente será un honor lucirla en la solapa», recitó con  mucho arte, escasa voz y calaveras en los calcetines. «Alguna vez he dado más de lo que tengo, me han dado alguna vez más de lo que doy», cantó una vez Sabina, que sabe que «en Las Ventas se trabaja y en La Maestranza se  torea». Sabina llegó a Sevilla, recitó unos versos y cogió el AVE de vuelta a Madrid. Tiempo justo para los abrazos de Susana Díaz y selfis varios, entre ellos con el consejero de Medio Ambiente, José Fiscal, que confesaba que «Sabina ha sido siempre predilecto para mí. Desde hoy es Hijo Predilecto de toda Andalucía». Sigue leyendo

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Susana Díaz en la zona Cesarini

El periodista Eugenio Danese bautizó los minutos finales en los que el delantero de la Juventus Renato Cesarini acostumbraba a marcar goles decisivos. El proceso de investidura de Susana Díaz, zarina del PSOE andaluz, ha entrado en su propia «zona Cesarini», con el anuncio de la candidata socialista de abordar las negociaciones en primera persona y el órdago de, si no hay acuerdo, convocar elecciones. Susana Díaz, experta en no mover hasta conocer la ubicación y el destino posible de las fichas en el tablero, cuenta con un as en la manga: Ciudadanos, que del 22M a esta parte sólo manejaba el «no» o la abstención en la votación –insuficiente para sacar adelante la Presidencia de Susana Díaz sin el apoyo de otro grupo– ya abre la puerta al «sí». Sigue leyendo

Joyce brinda con Murphy en el Real

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La Feria de los 18 años de la Expo -en la que Curro, el pájaro-mascota, se hizo mayor de edad- sobrepasó su ecuador en pleno alegato a la ley de Murphy y homenaje al factor 15%, que eran las probabilidades de lluvia. Como en el Real casi nada es lo que parece, si hay alerta amarilla, caen cuatro gotas. Si se anuncia sol, amanece con chuzos de punta y el sol juega al escondite entre las nubes, pero deja 25 grados a la sombra dando razón a quien reivindica la apócrifa calle de Morenito de Maracay.

Del día de la Tierra se pasó al día del libro. Y como aquí casi nada es lo que parece, en el Real la tierra es albero de Alcalá de Guadaíra y se sabe que llamar Tierra a un planeta con tres cuartas partes de agua es como ascender a vino al rebujito, con tres cuartas partes de refresco. Por la misma regla de tres o sevillana de cuatro partes, la fiesta del libro se vivió como el día del «como libro mañana, hoy también me he pasado por la caseta». El autor más citado fue James Joyce: «¿Eres abstemio total? No tomo nada entre bebidas». Viaje lisérgico en el Real.

Desde hoy, las gentes de allende la capital toman la Feria y el AVE –que también cumple años y 50 millones de viajeros– se convierte en una avenida de Madrid que desemboca en Los Remedios, previa parada en Santa Justa. Castellana, bocacalle de Asunción.

Murphy, más allá del axioma de la tostada que cae por el lado del jamón y el aceite –note la Junta de Andalucía la defensa de los productos autóctonos; para la publicidad, contactar con Mario Duvisón–, podría empadronarse en Sevilla. Habrá quien hable de ombliguismo, pero que explique, si no, cómo es posible que el año en que una réplica del monoplano de Louis Bériot que hace un siglo salió de Tablada preside la portada, una gran nube negra cierre los cielos; al punto que en Ignacio Sánchez Mejías 101, «a las cinco de la tarde», recordaban cómo –en palabras de Pablo Cao, cuatros años, de corto y armado con un Magnum de chocolate blanco en una mano y un pompero en la otra– la noche de «la fiesta del ‘pescao’» una islandesa salió bautizada como «la niña del volcán». La susodicha tiene más de 60 primaveras y su marido se llama algo así como Marrinson, pero allí –una de guasa sevillana; marchando– le llaman «Mariconson». El tipo, como ni entiende nada ni falta que le hace, sonríe.

La caseta del «Centroban» se compone de empleados del antiguo Central, del Hispano y el Santander. Preludio ferial de las fusiones. Cuando Manolo Cao entró en el banco «en el 63, la caseta ya existía» y la montaban ellos mismos. De ahí proceden letristas como Manolo Garrido – «Las sevillanas del adiós»– y Manuel García Gutiérrez, que enseñó a la mamá de Pablo, Sale, a bailar sevillanas y componía a «Los Giraldillos». Dori Barrantes, la abuela de Pablo, compone con maestría los trajes a sus hijas: Rocío y María Ángeles; y a María del Mar, la novia de su hijo José María. Falta Manuel, pero está Dani, que viene de Oviedo cada año para la Feria, aunque sus amigos asturianos, cuando se acercan a las mujeres, se queden mirando la flor y se pierdan lo mejor de la gitana. La sensualidad hecha lunar. «Se ve que en Oviedo no hay Feria». En Córdoba sí, por eso Inma Guil Luna recuerda por teléfono, desde el trabajo: «Ponte guapetona y no vayas a olvidar la flor». «Sombra aquí, sombra allá» ante el espejo, y a la Feria.

Dice la ciencia que los elefantes pueden reconocerse a sí mismos ante el espejo. Los sevillanos no saben reconocerse fuera del espejo de las Fiestas de la Primavera. Ombliguismo. Nepotismo. «Sevilla tiene un color especial». Narciso ante su reflejo en el río. El tiempo detenido en esta ciudad vieja y cínica, arrogante, intacta, etérea. Igual que una pompa de jabón que permanece en la memoria como una niñez perdida y mañana estalla.