El mirlo blanco de la sucesión frustrada

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María Jesús Montero. Fotografía de Manuel Olmedo.

Cuando Ana Oramas tiró de «las Tres Mil Viviendas» despertó la ira de Capuleto que habita en Montero, política de corte siciliano, como traída de una película de Visconti. La respuesta de la ministra fue impecable: «Su discurso divide, estigmatiza y enfrenta, parece que se ha contagiado de las derechas». El PSOE perdió la posibilidad de aprobar el Presupuesto pero ganó el debate. Y Madrid puso el foco en Montero, una política tan de los detalles, donde dice la sabiduría popular que mora el diablo. Sigue leyendo

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“Adopta un reportero”: retazos de una especie en peligro de extinción

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El tatuaje de la Leica M3 del 62 de su abuelo, en la diestra, le delata y esconde en tinta el cruel recuerdo de «la felicidad» hecha cámara. Un vestigio del pasado. Cualquier tiempo pasado fue anterior pero no necesariamente mejor («que también»). Un tratado del oficio de mirar y ver. De detener el tiempo en un mundo que no para. La contradicción de una foto. La antigua alquimia de encerrarse en un cuarto oscuro y parir la luz. Un proceso, un parto, ahora reducido al duelo frente a la pantalla de retina de un ordenador. «Lo único que nos separa de la muerte es el tiempo», decía Hemingway. Lo único que detiene el tiempo es una fotografía. El retrato de un instante enmarcado en una ilusión de eternidad.

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Le llaman Manuel, se apellida Olmedo

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Dice que se llama Manuel y que se apellida Olmedo. Pero, sabiendo que el tipo ha sido detective y le han puesto una ‘pipa’ en la sien, es mejor ponerlo en cuarentena. Pertenece a esa rara estirpe de periodistas –fotoperiodista, en su caso- que vive la cotidianidad como algo extraordinario. Para Olmedo, el barrio de los Pajaritos es como la franja de Gaza y subir la Cuesta del Rosario es como escalar el K-2. Tiene alma de Quijote y talante de Sancho, lo que viene a ser lo mismo que decir que es un loco cuerdo o un cuerdo loco. Nuestro Morenatti, que en los altares está, tiene mérito, pero no más que Manolo Olmedo, que el Ruso, que Acedo, que el Gómez y tantos foteros que se la juegan a diario, lo mismo da que sea empotrados en un camión de los Estados Juntitos de América que en una redada en las Tres Mil o sacándole el plano bueno al concejal de turno, algo, a veces, poco menos que imposible. El espíritu es el mismo, sólo cambian las circunstancias. Las circunstancias de Olmedo son sus hijos, que son su vida. No hay sesión de fotos que no comente que su niño tiene un examen o que una de sus niñas está resfriada. Tampoco hay foto que se le resista. Proviene de un linaje de foteros y por sus venas corre el alma de su abuela, de la que siempre lleva una foto de los tiempos de los hermanos Lumière. Los hay igual de artistas que él; más profesionales no los hay. Si los hay, yo no los he visto. Olmedo trabaja lo imposible. El plano desde la planta 15 de un piso; el balcón frente al sitio donde se ha cometido un asesinato; el interior de la sotana del cura. Si hay una cena de Navidad, ahí está el tío sacando fotos. Si está en su balcón conversando con su loro, ahí está el tío fotografiando a unos mangantes que roban cobre de las cocheras del metro. Hace unos años, su loro –tan célebre en su barrio que están pensando cambiar el nombre de Cerro del Águila por el de Cerro del Loro de Olmedo-, le salvó la vida en un escape de gas. El bicho se desmayó y ésa fue la alarma para el incidente. Yo creo que no fue un accidente, sino alguna venganza de su época de detective privado, de antes de ser Tintín, de cuando jugaba a Mortadelo sin Filemón. A los malos, no les gustan los buenos. A los plumillas –que no somos ni buenos ni malos, sino todo lo contrario-, nos podrá gustar más o menos Olmedo, pero todos, da igual el medio en que trabajemos, coincidimos en que lo queremos; en que es un lujo poder llamarlo compañero; y en que su loro debería tener un monumento al lado del de Cayetana de Alba. El honor y los fastos serían para la duquesa, como pasa con las noticias, que toda la gloria se la queda el plumilla. Pero el monumento a la sangre de verdad noble sería el del fotero-aventurero Olmedo, con su loro y su cámara. PD: Hoy es su cumpleaños. Felicidad(es) y salud.

“Como un horno en verano, como un frigorífico en invierno”

Sevilla 31-07-08 El calor en el Vacie Foto: Manuel Olmedo

Foto de Manuel Olmedo.

Cuando el reloj en la Campana marca las 19:00 horas, en El Vacie son las 17:30 de hace medio siglo. Cuando a Los Remedios llega el siglo XXI en metro, en el asentamiento hispalense se vive la posguerra. Y cuando el termómetro marca 39 grados en Heliópolis, se comprende que la verdadera Ciudad del Sol está un poco más allá del cementerio de San Fernando, entre Pino Montano, San Jacinto y la nada. La nada despreciable temperatura de 47 grados. Sigue leyendo

De la semiótica, la guasa y la investidura de Susana Díaz (o “la’vangelio, según la cámara de Manuel Olmedo)

Sevilla es una ciudad “puntera” en la semiótica. De la Semana Santa a la Feria de Abril o la semiótica del bar de Pepe el Muerto, destapada por Julio Muñoz Gijón, alias @rancio, el periodista con epicentro en Bami y que escapó del ataque de un campanario murciano en pleno terremoto lorqueño. Como le contó a Paco Camero y a servidor. La “liturgia del taburete”: “Sólo se lo da a tres personas; sólo tres lo pueden tener, y el nota que ha estado sentado, cuando se va, le devuelve el taburete, que ahí cualquiera no se puede sentar. No es el único código secreto. Ese sitio es pura semiótica”. Sevilla puede que tenga un color especial, que compuso César Cadaval, el Moranco bajito -en verdad, no es tan chico; es que Jorge Cadaval es más alto-; lo que es seguro es que Sevilla tiene mucha semiótica. Tanta, que a centenares de licenciados en Periodismo en vez de Periodismo nos enseñaron semiología y “comunicología”. Un recuerdo para el emisor, el receptor y allegados. Mensaje, código, canal, contexto (y desempleo o empleo precario). Ferdinand de Saussaure, Loius Hjelmslev, Roman Jakobson y Ludwig Wittgenstein. La delantera estuca de la Linguïstica. Lo que también tiene de sobra Sevilla es mucha guasa. Susana Díaz es de Triana, aunque en el señero barrio en los últimos años la fuerza más votada es el PP. Paradojas de la vida y de la política. Como es residente en el Tardón, no es tan raro que la investidura de Susana Díaz haya acabado en salve rociera más de 80 días después de la elecciones del 22M. Phileas Fogg tardó menos en dar la vuelta al mundo. Susana Díaz va sobradita también de semiótica. Y de guasa. Pedro Sánchez se llevó todas su vocales a comer con Pablo Iglesias. En Andalucía, la líder de Podemos no se merece ni un beso, no se vaya a pegar algo, oiga. El “abrazo cariñoso” será el método por el cual el PSOE va a dejar sin escaños a C’s. Que le pregunten a Maíllo. Diego Valderas y Marín pueden compartir algo más que pelazo. Busquen las siete diferencias entre la serie de Susana Díaz con el “tito” Juan Marín y con Teresa Rodríguez. Habemus investidura. Cuando Manuel Olmedo hace ‘clic’ en la cámara, retrata el evangelio.

Recibimiento a Juan Marín:

Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Juan Marin, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Juan Marin, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Juan Marin, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Juan Marin, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Juan Marin, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Juan Marin, de Ciudadanos Foto: Manuel Olmedo

Recibimiento a Teresa Rodríguez:
Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Teresa Rodriguez, de Podemos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Teresa Rodriguez, de Podemos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Teresa Rodriguez, de Podemos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Teresa Rodriguez, de Podemos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Teresa Rodriguez, de Podemos Foto: Manuel Olmedo Sevilla 09-06-2015 Susana Diaz, recibe a Teresa Rodriguez, de Podemos Foto: Manuel Olmedo

Un catarro invernal y 116 primaveras

La abuela del Vacie, cedida por Manuel Olmedo: http://manuelolmedofotografo.blogspot.com.es/

La abuela del Vacie, cedida por Manuel Olmedo: http://manuelolmedofotografo.blogspot.com.es/

María Díaz Cortés hace tiempo que no lleva los años, sino que los años la llevan a ella. Cuando nació en Granada el 4 de enero de 1892 no existían las cámaras que ahora la filman y la sacan en la televisión. Filipinas y Cuba ondeaban bandera española. «Más se perdió en Cuba», que el número diez de la calle A del asentamiento chabolista más antiguo de España –una casa prefabricada sin agua caliente – no tiene pérdida, aunque la administración no halle salida.

La Asociación Pro Derechos Humanos denunció ayer la «enorme insensibilidad» y la «falta de humanidad» del Consistorio ante la «grave situación de violación de los derechos fundamentales» de la familia de María, vecina del Vacie desde hace casi cuatro décadas. Entonces, llegó de Triana, entonando el himno oficioso de la raza calé, el Gelem Gelem: «Anduve, anduve por largos caminos. Encontré afortunados romaní. Ay, ¿de dónde venís con las tiendas y los niños hambrientos?».

La solución que Bienestar Social ofrece a la mujer más vieja del país –en otros tiempos gitanita «cestera», según reza su DNI; ahora, abuela, bisabuela y tatarabuela, con 300 euros de paga para sobrevivir– es el asilo, una opción considerada por la etnia gitana como poco menos que un sacrilegio. «El asilo es la muerte de la abuela», argumenta Dolores Martín Díaz, de 72 años, la quinta y última hija, que solicita «una vivienda digna» para el final de los días de María.

«Las casas del Vacie son como frigoríficos», cuenta Ángel Montoya, portavoz del asentamiento. Según Montoya, en el barrio habitan, al menos, cuatro o cinco personas que rondan los 100 años. «Cocoon» en el sur del sur de España. El secreto de la vida eterna en el poblado más pobre del octavo país más rico del mundo. Como si ese cúmulo de alternativas casuísticas al que algunos llaman destino otorgase a los más viejos del lugar el derecho a pedirle excedencia a la muerte, por vivir en un submundo escondido detrás de las paredes del cementerio de San Fernando. «En verano, el calor es insoportable. En invierno, el frío se mete en los huesos», narra Dolores. «Mona, Mona, tápame», dice María a Dolores cada noche. Así anda, resfriada.

El cuarto de la anciana tiene una grieta por donde entra el frío de la calle y la estancia apenas suma cuatro metros cuadrados. Desde la ventana, el único horizonte es la pobreza. Escasez en la calle A. Miseria en la B. Delincuencia y droga dos calles más allá. Y niños que creen que los Reyes vienen «de la basura», porque de ahí recogen los juguetes.

María Díaz Cortés celebró su centésimo decimosexto cumpleaños en compañía de María, Magdalena, Dolores, Juan y Diego. Su hija, dos nietas y dos bisnietos. Sus apóstoles cotidianos. Desayunó doble ración de galletas, aunque le trajeron dos tartas, además de la que motivaba la convocatoria-protesta de Pro Derechos.

La oposición del Ayuntamiento le trajo un juego de sábanas y un edredón. La delegada de Bienestar Social, Ana Gómez, dejó un mensaje a Efe: «A finales de noviembre, los técnicos presentaron un informe ante Otainsa para poder otorgar una vivienda». Stop. «La anciana tiene la posibilidad de acceder a una residencia, pero la familia se niega». Stop. «Las casas no se otorgan con una varita». Stop. «La familia llegó al Vacie en 1996, y se ha beneficiado de muchas ayudas». Calle sin salida.

Ajena a la política, María descansa en su cama. Comenta a su nieta que «claro», que se acuerda de las niñas de Amparo y riñe a Manolo Olmedo, el fotógrafo que apunta con un aparato que jamás imaginó de niña a unos ojos que han visto, con el de hoy, 42.370 soles y que parecen comprender por qué el reloj de la estancia que hace de comedor anda parado a las 15:40 horas y por qué sus zapatillas chocan contra una de sus cuatro paredes, como mostrando el «largo camino» al que ir «con las tiendas y los niños hambrientos» en busca de un lugar mejor, donde, al menos, haya agua caliente.

“¿Dónde vas, Adolfo Ponce?” o de cómo el soldado Bonilla se convirtió en Juanma Moreno

Título: “Paseo por Sevilla de Juanma Moreno, Juan Bueno y Virginia Pérez”. Autor: Manuel Olmedo.

La instantánea fue tomada la mañana previa al debate a tres en Canal Sur. Entonces, el hombre que, de entrada, pidió que le llamaran Juanma aún era, incluso para los suyos, el candidato Bonilla. El “soldado Bonilla”, según el PSOE, al que Mariano Rajoy visita en Andalucía todas las semanas desde que se anunció el adelanto electoral, igual que las madres llenan a sus hijos las neveras de tuppers, “que no me comes nada”, “ay, qué sufrimiento”.

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