Me colé en una fiesta (no puedo vivir sin ti)

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Yo llegué tarde. A este oficio que se extingue y a esta raza de intemperies que es el periodismo. Me colé en la fiesta, en el oficio – preguntándome mil y una veces “qué carajo hago aquí, con lo tranquilo que estaría si le hubiera hecho caso a mi madre y hubiera estudiado magisterio”- y me colé en el “diario que siempre has querido”. El mismo periódico que al que más y al que menos no le devolvió el cariño que le profesó. Quizás, por eso, lo queremos tanto. Y porque, el que más y el que menos, literalmente, lo ha parido de las entrañas, que es donde decían los griegos que está el alma. (Para las cuentas, los números y los contratos, están los buitres con sus largos apellidos y sus cortas miras, ésos que poco o nada saben del cariño y la pasión y subsisten con sucedáneos). Cuando llegamos, llevábamos los años. Ahora, los años nos llevan a nosotros. Al que más y al que menos. Esperando, en palabras de Santa Teresa, “una muerte tan escondida que no te sienta morir”, con la frase, que es oración, de Ernesto Hemingway tatuada en el brazo izquierdo: “El periodismo es la profesión más bonita del mundo… si se deja a tiempo”. Y ahí seguimos. El que más y el que menos. Con dos cojones. Sigue leyendo