Podemos ad portas

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Íñigo Errejón, en “las setas” de la Encarnación. Por Kiko Hurtado.

La energía potencial de la gravedad no detiene su funcionamiento, como los países con Gobiernos en funciones; la arena no deja de caer en el reloj y el calendario dibuja siete días y seis noches hasta el 26J. La última semana de campaña, aderezada con la estimación de voto del CIS, pesa en el ambiente. Los ataques del PSOE a Podemos van in crescendo. Los morados continúan susurrando aquello de «Pedro, yo no soy tu enemigo». El PP se agarra al voto útil. En Ciudadanos emulan a las tropas del General Santana, «los que tocaban a degüello» con la mira puesta en Rajoy. Socialistas y naranjas han elevado su acuerdo (de intento) de Gobierno a pacto de no agresión. El término «ocasión» proviene del latín «occasio», que significa «oportunidad». Andalucía pasa por el destino final, 61 escaños en liza. Entre la ocasión de unos partidos, la brontofobia y el ocaso de otros.

La jornada de campaña amaneció cargada de efemérides. Un 18 de junio de 1815 Napoleón fue derrotado definitivamente en la batalla de Waterloo. El PSOE tiene en Andalucía su particular Santa Elena, refugio o exilio. Susana Díaz volvió a llamar a la socialdemocracia a no «dejarse arrastrar por el populismo» y a consolidar su «cambio progresista», rechazando los «saltos en el vacío». «Hace falta de nuevo volver a levantar el puño, la rosa, el PSOE, para darle a España oportunidades, a millones de hombres y mujeres que en cuatro años y medio lo han perdido todo», señaló desde Torremolinos (Málaga) ante un auditorio Príncipe de Asturias lleno. Díaz reivindicó lo que significa «el PSOE de siempre», aludiendo a los «momentos decisivos» con Felipe González y Rodríguez Zapatero. «Urge quitar a Rajoy», señaló, sin olvidar a «ese otro por el que ahora tenemos que ir a elecciones, que dice que es socialista y que se ha enamorado de Zapatero», en referencia a Pablo Iglesias. «Para mí no es de fiar, porque si yo quisiese vender Coca-Cola y dijese que me encanta el sabor de la Coca-Cola, pero os pido que bebáis Pepsi, pues estoy engañando a los dos», señaló. «El señor Iglesias puede reivindicar ser socialista, puede querer decidir en nuestro partido, pero si verdaderamente quiere ser socialista, el que es verdaderamente socialista vota al PSOE». «Ni quiero aquel que no quiere reformar nada porque significa más sufrimiento ni quiero al otro que lo quiere cambiar todo porque dice que nada de lo que se ha hecho en España desde la Transición merece la pena», insistió. «Hay que quitar de un lado al indolente, al profundamente mentiroso; pero sobre todo a ese Rajoy insensible que no le duele nada, no le duele ver cómo tiene el país», arremetió. «No quiero hacer la revolución, quiero hacer reformas y que la gente viva mejor», señaló, para remarcar que no quiere «el camino del odio ni del rencor» citando, «orgullosa de pertenecer a la escuela de la vieja socialdemocracia», a Anguita y sus herederos.

Tal día como ayer, de 1178, en Canterbury (Inglaterra) cinco monjes divisaron en la Luna la colisión de un meteorito que formó el cráter ahora llamado Giordano Bruno. También, en 1429 Juana de Arco venció al ejército inglés en la Batalla de Patay. Desde Cádiz, Juanma Moreno subrayó la importancia del voto realmente «útil». Antes de las elecciones del 20D, Aznar recomendó no polarizar la campaña, ante la hipotética necesidad de un PSOE derrotado pero no en ruinas. El PP tiene otra estrategia. El presidente del PP-A pidió «el voto directo al PP», ya que el «único voto útil» que sirva de «dique de contención de las políticas extremistas y populistas». Moreno recordó que «en un alarde de sinceridad» Ciudadanos ha dicho que «no va a apoyar al PP y Rajoy en ninguna circunstancia». Esto es, el pacto con el PSOE «sigue vigente» y el voto a la formación naranja es «un voto indirecto al PSOE» y, por tanto, «un voto intrascendentes, que no es útil». Moreno alertó también del hecho de que algunos dirigentes del PSOE estén «ya diciendo abiertamente que apuestan por un acuerdo con Podemos», advirtiendo a los «moderados del PSOE» de que «su voto puede derivar en llevar a Pablo Iglesias a la Moncloa». «El voto indirecto no vale. Sólo hay un voto claro, útil y nítido, que es el voto a Mariano Rajoy», subrayó Juanma Moreno.

Un 18 de junio de 2010 murió Saramago, autor de cabecera en Podemos, autor de «El Evangelio según Jesucristo» y el «Ensayo sobre la ceguera». Desde unas abarrotadas «setas» de la Encarnación, epicentro del 15M en Sevilla, el secretario político de Podemos y candidato al Congreso por Madrid de Unidos Podemos, Íñigo Errejón, insistió en la estrategia de cortejo socialista y señaló que el 26J «es una final en la que se está jugando la soberanía de España contra la soberanía de Panamá». Errejón, que comparte lista con comunistas añejos como Monereo o anarcosindicalistas como Cañamero, llamó a decidir entre «pasado y futuro». Errejón insistió en que en Andalucía se juega el «desempate» y volvió a tender la mano al PSOE, al que «vamos a necesitar» en el Gobierno del «cambio». «Algunos dirigentes del PSOE se han manifestado en este sentido, a otros les cuesta y no quieren decidir de qué lado caerá la moneda», señaló, alabando la «generosidad» del ex presidente Zapatero por su «tono». El dirigente que no supo ver la crisis y después la negó, según el cerebro político de Podemos, «quizás esté entendiendo mejor el momento histórico y la encrucijada». La secretaria general de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, defendió que «Andalucía no se usa como piedra arrojadiza ni se construye contra nadie». «Nos ha dolido en el corazón ver a dos ex presidentes de la Junta caminito de los banquillos», susurró ayer la diputada que en el Parlamento gritó al PSOE que «el cortijo apesta». Cuando Aníbal Barca estaba «ad portas» de Roma desoyó a su lugarteniente Mahárbal y no arrasó la cuna del imperio. Decidió aislar Roma y desplegar una intensa labor diplomática. Errejón solicitó ayer a Susana Díaz que «no se equivoque de adversario» y señaló que «para defender a Andalucía hay que sacar al PP».

Tal día como ayer de 1942 nació Paul McCartney, uno de los dos cantautores, en definición de Sabina, de los Beatles. Ciudadanos llevó su «banda de rock», en descripción de Juan Marín, al Muelle de la Sal de Sevilla. Entrada discreta bajo el Puente de Triana. Abrió el acto Virginia Millán Salmerón, más hecha sobre el escenario que en la anterior campaña. De producirse unas terceras elecciones, la candidata de C’s por Sevilla igual puede romper en diputada. A la telonera siguió Juan Marín, con vocación de Ringo Starr, compartiendo méritos en el logro electoral y electoralista de la reforma del impuesto de Sucesiones. «Decían que era imposible», insistió. «Sigan ustedes viendo cómo lo hacemos nosotros», «recojan firmas» para «ponerse la medalla» del próximo logro, dijo en referencia a los populares andaluces. «Las encuestas siempre se equivocan con nosotros», aseguró para presentar a un presidente «con las manos limpias, honesto y con un proyecto claro». C’s insistió en que es «un proyecto de país» de «centro», aunque hasta los acordes de su sintonía empiecen a confundirse con los del PSOE. Rivera, bajo el sol de justicia sevillano, prescindió de americana –lo cual no deja de ser noticia– y recurrió al polo azul marino y recordó «la tierra de mis abuelos». Rivera animó a votar «con ganas de cambiar las cosas» y no «con miedo o sed de venganza». Podemos y PP fueron el principal objeto de sus críticas, con «la subasta de promesas que no se van a poder cumplir». «No dejemos que sólo los extremos vayan a las urnas», señaló, no sin recordar que «en un solo año» C’s «ha logrado cambiar más cosas que otros en 35». No fue una referencia al Ibex sino a los años de oposición del PP en Andalucía. «Algunos se piensan que el cambio es proponer disparates, como prohibir la Semana Santa», advirtió, arremetiendo contra la «sopa de letras» de Unidos Podemos. «Hace un año Chaves decía que los de C’s éramos unos chantajistas. Se tuvo que ir a su casa», como «Griñán», señaló. En alusión a Rajoy, recordó que «no hay nadie imprescindible». «Algunos quieren bloquear este país pensando más en su sillón que en España», dijo, avanzando que la continuidad del PP es «el caldo de cultivo del populismo». C’s, en su particular «Octopus Garden», en tanto trata con el PSOE de incubar un huevo sin cáscara, se ofrece al electorado descontento del PP.

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La púrpura mortal del César

Sevilla (Andalucía)-Zoido presenta sus propuestas para que las administraciones cumplan su compromiso con Sevilla.18-5-2011.Foto cortesía del PP de Sevilla.

Zoido presentando sus propuestas para que las administraciones cumplan su compromiso con Sevilla. Mayo de 2011, foto cortesía del PP de Sevilla.

El color púrpura fue descubierto por los fenicios y cargado de connotaciones por los romanos. En tiempos de César, un pañuelo de ésos que gasta el director de Fibes, Felipe Luis Maestro –presente en la sala, como José Joaquín Gallardo, Santiago Herrero, María José Segarra y otros representantes sociales–, teñido de púrpura podía costar el sueldo de un mes de un funcionario y, en el siglo III a. C., un kilo de la púrpura de Tiro costaba tres veces el salario de un panadero del corte de Juan Gallardo, el tendero de Su Eminencia, también presente, protagonista de la campaña de Zoido.

Jesús, en un acto de provocación e inconsciencia –que no es lo mismo, pero es igual–, vestía de púrpura. Como después los papas y los cardenales. También fue el color de la toga triumphalis de los generales victoriosos. Zoido, en su día I como alcalde, vistió camisa azul, también la corbata, y traje gris marengo. Su mujer, Beatriz, llevaba un pequeño bolso morado, con ribetes dorados.También vistió el color púrpura Patricia Rato, sobrina del candidato popular que no fue, Rodrigo. En el Salón Colón de la ciudad mariana estaba Mariano Rajoy. Y Susana Díaz, la casi jefa de todo del PSOE andaluz, con permiso del también presente («llamadme Pepe») Griñán. Todo comunica y hay quien se desvela sin, quizás, saberlo.

Cuatro años atrás, el ausente Monteseirín, más cómodo en paradero desconocido –se descarta que estuviera infiltrado entre los indignados–, optó por una corbata roja y habló de «la ciudad de las personas». Igual que la postmodernidad tuvo al Titanic como símbolo de la arrogancia, la «era Monteseirín» tuvo el Metropol. Ricardo III fue el último rey inglés que murió en batalla y el ex alcalde, el último socialista. «Mi reino por un caballo». Poco antes de las 4.360 jornadas y media de Monteseirín como alcalde, un caballo se desbocó en la avenida de San Fernando. Jesús siempre fue en burro y Monteseirín, aunque –dice– va en bici, fue mucho de aviones y coche oficial. Colón también regresó preso en su tercera travesía. Todos los «conquistadores» acabaron mal, con permiso de Arturo Fernández. La arrogancia precede a la derrota. Y la derrota –por más que el Comisionado Jesús Maeztu comentara, tras conversar con el administrador del Betis, Bosch Valero, que «ser del Madrid o del Barça es muy fácil, hay que ir con los que pierden»–, es huérfana. Griñán, que vino a la toma de posesión de Zoido «con voluntad de colaboración», lo subrayó, con reminiscencias a bofetada en forma de teletipo: «No entro en los que no están. Estoy feliz con Espadas».

La victoria sí tiene muchos padres. Tantos como abrazos recibió ayer Zoido, convertido en hombre autoadhesivo, como Monteseirín, a ratos, ciclotimia mediante, cuando no devenía en hombre antiadherente. De «la ciudad de las personas», desde las 19:31 en que Zoido tornó en alcalde, se vira a «la ciudad del talento», previa mudanza a la bancada de la derecha del Pleno. Los de la izquierda también prefieren la diestra. A la franqueza de arponero de la oposición –el «fin de la crispación» que promulgó Espadas quedó en Suárez Palomares empujando la silla de Juan García– respondió el nuevo Gobierno con calma de Buda blanco. Espadas es más de Tomás Moro, de su isla de Utopía, de «otra forma de hacer política».

El discurso de Torrijos tuvo algo de lo que dijo Amaury, el delegado del Papa, en las Cruzadas: «Mátenlos a todos. Ya sabrá Dios reconocer a los suyos». El líder de IU dudó de que el PP pueda diferir del «se privatiza todo». Sólo hay una cosa peor que un comunista, un ex comunista.Dicen. O un converso. Uno que dice y no hace. Uno que habla de igualdad y lucha de clases y vive, legítimamente por supuesto, en Santa Cruz. El Che se pasaba días sin hablar con su mujer, hasta que ésta devolvía algún regalo. La mujer del César y del Che tienen que parecerlo. «Dios ha muerto.Marx ha muerto. Y yo mismo no me siento nada bien». Woody Allen en el salón de Plenos.

Aunque el Ayuntamiento atardeció amurallado, y blindado por policías, la vida no sucedía sólo puertas adentro. En la Plaza Nueva, varios centenares de «indignados» gritaban «No nos representan». A los parados no les gusta comer promesas, mientras esperan un mundo en el que nadie muera de hambre ni de indigestión. Sus gritos, velados en parte por la Banda Municipal, son el epitafio en el aire de que los alcaldes de hoy son los ex alcaldes de mañana y, por más que Rajoy y Griñán defendieran la participación en las urnas, una botella de náufrago. Aquello que un esclavo decía al César en la cuadriga camino de sus particulares tomas de posesión: «Memento mori». Recuerda que eres mortal.

Mafalda está en “las setas”

Aunque le llamen «spanish revolution», no hay que ser un genio –basta con no ser político– para comprender que la vocación de este movimiento es la de la bacteria, esos organismos capaces de romper la parte más dura del organismo. Con la pretensión de que el graffiti escrito en una pared de San Francisco –«Si el voto cambiara algo, sería ilegal»– se convierta en anatema. El «conseller de Interior» catalán, Felip Puig, se ha convertido en el máximo impulsor del movimiento 15-M, también en Sevilla, ahora que languidecía y las «setas» devenían en Casas Viejas al aire libre, previo paso por el Decathlon, que ha hecho el agosto con las tiendas Quechua, y en clases de capoeira y otras actividades gratificantes para el espíritu humano.

«La Subdelegación dice que somos 215; la Policía , 43; la Junta, que ha llovido y no estamos. La realidad es que somos mucha gente», decían a través del megáfono, con guasa, los organizadores. La realidad, según los agentes que custodiaban la marcha, es que «entre 5.000 y 10.000 personas» partieron de la Plaza de España, al lado del mercado medieval del Prado, rememorando tiempos donde los lacayos trabajaban para los señores con la intranquilidad del mañana. «Como la reforma laboral», acertó a comentar un manifestante. Ahora. Tiempos en los que las ofertas de trabajo derivan del anuncio de Shackleton en la prensa reclamando voluntarios para la Antártida: «Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de absoluta oscuridad. Peligro constante. No es seguro volver con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito». «No somos antisistema, el sistema es antinosotros», gritaron. Y algo de cierto debe haber, porque el gentío hizo en el sentido de la circulación hasta la rotonda del Prado.

Otros muchos se fueron sumando por el trayecto. A las 21:05, en las «setas» –donde se gritó «No estás sola, Barcelona» y «Sin banderas» cuando un espontáneo ondeó la tricolor–, más de 10.000. Por megafonía, aseguraron que la Policía habló de 23.000, pero el Cecop, para variar, un clásico, ni confirmó ni desmintió.

Entre los asistentes, «perroflautas», haberlos los hubo, para qué negarlo. Y en paridad. También es cierto que una de cada cinco asistentes –según todos los dentistas del país, el 20%–, carece del carné de socia de cualquier tienda de lencería en, quizás, una velada llamada a la libertad. La mayoría eran personas en apariencia –no se ofenda nadie– «normal». Jesús Maeztu, el Comisionado para el Polígono Sur, por ejemplo. Padres y madres de familias con niños, jubilados, personas con discapacidad, grandes y chicos. Muchos, con camiseta de Mafalda, con la carga idealista que conlleva. Violencia, en este caso, ni contra la sopa. Lo más radical fue un sonoro abucheo frente a la sede del Santander y el cántico del himno oficioso del movimiento, el «Pena, penita, pena», en el Metropol. «Tú sí que vales», le respondieron.

La «revolución» en los tiempos de la crisis canta «Banquero, suelta mi dinero», «Le llaman democracia y es mentira», «No nos representan», «No hay democracia si gobiernan los mercados», «Televisión, manipulación», «Manos arriba, esto es un rescate», «Un banquero se beneficiaba de la burbuja inmobiliaria, como veía que no se rompía fue a llamar a otro banquero», «Islandia mejor que Disneylandia». A esta «revolución» le pasa lo que a las Quechua. Se montan solas. A ver quién es capaz de desmontarla.

mafalda_democraciaY otra metáfora puede ser la hiena, con su mala prensa. El carnívoro que, a diferencia del león –hermoso y poderoso–, trae la comida para su familia y come el último. El sarcasmo es una forma de asumir la derrota y la existencia. Con cinco millones de parados, España es un país habitable, igual que los testículos de cerdo son comestibles. Depende del hambre. Las hienas no protagonizarán películas de Disney, pero se ríen de las circunstancias. Como la tira de Quino en que Mafalda lee en el diccionario la definición de democracia: «Gobierno en el que el pueblo ejerce la soberanía». Y se pasa varias viñetas riendo. El movimiento 15-M decidió seguir en «las setas», sonriendo, aunque con temor al desalojo.

“La catedral del siglo XXI”

«Fagamos una iglesia tal e tan grande que los que la vieren nos tomen por locos». Sevilla, 1401.

El 27 de marzo de 2011, con cuatro años de retraso y un 70% de sobrecoste, «la ciudad de Sevilla inauguró este espacio siendo su alcalde don Alfredo Sánchez Monteseirín», según reza una placa, con la forma del contorno que dibuja la estructura de «las setas» desde el cielo, en el Metropol Parasol. Según el regidor, con esta obra, «inauguramos la Sevilla del siglo XXI».

La placa, la última descubierta por Monteseirín como alcalde, se ubica en la Plaza Mayor de un complejo, paradójicamente, privado durante, al menos, 40 años; el tiempo de concesión a la constructora Sacyr. En el acto y en su concurrida y particular foto de las Azores –salvando distancias–, en el epitafio de Monteseirín tras tres mandatos, ausentes sus socios de Gobierno de IU, la oposición formada por el PP y hasta las altas esferas del PSOE. Si en la puesta de largo del Cercanías se presentó el ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, José Blanco, para arropar al candidato Juan Espadas, Monteseirín se vio solo en su último acto. Ni presidentes, ministros ni consejeros. Apenas el subdelegado del Gobierno, Faustino Valdés, y socialistas próximos como Evangelina Naranjo o Carmen Hermosín, en su condición de amigos. Tampoco estuvieron los ex delegados de Urbanismo Emilio Carrillo y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, impulsores, junto a Monteseirín y el presidente de la Agrupación de Interés Económico, Manuel Marchena –que estuvo, faltaba más–, de lo que denominan «la catedral del siglo XXI».

Más de 123 millones de coste en un proyecto que ha consumido fondos con voracidad de oca y continuos retrasos y cinco fechas de culminación incumplidas, probablemente, tienen la culpa de tanta ausencia. El amargo don de la promesa y la lacerante soledad en la muchedumbre, se llaman las películas. Pese a todo, Monteseirín –«dos medias verdades no hacen una verdad», dijo Multatuli (etimológicamente «he sufrido mucho»)– defendió que con el Metropol «se respetan los restos arqueológicos, el mercado –‘olvidado tras 30 años de indolencia’, dijo, doce de ellos con él en el cargo, por cierto–y se recupera un espacio público, con la financiación del sector privado». Sí, «con la financiación del sector privado», insistió. Tal cual. Con el desahogo de quien no gasta ni chistes. Como si la extinción del 40% de los fondos de la ciudad para su desarrollo urbanístico en una década, como si 65 millones en subvenciones a fondo perdido, no repercutieran en los futuros proyectos ni hubieran salido del bolsillo del contribuyente.

Monteseirín también defendió que las «setas» en «sólo un año cubrirán la inversión acometida» –123 millones, que se sepa, nos contemplan–, repercutiendo en el turismo, los hoteles, la hostelería y la imagen y proyección de la ciudad. «El proyecto se comenzó en una época de bonanza económica. Ahora estamos en crisis y es cuando más se necesita para crear empleo», aseveró, ofreciendo una receta –él, que es médico– para la recuperación económica con aires a la prescripción de los galenos del siglo XIX, que usaban la sangría y las sanguijuelas para sanar, cuando muchos –se decía– «morían de médico».

El alcalde defendió que la «arriesgada obra» no es «un capricho» suyo. A los que le preguntan «por qué», se limitó a responder «y por qué no» y recurrió al discurso de que «el pasado y el inmovilismo no traen bienestar», citando a Felipe Benjumea tras recibir el Premio Sevilla Nodo Entre Culturas. «Hubo un concurso, con un prestigioso jurado, y ganó la increíble idea de Jürgen Mayer –‘un macareno nacido en Berlín’–», defendió; obviando que el Parasol nació sin proyecto ejecutivo y que durante casi tres años la corporación ocultó que no sabía cómo abordarlo, algo que sólo logró saltándose las indicaciones del Consejo Consultivo y reduciendo su escala.

El alcalde agradeció «a los que han creído» y «a los que han mantenido una distancia» hasta ver los resultados. Sobre lo que llamó «sevillanía rancia» no dudó de que «hará este espacio suyo, como las peatonalizaciones, el carril bici o la Plaza de España» y pidió que «no tengan miedo a cambiar de opinión». «Será uno de los lugares más sevillanos de Sevilla, símbolo secular de la Sevilla eterna», que abre otra era. Algo así dijeron un día del Titanic. También pidió «disculpas» por «las obras y los retrasos».

Monteseirín dijo adiós con una obra colosal, «la catedral del siglo XXI», en un día como de boda pero con iluminación de entierro. Decía Bergamín que «sólo el toro puede juzgar al torero». El tiempo juzga a los dirigentes y dirá si el alcalde más longevo de Sevilla, como el obispo Waleran de «Los pilares de la tierra», subió a las alturas sólo para caer o de verdad inauguró una nueva era.

«A la sombra» que proyecta la Encarnación

El Metropol, que algo tiene de panal, se inauguró el mismo día que en 1987 Cela recibió el Príncipe de Asturias por obras como «La colmena». El del 27 de marzo de 2011 no fue el del discurso del 13 de mayo de 1940 en el estreno de Churchill en Gran Bretaña; ni el del 19 de noviembre de 1862 de Lincoln en Gettysburg; ni el de febrero del año 4 a. C. de César tras cruzar el Rubicón; pero algo tuvo del de Marco Aurelio ante el cadáver de Julio César -este alcalde ya huele a muerto (político) o, quizás, era el olor a pescado en el Antiquarium, procedente del mercado- y del de Napoleón a la sombra de las pirámides, de las «setas» de la Encarnación en este caso. Tantas críticas como visitantes recibió el Metropol en su apertura, con pintura aún fresca. Así es Sevilla. También un 27 de marzo «Forrest Gump» se alzó con seis Oscar. Un tonto o un ejemplo. Según. Monteseirín se despidió en la obra que tantas dificultades le ocasionó. Su legado. «El mayor riesgo es no asumir ninguno», dijo, solemne, citando a Juan Ramón: «Tira la piedra de hoy, olvida y duerme. Si es luz, mañana la encontrarás, ante la aurora, hecha sol».