José Tomás tiene un misterio y Juan Ignacio Zoido, un ministerio

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Antonio Sanz observa casi de reojo y colocados en diagonal al ministro Zoido, Juanma Moreno y Javier Arenas. El de la derecha, aunque pudiera tener un aire, no es Clark Kent, es Ricardo Tarno. Foto de Ke-Imagen.

«Porque resistimos, conquistamos» es una frase del explorador Schackleton. A diferencia de la Antártida, con patrias múltiples, en el tricentésimo noveno día del año del calendario gregoriano, 310º este año al ser bisiesto, dos días después del anuncio mariano (Rajoy), ayer, todo el mundo reivindicó la procedencia de Zoido: el PP de Sevilla. «Allá donde esté, estará siempre Sevilla. Mi familia es la del PP, en especial de Sevilla», señaló en la Harinera, museo del pan de Alcalá de Guadaíra. El titular de Interior, que por la tarde acudió a la misa del Gran Poder, se estrenó con la detención del jefe de ETA debajo del brazo. Dicen que José Tomás tiene un misterio y Juan Ignacio Zoido, un Ministerio.

Embargado por la emoción –no como los acusados del «caso ERE» cuyas millonarias fianzas se anunciaron al tiempo que el hombre del que partió la denuncia de las mordidas de Mercasevilla tomó posesión de la cartera de Interior–, Zoido se hizo carne entre nubarrones y lluvia y ante el PP de Sevilla en su último ejemplo de resiliencia política en la Intermunicipal del PP hispalense y ante el presidente de honor del partido, Javier Arenas, el presidente del PP-A, Juanma Moreno, y el del PP de Sevilla, Juan Bueno. Zoido –«más emocionado que al tomar posesión del cargo», dijo–, expresó su agradecimiento a los militantes y, en especial, al que fuera su mentor y quien lo introdujo en la política: un Javier Arenas que le devolvía el abrazo con la mirada perdida de Kramer, el jugador alemán que no recordaba haber jugado la final del Mundial. Arenas, como Gregory Peck cuando daba giras por universidades, se perdió de la primera línea la noche que ganó las elecciones al PSOE de Griñán, y no gobernó. El Ministerio de Zoido, Cospedal mediante, emula a cuando fue a ver a Julio Camba el alcalde de Madrid para ofrecerle una calle. «Yo lo que quiero es un piso». Paradojas del destino, su antecesor en la Alcaldía, Monteseirín, también quería un ministerio y aún no tiene ni avenida en Sevilla. «No soñaba con ser delegado del Gobierno. No soñaba con ser alcalde y no soñaba con ser ministro», aseguró Zoido.

El orégano es antiinflamatorio, antibiótico y contribuye con la destrucción de las células tumorales de la próstata. En Alcalá de Guadaíra se repartió mucho orégano a cuenta de los laureles de Zoido. “Doctores tiene la iglesia” y dicen que a partir de ciertos años hay que hacérsela mirar. La próstata. Como los liderazgos políticos.«Rajoy se lleva a uno de los mejores de nosotros. Zoido tiene una de las mejores trayectorias que he conocido», defendió Juanma Moreno. «Todo el que va de número 1 por Sevilla, acaba de ministro», señaló Juan Bueno, recordando el caso de Cristóbal Montoro, cunero en 2011. El alcalde de Tomares, José Luis Sanz, que no se le vio en el acto, iba de número 1 al Senado; fue el damnificado tras la designación de Moreno Bonilla en el PP-A y tiene perfil de secretario de Estado. Zoido garantizó que «donde yo esté va a estar Sevilla siempre» y se puso «a disposición del PP-A», que con Juanma Moreno no quiere alcaldes con duplicidad de cargos. Gregorio Serrano, que, como el histórico titular del interior derecho del Madrid, «también suena» (y que como Míchel, en realidad es un organizador que cae a banda), al ser preguntado si «se va a la capital», señalaba que «ahora mismo lo que me voy es a mi casa a comer». Beltrán Pérez tiraba de argumentario sobre su futuro en el Consistorio: «A disposición de lo que quiera el partido, como siempre». «Veamos si te quedas en el rebaño o te unes a la jauría», rezaba Underwood en «House of Cards». Zoido es de nuevo un «referente» del PP-A. Gregoriano o no, tres elementos, desde la antigüedad, determinan los acontecimientos del calendario: los astros, los santos y los pícaros. En el PP-A, con perfil rotatorio en el tiempo, Arenas, Juanma Moreno y Zoido, cartera de Interior y, desde Madrid vía AVE, influencia exterior.

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“Siete crisantemos” junto al Palacio de San Telmo

A los mitos sólo los juzga el tiempo. A Joaquín Sabina, Hijo Predilecto de madre putativa, jiennense de Madrid, madrileño de Úbeda,  lo llamó «Susana», «la tarde de febrero» que cumplió «67 tacos». «Presidenta, le dije, no me tiente, con medallas impropias de un gualtrapa, aunque si es de mi tierra y de mi gente será un honor lucirla en la solapa», recitó con  mucho arte, escasa voz y calaveras en los calcetines. «Alguna vez he dado más de lo que tengo, me han dado alguna vez más de lo que doy», cantó una vez Sabina, que sabe que «en Las Ventas se trabaja y en La Maestranza se  torea». Sabina llegó a Sevilla, recitó unos versos y cogió el AVE de vuelta a Madrid. Tiempo justo para los abrazos de Susana Díaz y selfis varios, entre ellos con el consejero de Medio Ambiente, José Fiscal, que confesaba que «Sabina ha sido siempre predilecto para mí. Desde hoy es Hijo Predilecto de toda Andalucía».

El día previo al 28F, en los fastos del PSOE en el Casino de la Exposición, Mercedes de Pablos recordaba que la consejería de Presidencia «cabía en un taxi». Treinta y seis años después, la Junta es el pesebre del 10% de la población activa andaluza De ahí, quizás, que hubiera que habilitar más alas del Teatro de la Maestranza que otros años. De ahí, por ejemplo, que se dejara ver el ex alcalde Monteseirín, flamante nuevo alto cargo a dedo de la Consejería de Salud. El titular del ramo, Aquilino Alonso, sonreía orgulloso cuando le decían, a las puertas del teatro que tres de los galardones eran para Ángel Salvatierra (especialista en trasplantes en Córdoba), Miguel Ángel Arráez (Neurocirugía en Málaga) y Medicus Mundi.

Salvatierra habló «por un quiebro de Sabina». El protocolo no entiende de mitos. Así que, bautizados como «hermanos predilectos», ambos tomaron la palabra. «No digo que sea injusto pero sí que sobrepasa mis méritos, me lo tomo como premio a los miembros del hospital», dijo Salvatierra. Habló de «un sistema sanitario que considero la joya de la corona, imperfecto pero al que todos pueden acceder y de muy alta calidad». «Hacen falta más recursos. Públicos y privados. Salud y Educación», reclamó. En «una época materialista», aludió a «la felicidad que da la entrega» con «gratitud a mis pacientes por lo que me han enseñado de la vida». Sabina bromeó sobre «la magia de Andalucía», de ahí «un hermano predilecto de tal fuste». El trovador jiennense tiró de Machado: «Estos días azules y este sol de la infancia». «Uno acepta encomiendas federales si no son desiguales y gregarias. Urge por eso, en tan inciertos días construir puentes, destruir barreras, que sea la verdiblanca la bandera de la cultura, el pan y la alegría». Señaló que «por ser buen andaluz no es necesario tocarle tantas palmas al ombligo. Mejor pasar a limpio los pecados, los ERE, la ignorancia, el desempleo. Andalucía sabe demasiado lo ingrato que es bailar con el más feo», refirió, para repasar después «el vivan las ‘‘caenas’’», «que aquí nacieron Lorca y su asesino» y «por eso a los tribunos que gobiernan les pido una patria decente, audaz, moderna, humana, justa, libre y progresista». De epitafio: «Dos versos, un cuaderno, un sacramento póstumo del mejor de los Machado, que nos dejó de noble testamento su cómo ser un andaluz honrado».

Entre el gentío, numerosos representantes de la llamada «casta»: Juanma Moreno siguió rompiendo con la tradición de Arenas de no acudir; Zoido; Antonio Sanz; Maeztu, defensor del Pueblo Andaluz, con muletas; Los del Río, cuya «Macarena» bailara Clinton; Diego Valderas, ex vicepresidente de Susana Díaz, y Juan Marín, portavoz de C’s en el Parlamento, unidos por el poderío capilar y como socios capitulares del PSOE en la Junta; los concejales Antonio Muñoz y Carmen Castreño; el ex presidente del Parlamento Torres Vela; o los consejeros de la Junta, entre ellos el actual vicepresidente, Manuel Jiménez Barrios, que al término del acto salió a fumar y a cuya pareja la Policía no dejaba volver a entrar, igual que a los concejales del pueblo de Manuel Carrasco. De los «anticasta» apenas se dejaron ver los diputados Begoña Gutiérrez y Moreno Yagüe. También, como cada 28F, «mucha, mucha Policía» –como cantó Sabina–, pendiente de la clásica manifestación a las puertas del Maestranza, que volvió a sacar en procesión a la «Santa Vagina».

Dentro del coliseo, hubo tiempo de levantar la bandera de la igualdad y, merecidamente, elevar a los altares a Alejandro Sanz, tanto por Susana Díaz –se barrunta nuevo Hijo Predilecto–, como por Sabina. Las condenas por botellas rotas en rostro de mujer son cosas del pasado, al punto que hasta la diputada y ex directora del IAM, Silvia Oñate, subrayó su talento. Parte del discurso de la presidenta sobre la importancia de los entes supramunicipales, en respuesta al pacto de Pedro Sánchez y Albert Rivera y la tentativa de supresión/cambio de nominación, debieron recordar a Sabina las que siempre ha dicho que fueron las últimas palabras de su padre -el comisario con el que se casó Adelita- en su lecho de muerte: “Ya quisiera yo saber de dónde sacan tanto dinero las diputaciones provinciales”.

La presentadora, Carmen Rodríguez, habló de un «progreso innegable» en Andalucía. Como la inercia en el autobús. Se recordó a Carlos Cano  un par de ocasiones, con los acordes de «La verdiblanca». En la antesala de las Medallas, la fiesta del PSOE a la que no invitaron a Chaves y Griñán, Escuredo, también presente ayer, se acordó de García Caparrós y señaló que «Blas Infante también era nuestro». Está al caer que se presente a Carlos Cano como socialista. «La rosa, por tener tantos significados, ya los ha perdido todos», señaló Umberto Eco. Sabina citó «El nombre de la rosa».« La barba es un hecho semiótico que permite distinguir un capuchino de un dominico», decía su autor. En el estrado había un jesuita y periodista –doble devoción y clausura–, Jaime Loring, que aguantaba para no dormitar durante el discurso, rojo en la vestimenta, de la presidenta. Israel Galván, zapatos verdes, demostró que los bailaores se mueven distinto hasta para recoger un premio. Los de IU, con Centella desprovisto ya de la luz del Congreso, esperaban a la viuda de Marcelino Camacho, Josefina Samper, que recogió el galardón con los brazos en alto, para hacerse fotos en plan «Beliebers». Pilar del Río abrazó la medalla. Susana Díaz entregó el premio a los andaluces más mediáticos entre los citados y Juan de Dios Mellado, Gracia Rodríguez, Migasa, Manuel Carrasco y María Luisa Escribano, mientras Canal Sur retransmitía con inverso entusiasmo que ante el encargo de televisar una comisión de investigación.  Al penúltimo que abrazó Díaz, tras el himno de Andalucía de Dorantes y Arcángel,  fue a un muchacho con síndrome down, días después de tumbar en el Parlamento una ley que garantice la atención temprana en Andalucía. «Siete crisantemos», que cantó Sabina, junto al Palacio de San Telmo.

 

La tarde que asesinaron a Cariñanos

SEVILLA,16-10-2000,- Centenares de personas se agolpan junto al féretro preparado para recibir los restos mortales del coronel médico del Ejército del Aire Antonio Muñoz Cariñano, en la puerta de su consulta en la confluencia de las calles Cañete (arriba izq. donde se lee el nombre del dr. Cariñanos) y Jesús del Gran Poder de Sevilla, donde esta tarde dos presuntos terroristas asesinaron de varios disparos a Muñoz Cariñano en su consulta. EFE/EDUARDO ABAD +IMAGEN DIGITAL+

Foto de Efe. 

La temperatura era «similar», el clima era diferente. Había ambiente de terror callado en las calles. De la peor calaña. Del que deja las vidas pendientes de la fina madeja del azar –el sitio equivocado, la hora equivocada, ante unos hombres equivocados– o al arbitrio de una banda aferrada a ideales engangrenados por la muerte. En resumen, pendientes de «que te toque».

El 16 de octubre de 2000 fue lunes. España logró un histórico doblete en la Dunhill Cup de golf. Freire fue tercero en el Mundial de Ciclismo. Igual que hoy, se conocía el Planeta, y recayó en Maruja Torres. El mal tiempo dejó 59 muertos en las carreteras durante el Puente del Pilar. El asunto vasco acaparaba portadas: «PP y PSOE pactan diez iniciativas para cercar a Ibarreche en la Cámara vasca». «El profesor Portillo se va del País Vasco», rezaba LA RAZÓN. Un lunes más en una Sevilla que ya miraba de reojo al terrorismo, desvirtuada, desvirgada, con las carnes aún abiertas por el asesinato dos años antes del concejal Alberto Jiménez-Becerril y su esposa Ascensión García Ortiz. Hasta que se convirtió en un lunes negro, manchado con sangre, en el calendario nacional y local. El día –la tarde– del último atentado mortal de la banda terrorista ETA en Sevilla.

Dos pistoleros entraron en la consulta del coronel médico Muñoz Cariñanos –un hombre de bisturí, más dado a las gargantas de las tonadilleras que a las armas y la guerra– y lo abatieron a sangre fría, como en las peores escenas de la novela de Truman Capote. La noticia, sin necesidad de Twitter, Facebook o ediciones digitales de periódicos, corrió como la pólvora por las calles. Eran alrededor de las 18:30 horas. Los jóvenes estudiantes de Periodismo, ávidos de actualidad, corrieron desde las clases a la céntrica calle donde sucedieron los hechos, anexa a Jesús del Gran Poder, que ya estaba acordonada. Habían matado a alguien y los asesinos huyeron a pie. La noche cayó de imprevisto. Un bisoño y circunspecto Alfredo Sánchez Monteseirín se acercó a la prensa, junto al cordón policial. «¿Alguna novedad, alcalde?», arrancó Ana Sánchez Ameneiro.

Hacía fresco ya –octubre era y sigue siendo, con permiso del cambio climático– una suerte de primavera sin alergias con rebeca a primera y última hora. A la hora en que comparecía el alcalde, M. Ch. G., uno de los tres agentes que detuvieron a los pistoleros por la Macarena, aún no era consciente de que ese día él también pudo morir. Doce años después, con la intermediación del secretario general del Sindicato Unificado de la Policía (SUP) en Sevilla, Manuel Espino, concede su primera entrevista. «No soy ningún héroe», arranca, sin atisbo de falsa modestia. «Sólo hice mi trabajo». Se jugó la vida y ganó la Medalla Roja al Mérito de la Policía Nacional.

Los agentes estaban «en guardia» porque «sabíamos que en cualquier momento podía pasar». «Era una época muy mala» con el terrorismo. Estaba de servicio por su zona, el Sector Centro, por Santa Cruz, con la misión de «contactar con las comunidades de vecinos y buscar alquileres», apoyando a las motos de proximidad.

«Todo fue muy rápido». Entre «las 18:20 y las 18:30», el 091 dio el aviso. «Al parecer había un muerto» junto a la Alameda. Pensó que los implicados –se desconocía cuántos– no se adentrarían en la ratonera del centro. «Buscarían una salida». Z22 da la alarma. «Estaba por los Perdigones» y «unos sospechosos entraban» por allí.

El coche se pone «a toda pastilla. A la altura de la gasolinera de la Resolana, una anciana que hizo caso omiso a las luces y la sirena casi no lo cuenta. Cogió aire. Bajó el ritmo. Quizás ese interludio sirvió para pensar, para hilvanar una estrategia, para prever. «En lugar de entrar por los Perdigones, entramos por Don Fadrique». «Junto al Hogar San Fernando nos los encontramos de frente», narra M. Ch. G. «Eran dos jóvenes», aparentemente «normales», «a 70 u 80 metros», acalorados, «con prisa». Se echaron la mano al bolsillo. «Las pistolas, las balas». «Ya no había duda. Eran los asesinos de Cariñanos, que abrieron fuego a discreción contra el Peugeot policial. «Nos salvó la distancia». «Era quedarse en el vehículo» y rezar para que una bala no diera en el blanco «o salir y jugártela». «Si digo que pensé algo, es mentira». Instinto. El agente describe a Solana Matarrán como el «más experto» –«estaba preparado para aguantar horas de interrogatorio»– y a su compañero –del que cuentan las crónicas que ante la Policía «se lo hizo encima»– tan bisoño que «se le caía el arma». Uno de los dos fue alcanzado en un brazo por los agentes y se dio a la fuga, con M. Ch. G. pisándole los talones. El tiempo corría denso. Pudo abatirlo pero «no iba a disparar a un hombre desarmado por la espalda, aunque sé que él lo hubiera hecho». Silbó «otra bala» en el punto de partida de la persecución y «se hizo el silencio». «No veía a mi compañero y me di la vuelta». En el suelo, el segundo policía esposaba al pistolero. Solana Matarrán, entre un gentío que le abucheaba y que acudió tras los disparos, «alardeaba» de su condición «de etarra». «El tío hacía gestos». M. Ch. G. le conminó a que no se resistiera al entrar en el patrullero. «Sé que no puedo hacer nada», dijo. «Pues ya sabes», respondió. M. Ch. G., «al llegar a casa», se «desplomó». «No quería hablar con nadie». Al quinto día, para salir de esa dinámica de paranoia justificada, regresó al trabajo. Tenía 49 años. Doce después, reitera: «Sólo hice mi trabajo».

El misterio de la política

Hay quien compara la política con el misterio de la Santísima Trinidad. Ambas tienen bastantes puntos en común: se basan en la fe y son, valga la redundancia, un misterio, algo ‘cuasiinconcebible’.

Doctores tiene la iglesia y médicos e inspectores de Sanidad tiene la política. Tal es el caso de Alfredo Sánchez Monteseirín. Cual Platón en su día, cual teólogo o filósofo, el alcalde de Sevilla inauguró esta semana la Avenida de la Astronomía y acabó su discurso –previa confusión entre los términos “astronomía” y “astrología”- diciendo: “Nosotros, los astronautas…”. Hay quien cree que don Alfredo dio un paso más allá en su afán por ocupar el hueco dejado por Martes y 13 en el panorama humorístico español. Más bien, Monteseirín reveló su concepción del misterio de la política. El ‘homo politicus’ es, según el darwinismo mesiánico de Monteseirín, un ser llegado de las estrellas, un elegido, la inspiración de Sting en su “Walking on the moon”. De ahí que los ciudadanos de a pie no entiendan, por ejemplo, cómo se puede acoger y organizar una reunión de la OTAN, por un lado, y subvencionar las protestas contra ella, por otro. Cosas de las estrellas.

Cuando Felipe González -alias Isidoro- defendía aquello de “OTAN: de entrada, no”, defendía también “y de salida, tampoco”. El eslogan socialista formaba parte de una parábola política. Por eso, los españoles –hombres terrenales, en su mayoría, y no de las estrellas- no le entendieron. Tan paradójico es el misterio político, tantas vueltas da la noria, que Javier Solana –otrora adalid del no (de entrada) a la OTAN- acabó como secretario general de la Organización del Tratado Atlántico Norte. El hijo pródigo, versión profana.

En una de estas vueltas de tuerca de la cosa política, la misma OTAN ha venido a Andalucía a una “reunión informal”, que en lenguaje de la calle debe ser algo así como “vámonos pa’ Sevilla, que hace buen tiempo y hay jamón”. Las bodas de Caná, a lo institucional.
Cerca de las costas de Mauritania, naufraga un barco negrero con 400 inmigrantes a bordo. Nadie les acoge, nadie les quiere, abandonados a su suerte. ¿Qué hace la OTAN, las fuerzas del orden encargadas de establecer la justicia y la paz? Reuniones informales con jamón. En el misterio de la política, es el juicio final.

La púrpura mortal del César

Sevilla (Andalucía)-Zoido presenta sus propuestas para que las administraciones cumplan su compromiso con Sevilla.18-5-2011.Foto cortesía del PP de Sevilla.

Zoido presentando sus propuestas para que las administraciones cumplan su compromiso con Sevilla. Mayo de 2011, foto cortesía del PP de Sevilla.

El color púrpura fue descubierto por los fenicios y cargado de connotaciones por los romanos. En tiempos de César, un pañuelo de ésos que gasta el director de Fibes, Felipe Luis Maestro –presente en la sala, como José Joaquín Gallardo, Santiago Herrero, María José Segarra y otros representantes sociales–, teñido de púrpura podía costar el sueldo de un mes de un funcionario y, en el siglo III a. C., un kilo de la púrpura de Tiro costaba tres veces el salario de un panadero del corte de Juan Gallardo, el tendero de Su Eminencia, también presente, protagonista de la campaña de Zoido.

Jesús, en un acto de provocación e inconsciencia –que no es lo mismo, pero es igual–, vestía de púrpura. Como después los papas y los cardenales. También fue el color de la toga triumphalis de los generales victoriosos. Zoido, en su día I como alcalde, vistió camisa azul, también la corbata, y traje gris marengo. Su mujer, Beatriz, llevaba un pequeño bolso morado, con ribetes dorados.También vistió el color púrpura Patricia Rato, sobrina del candidato popular que no fue, Rodrigo. En el Salón Colón de la ciudad mariana estaba Mariano Rajoy. Y Susana Díaz, la casi jefa de todo del PSOE andaluz, con permiso del también presente («llamadme Pepe») Griñán. Todo comunica y hay quien se desvela sin, quizás, saberlo.

Cuatro años atrás, el ausente Monteseirín, más cómodo en paradero desconocido –se descarta que estuviera infiltrado entre los indignados–, optó por una corbata roja y habló de «la ciudad de las personas». Igual que la postmodernidad tuvo al Titanic como símbolo de la arrogancia, la «era Monteseirín» tuvo el Metropol. Ricardo III fue el último rey inglés que murió en batalla y el ex alcalde, el último socialista. «Mi reino por un caballo». Poco antes de las 4.360 jornadas y media de Monteseirín como alcalde, un caballo se desbocó en la avenida de San Fernando. Jesús siempre fue en burro y Monteseirín, aunque –dice– va en bici, fue mucho de aviones y coche oficial. Colón también regresó preso en su tercera travesía. Todos los «conquistadores» acabaron mal, con permiso de Arturo Fernández. La arrogancia precede a la derrota. Y la derrota –por más que el Comisionado Jesús Maeztu comentara, tras conversar con el administrador del Betis, Bosch Valero, que «ser del Madrid o del Barça es muy fácil, hay que ir con los que pierden»–, es huérfana. Griñán, que vino a la toma de posesión de Zoido «con voluntad de colaboración», lo subrayó, con reminiscencias a bofetada en forma de teletipo: «No entro en los que no están. Estoy feliz con Espadas».

La victoria sí tiene muchos padres. Tantos como abrazos recibió ayer Zoido, convertido en hombre autoadhesivo, como Monteseirín, a ratos, ciclotimia mediante, cuando no devenía en hombre antiadherente. De «la ciudad de las personas», desde las 19:31 en que Zoido tornó en alcalde, se vira a «la ciudad del talento», previa mudanza a la bancada de la derecha del Pleno. Los de la izquierda también prefieren la diestra. A la franqueza de arponero de la oposición –el «fin de la crispación» que promulgó Espadas quedó en Suárez Palomares empujando la silla de Juan García– respondió el nuevo Gobierno con calma de Buda blanco. Espadas es más de Tomás Moro, de su isla de Utopía, de «otra forma de hacer política».

El discurso de Torrijos tuvo algo de lo que dijo Amaury, el delegado del Papa, en las Cruzadas: «Mátenlos a todos. Ya sabrá Dios reconocer a los suyos». El líder de IU dudó de que el PP pueda diferir del «se privatiza todo». Sólo hay una cosa peor que un comunista, un ex comunista.Dicen. O un converso. Uno que dice y no hace. Uno que habla de igualdad y lucha de clases y vive, legítimamente por supuesto, en Santa Cruz. El Che se pasaba días sin hablar con su mujer, hasta que ésta devolvía algún regalo. La mujer del César y del Che tienen que parecerlo. «Dios ha muerto.Marx ha muerto. Y yo mismo no me siento nada bien». Woody Allen en el salón de Plenos.

Aunque el Ayuntamiento atardeció amurallado, y blindado por policías, la vida no sucedía sólo puertas adentro. En la Plaza Nueva, varios centenares de «indignados» gritaban «No nos representan». A los parados no les gusta comer promesas, mientras esperan un mundo en el que nadie muera de hambre ni de indigestión. Sus gritos, velados en parte por la Banda Municipal, son el epitafio en el aire de que los alcaldes de hoy son los ex alcaldes de mañana y, por más que Rajoy y Griñán defendieran la participación en las urnas, una botella de náufrago. Aquello que un esclavo decía al César en la cuadriga camino de sus particulares tomas de posesión: «Memento mori». Recuerda que eres mortal.

Perdidos, de lejos; de cerca, bienhallados

Desde lejos, parece una ingente acumulación de personas sin sentido ni criterio. De cerca, es una certera celebración del tiempo lento, un tratado práctico que camina, a velocidad de vértigo y ritmo de sevillana, de la filosofía acuñada por Horacio – carpe diem, que «la vida son dos días y uno (ayer mismo) está nublado– y el existencialismo más profundo, pasando por el superhombre nietzscheaniano, al nihilismo que acompaña a la resaca. El «efecto Manzanilla».

Alba del Rocío Morales –tres años, ojos negros, lunares azules– desde lejos, en la estación de metro de Blas Infante, ya avisa a su madre, Rocío González, de que los farolillos están rotos por la lluvia, dejando la forma de una especie de lágrima que no cesa de llorar gentes. Calles abarrotadas. Tantas personas que Alba duró en la Feria el tiempo de echar una tómbola y ver a Bob Esponja, la atracción ferial allende la calle del Infierno.

De Costillares en adelante, la figura más paseada y expuesta es la de Juan Espadas, a medio desenvainar hacia la candidatura a la Alcaldía y ahora «desgafado»; no se vaya a confundir con Zoido, bautizado popularmente esta Feria como «el quinto Cantor de Híspalis» tras su salto de espontáneo junto a Pascual González la noche del «pescaíto». Ayer tocó función en la caseta municipal –recepción de la Diputación–, donde al socialista Caballos –al que llaman «don José»– le recuerdan «qué malamente lo vamos a pasar este año». Pero hablaban del Sevilla –«No sólo era Jiménez», dijo él– y no del PSOE de Sevilla. Sin embargo, nadie dijo «no sólo es Monteseirín», mientras se conjugaban en forma de militante socialista los tiempos del verbo «ser». Entre el presente y pasado de indicativo de Monteseirín; la perífrasis –«podría haber sido»– de María Jesús Montero; y el presente de (y por) imperativo –tiene que ser– de Juan Espadas.

Y como también tenía que ser, porque había alerta amarilla, se puso a llover a mediodía. Fiesta «interrupta», albero mojado, paraguas abiertos, miradas al cielo y vuelta a empezar, que es la primera. El cielo se nubló en pleno apogeo de la recepción en la caseta de Cajasol, en Pascual Márquez, vecina de la de Emasesa, vulgo «AguaSA», adornada en su interior con un gerente apellidado Marchena y con una réplica de los Caños de Carmona.

De Coria llegó, junto a sus compañeras –María Cabrera, Cinta García, Manuel García, María Salado y Rafa Esquina– del colegio Félix Hernández de Isla Mayor, Macarena Gallardo, camino de Pascual Márquez 235, «Los del Exterior». Macarena –ojos negros, pelo negro, vestigo de gitana blanco y negro– es nieta de Antonio Gallardo, quien fuera director del diario Odiel, «en los tiempos del blanco y negro».

En Pascual Márquez 159 está Nacho González Parrado, que celebra que Salvador Quintero va a ser abuelo y él, tito. Y en la misma caseta de Castilla La Mancha, Bittor Román, llegado de Vitoria para la fiesta, repite: «Esto es impresionante», tras contar que se queda «solo» y entra «sin problemas en todos lados», en contra del tópico de la Feria cerrada que, por contra, defiende con rapidez de lateral colchonero, en su misma mesa, José María Aguilera. «El tocapelotas y el agradecido», sentencia y define Panchu de la Huerga, 1,97 de anfitrión.

A pocos metros, en la caseta de El Emperaó, Inma Izquierdo comparte los caracoles que se ha traido de Casa Diego, en Triana. Hubo antojo generalizado y, al final, caben a caracol por cabeza. Comunismo fáctico en el Real. «Democracia caracoleña», según ella.

Desde lejos se confude con un escampado en el que miles de seres parecen perdidos, como los pasajeros del vuelo 815 de Oceanic de la serie de la Fox, la favorita de Inma. De cerca, se cae en la cuenta de que el Real tiene algo de isla misteriosa, pero sus habitantes no son ni están perdidos –no más, al mens, que fuera de allí–, sino personas que se encuentran en la red social de la feria. El Real, como la isla de Perdidos; «morir solos, vivir juntos». Estado en el «facebook» ferial: bienhallados.

Las “hijas descarriadas” de Santo Domingo de la Calzada

Ninguna se llama Caye (como la protagonista de la película de León de Aranoa), pero todas hacen la calle. Ninguna espera ya que algún «príncipe azul» pase por las aceras de Santo Domingo de la Calzada y la rescate. El servicio mínimo, de media, son 10 euros. Un completo puede salir por unos 20. Aunque se puede regatear. Como hacen ellas con la vida, la Policía, los vecinos y, ya se verá cómo, con la futura ordenanza antivandalismo, que, según dicen, «más que salvarnos de la calle, nos boicotea el trabajo».

Los habitantes de la zona de la Huerta del Pilar solicitan la erradicación de la prostitución de su barrio. El PP se ha reunido con ellos esta semana para presentarles una de sus alegaciones a la normativa que prepara el Ayuntamiento para combatir el vandalismo. El alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, se ha apresurado a hacer suya la propuesta, a pesar de que hasta hace poco aseguraba en el Pleno que «no me consta» ningún problema de prostitución y que se trata de «un pequeño grupúsculo». El portavoz del PP, Juan Ignacio Zoido, propone multas de hasta 3.000 euros para los clientes de las tusonas. De 701 a 1.500 euros, las faltas graves. De 1.501 a 3.000 las catalogadas como muy graves.

De 21:00 a 9:00 hora, horario ininterrumpido, la calle Santo Domingo de la Calzada acoge a un promedio de una decena de mujeres que ejercen el que dicen es el oficio más antiguo del mundo. En una esquina, la más cercana a Luis Montoto, dos supuestos «chulos» pasan la noche al leve abrigo de un soportal. En la otra, la más próxima a Eduardo Dato, una patrulla de la Policía Nacional charla amistosamente con una profesional del sexo. Se pasan un cigarrillo rubio. Ella, apoyada en la ventanilla del Citröen Xsara Picasso. Los agentes, uniformados dentro del vehículo. El periodista, con el coche en marcha desde un lugar estratégico. El triángulo de las tres «pes» que, en los tiempos sin «google», formaban putas, policías y periodistas. En otras épocas, entre los tres gremios controlaban toda la información de la ciudad y los baretos de madrugada que ofrecen las últimas copas y los primeros cafés servían como punto de intercambio de datos. Hoy por ti, mañana por mí.

Hoy, son las 3:30 de la madrugada, apenas 10 grados. Cuatro putas en esa calle; otras tres un poco más hacia el Centro Comercial Nervión Plaza, entre la parada de autobús y la calle Luis Belmonte. Entre las santas Justa y Rufina de la ciudad se ubican las últimas profesionales del sexo en territorio urbano. Entre la calle Santa Rufina de la Alameda, donde la actividad es menor, y la estación de Santa Justa, donde trabajan –a dos pasos del colegio del Buen Pastor– las «hijas descarriadas» de Santo Domingo de la Calzada, el patrono de los ingenieros.

Dice que se llama Leticia y que le gustaría estudiar una carrera. Tiene 25 años, es brasileña de Brasilia y madre de dos hijos, un niño y una niña. La mayor parte del dinero que gana, lo envía a su país. Para su madre, que trabaja como limpiadora en un colegio de infantil, y para unos hijos que tienen un padre que se marchó sin avisar a Irlanda; y en Brasil, un padre en Irlanda es como en Andalucía «un tío en Graná». «Ni tío, ni padre, ni ná».

Razones de un oficio
¿Por qué? «La gente me dice que tengo menos papeles que una cabra». Ni siquiera se llama Leticia. Leticia es la profesional. «Llegué con un visado de turista, y me quedé», cuenta. Eso fue hace ocho meses, cuando «por azar» se rebautizó con nombre de princesa de Asturias, guardando el suyo de gran duquesa rusa para la intimidad verdadera, para los ratos de libertad verdadera que quedan después de una ducha caliente tras aguantarle la mirada al espejo.

Leticia prefiere la libertad de la calle a la seguridad del club, donde tiene la sensación de que otros ganan «mucho dinero» a su costa. Más que valiente, es temeraria. Nunca se sabe quién conduce el coche y, en caso de peligro, estás sola. Por eso, procuran quedarse en una zona urbana. Por seguridad, por miedo, por tranquilidad. Los coches en doble fila sirven de lugar de encuentro entre prostitutas y clientes. No hace demasiado tiempo, un Miriafiori abandonado hacía las veces de alcoba. El parque, muchas veces abierto de madrugada, también.

Sólo esta semana, José Carlos Díaz, presidente de la Asociación Huerta del Pilar, ha tenido que llamar la atención tres veces a otros tantos coches en doble fila para poder sacar su vehículo e irse a trabajar. La historia se repite. 6:30 de la mañana. Coche en segunda línea con los cristales llenos de vaho. Toque en la ventana. «Por favor, ¿le puede usted dar pa’lante?». Coitus interruptus. Ida al trabajo. «Atrapado en el tiempo».

Desde hace más de una década, en Santo Domingo de la Calzada todas las jornadas son «el día de la marmota». Mujeres semivestidas cerca del Colegio del Buen Pastor; travestis que se cambian en plena calle; condones por todas partes; ofrecimientos «indecentes» a los adolescentes…

«Por las mañanas, la calle es una pocilga», critica María, una de tantos vecinos de la zona que solicitan «más presencia policial, más iluminación, cámaras de seguridad y más limpieza» y llegan a pedir al líder de la oposición que «dé bocados en el Ayuntamiento», si hace falta, para que el Equipo de Gobierno escuche sus propuestas y «haga algo».

El Foro Social de Sevilla es una de las asociaciones que más propuestas ha presentado en relación con la normativa antivandalismo, la cual considera que cuenta con bastantes artículos «inconstitucionales». Federico Noriega, el portavoz del colectivo, sugirió al Ayuntamiento que «escuche a los grupos de mujeres y de prostitutas porque tienen cosas que decir». En términos generales, el Foro Social considera que «la represión no suele ser una buena medida». «Es mejor inversión la prevención», manifestó Noriega. «Las sanciones van a quitar la prostitución de un sitio para llevarla a callejones más oscuros. No va a desaparecer, sino que se va a marginar más», aseguró.

La Asociación Pro Derechos Humanos explica que criminalizar a los clientes de la prostitución considerándolo «vándalos» supone «una falta de sensibilidad hacia las condiciones de las mujeres» y «una nueva dinámica de aplicar criterios morales respecto a la sexualidad».

La coordinadora del grupo de prostitución de APDH-A, Estefanía Acién, critica la «hipocresía» que se esconde detrás de estas medidas, que «no buscan resolver lo que en algunos casos son situaciones de explotación», sino «apartar a las mujeres de calle sin dialogar».

«Las prostitutas existen y cada vez más personas recurren a ellas», asegura Acién. «Hay que aceptar la realidad y gestionarla», defienden desde APDH-A, para concluir que «la solución está en «fomentar cauces de negociación para el uso del espacio público». Es decir, «negociar espacios, horarios y tratar a las prostitutas como personas».

El 95 por ciento de las mujeres con que trabaja APDH-A son «inmigrantes que utilizan la prostitución como medio temporal de subsistencia hasta conseguir la normalización de su situación». Por otro lado, están las mujeres –como el colectivo Hetaira, de Madrid– que defienden «la capacidad de elección y critica la injusticia de que se las juzgue sin cometer ningún delito». «Mientras se utilice la palabra puta como insulto es que las mujeres no tenemos la misma libertad», resume Pro Derechos.

La ordenanza sevillana comulga con las medidas que ya se aplican en Barcelona, capital pionera en la regulación de la prostitución callejera. En ambos casos, se persigue al cliente, se preserva al menor de la exposición pública de esta práctica, y se ofrece información y ayuda a las prostitutas.

Las sanciones en Sevilla serán mayores. Y menos duras con las prostitutas, que aquí, de momento, sólo serán avisadas de que no pueden ejercer en público la actividad con la que subsisten. La profesión más antigua del mundo. Las mismas reticencias que en la Biblia se solventaban a pedradas. Mientras llega la normativa, las últimas«magdalenas» de la ciudad todavía regatean a la vida, creen y trabajan en Santo Domingo de la Calzada. Veinte euros, el completo; 3.000 euros, la multa.

Memoria taquigráfica para la democracia

Emilio el hombre de los plenos del ayuntamiento

Emilio, el “abuelo” del Ayuntamiento. Por Manuel Olmedo: http://manuelolmedofotografo.blogspot.com.es/

El bebé más prematuro del mundo nació en 2007, cuando las penúltimas municipales en España; pesó 284 gramos, midió 25 centímetros. La Democracia fue un parto largo, de ésos que llaman «de burra», con una Transición que ahora, instalados en una red de incertidumbres y seres desalojados, tras años con la desmesura del elefante, se antoja efímera como el amanecer en Ecuador. Emilio Díaz Campos tenía 11 años cuando acabó la guerra y «unos meses menos que Sarita Montiel». Ya vivía en San Jerónimo. «No se podía ni hablar». Como el barrio está «cerca del cementerio», se oían «disparos». Recuerda a su madre rezando. Llora más el ateo que el creyente. Tratar de resumir de los albores democráticos a una época sobrepasada de lamentaciones viene a ser como meter la Iliada en un tweet. Con 30 monedas de plata no se iba a ninguna parte. Sin embargo, cuentan que Judas vendió a Cristo en tiempos de los romanos. En tiempos del pelotazo, por muchos millones se hipotecó el sistema. «Al que más y al que menos, se nos fue la cabeza». Roma locuta, causa finita. Este viernes se cumplieron 34 años de los primeros ayuntamientos democráticos.

A Franco le dio un trombo viendo por la tele el Mundial que Beckenbauer ganó a Cruyff en el 74. Desde el 19 de abril de 1979 hasta 2011, nueve legislaturas nos contemplan. En Andalucía, en la primera, el 98,69% de alcaldes fue hombre; en 2007, el 82,86%. Hubo dos listas más votadas: UCD y PSOE, Emilio tenía 51 años; en 2007, el PSOE copó el 63,77% de consistorios, Emilio ya tenía 79. Había crisis también tras la «larga noche de piedra» del Franquismo. Entusiasmo, aquel 3 de abril del 79, con las calles llenas de cartelería, 30 días de campaña, movilizaciones, mítines. La ilusión de las primeras luces. Tierno Galván, en Madrid. Serra, Barcelona. Uruñuela en Sevilla. Después vino el 23F de 1981. «Se sienten, coño». La Democracia, apuntalada por silencios, se levantó. «Cedant arma togae». En arquitectura, las obras maestras suelen ser la solución a exigencias opuestas; como la anatomía de la mujer, que nació de dos necesidades contradictorias: correr rápido y dar a luz.

Aunque Emilio era de Dos Hermanas, de «chico» se vino a Sevilla y ahora, mudanza de pie quebrado o manriqueña, vive en la calle Arroyo. Se le conoce como «el abuelo del Ayuntamiento». Memoria viva. Testigo directo, paciente y silente de cada pleno. Inquilino ocasional en «la casa de todos». Le presentaron a la ministra Pastor y a Cospedal, que le dio «dos besos». «Emilio está más tiempo en el Consistorio que yo», dijo Zoido.

Arroz, pan, garbanzos, tabaco
«Queipo de Llano era muy duro. No lo quería ni el cardenal Segura, que se iba a San Juan cuando venía Franco porque pensaba que no era quién para salir bajo palio». «Y mucha hambre. El dinero no servía. Cartillas de racionamiento, para garbanzos, arroz, pan; y para tabaco». No se votaba ni delegado de clase. Anteayer en la historia. «Con tantas necesidades», le mandan «a estudiar al Colegio de Huérfanos Ferroviarios de Madrid», pero «allí comía todavía peor». El padre de Emilio, José Díaz Rubio, «era jefe de estación en San Bernardo». Se negaba a ponerse el gorrito y «se le conocía porque siempre iba con un sombrero cordobés». El abuelo del Ayuntamiento estudió taquigrafía –«método Pitman»– en los Madriles. Un Día de la Victoria, casi le detienen por copiar el discurso de Franco. Salió de Madrid con 18. Rafael Medina, duque de Alcalá, era el alcalde en Sevilla.

La clase dirigente conoce tres etapas: la edad de la superioridad, la del privilegio y la de la vanidad. Una vez que sale de la primera, se degenera en la segunda y se apaga en la tercera. A los políticos, ahora, les apoya el sindicato de humoristas. Les dan los chistes hechos. Desde la época de Soledad Becerril, Emilio Díaz no se pierde un Pleno. Vinieron Rojas Marcos, Monteseirín y Zoido. Antes, Uruñuela y Del Valle. Recuerda «mejor» las autonómicas, «en las que salió Fernández Viagas». Emilio considera que «hablan, pero a la hora de la verdad…». Monteseirín hizo «mucho bueno y cometió errores». «Le faltó cabeza para las obras». «Y que 11 años pesan». Rojas Marcos y Becerril, «ni fu ni fa». De la marquesa, recuerda «el parque al lado del Consulado de Portugal». Los Jardines del Prado. «La Expo dio mucha vida». Acabó con las colas en la Macarena «de los coches para Madrid con la salida en Carretera de Carmona».

La querencia plenaria de Emilio es un vicio por los debates convertido en virtud ya maduro, cuando colgó el mandil a los 63. Reniega de las «Belenesteban» de la vida. Y optó por pasar largos ratos en «la casa de todos». Primero, en la Diputación y la Casa de la Provincia. Villalobos es «bético y buen amigo» por más que Emilio sea sevillista. Es militante del PSOE desde «hace siete u ocho años», cuando «don Fernando» le dijo: «A ver, Emilio, de centro, nada; ¿tú con quién vas?» Como orador, destaca «a Torrijos». Se queja de que «unos y otros, recuerdan mucho lo antiguo». Espadas le parece «buena gente y bien considerado». Zoido es «muy serio». Recuerda para mal uno de los plenos en los que «Torrijos y el presidente (Landa) tuvieron un agarrón». «Casi se pegan». La pasada legislatura, todos los grupos se pusieron de acuerdo –casi un eclipse en Sevilla– y le entregaron un diploma de reconocimiento. «Hacía más de 20 años que nadie tenía ese honor».

«Pa’bajo que escarba»
Con 85 púas en el DNI, lamenta que «la crisis va a peor». «¿Dónde va a llegar esto?». «Portugal va ‘pa’bajo’ que escarba. Detrás, vamos nosotros». Critica «el exceso de optimismo que vivimos». Con vocación de Pedro, «Zapatero negó la crisis». «¿Peor que en el 39? Qué sé yo. Veníamos de una guerra. Me da miedo». La nieta de Emilio mantiene la tradición ferroviaria del bisabuelo de sombrero cordobés. Similares vías, trenes más rápidos, bonitos, insensibles, sin tiempo para el paisaje –símbolo postmoderno– y que antes transportaban emigrantes con la casa a cuesta y comida en papel de estraza y ahora a los nietos de la Democracia, currículum en mano o PDF. La nieta de Emilio expende billetes en Santa Justa. «Se ha comprado un piso en Sevilla Este. Si la echan, cómo paga», cuenta, con surcos de utopía en la cara. En el 79 –Beckenbauer y Cruyff ya estaban en EE UU– y en el 2013, «las ideas siguen moviendo el mundo» entre las traviesas de la vida. En plena reforma del municipalismo, a falta del cartel de cerrado por derribo, se prepara el de cierre por ruina. Tiempos en los que igual soñamos «por encima de nuestras posibilidades». «Mientras escampa», Emilio Díaz tira de memoria y hace las veces de taquígrafo contra el olvido. Abuelo del Ayuntamiento, agente del asombro. Faltan dos años para las décimas municipales. «Caminito» se llamaba también el tango favorito de Fernán Gómez.

“La catedral del siglo XXI”

«Fagamos una iglesia tal e tan grande que los que la vieren nos tomen por locos». Sevilla, 1401.

El 27 de marzo de 2011, con cuatro años de retraso y un 70% de sobrecoste, «la ciudad de Sevilla inauguró este espacio siendo su alcalde don Alfredo Sánchez Monteseirín», según reza una placa, con la forma del contorno que dibuja la estructura de «las setas» desde el cielo, en el Metropol Parasol. Según el regidor, con esta obra, «inauguramos la Sevilla del siglo XXI».

La placa, la última descubierta por Monteseirín como alcalde, se ubica en la Plaza Mayor de un complejo, paradójicamente, privado durante, al menos, 40 años; el tiempo de concesión a la constructora Sacyr. En el acto y en su concurrida y particular foto de las Azores –salvando distancias–, en el epitafio de Monteseirín tras tres mandatos, ausentes sus socios de Gobierno de IU, la oposición formada por el PP y hasta las altas esferas del PSOE. Si en la puesta de largo del Cercanías se presentó el ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, José Blanco, para arropar al candidato Juan Espadas, Monteseirín se vio solo en su último acto. Ni presidentes, ministros ni consejeros. Apenas el subdelegado del Gobierno, Faustino Valdés, y socialistas próximos como Evangelina Naranjo o Carmen Hermosín, en su condición de amigos. Tampoco estuvieron los ex delegados de Urbanismo Emilio Carrillo y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, impulsores, junto a Monteseirín y el presidente de la Agrupación de Interés Económico, Manuel Marchena –que estuvo, faltaba más–, de lo que denominan «la catedral del siglo XXI».

Más de 123 millones de coste en un proyecto que ha consumido fondos con voracidad de oca y continuos retrasos y cinco fechas de culminación incumplidas, probablemente, tienen la culpa de tanta ausencia. El amargo don de la promesa y la lacerante soledad en la muchedumbre, se llaman las películas. Pese a todo, Monteseirín –«dos medias verdades no hacen una verdad», dijo Multatuli (etimológicamente «he sufrido mucho»)– defendió que con el Metropol «se respetan los restos arqueológicos, el mercado –‘olvidado tras 30 años de indolencia’, dijo, doce de ellos con él en el cargo, por cierto–y se recupera un espacio público, con la financiación del sector privado». Sí, «con la financiación del sector privado», insistió. Tal cual. Con el desahogo de quien no gasta ni chistes. Como si la extinción del 40% de los fondos de la ciudad para su desarrollo urbanístico en una década, como si 65 millones en subvenciones a fondo perdido, no repercutieran en los futuros proyectos ni hubieran salido del bolsillo del contribuyente.

Monteseirín también defendió que las «setas» en «sólo un año cubrirán la inversión acometida» –123 millones, que se sepa, nos contemplan–, repercutiendo en el turismo, los hoteles, la hostelería y la imagen y proyección de la ciudad. «El proyecto se comenzó en una época de bonanza económica. Ahora estamos en crisis y es cuando más se necesita para crear empleo», aseveró, ofreciendo una receta –él, que es médico– para la recuperación económica con aires a la prescripción de los galenos del siglo XIX, que usaban la sangría y las sanguijuelas para sanar, cuando muchos –se decía– «morían de médico».

El alcalde defendió que la «arriesgada obra» no es «un capricho» suyo. A los que le preguntan «por qué», se limitó a responder «y por qué no» y recurrió al discurso de que «el pasado y el inmovilismo no traen bienestar», citando a Felipe Benjumea tras recibir el Premio Sevilla Nodo Entre Culturas. «Hubo un concurso, con un prestigioso jurado, y ganó la increíble idea de Jürgen Mayer –‘un macareno nacido en Berlín’–», defendió; obviando que el Parasol nació sin proyecto ejecutivo y que durante casi tres años la corporación ocultó que no sabía cómo abordarlo, algo que sólo logró saltándose las indicaciones del Consejo Consultivo y reduciendo su escala.

El alcalde agradeció «a los que han creído» y «a los que han mantenido una distancia» hasta ver los resultados. Sobre lo que llamó «sevillanía rancia» no dudó de que «hará este espacio suyo, como las peatonalizaciones, el carril bici o la Plaza de España» y pidió que «no tengan miedo a cambiar de opinión». «Será uno de los lugares más sevillanos de Sevilla, símbolo secular de la Sevilla eterna», que abre otra era. Algo así dijeron un día del Titanic. También pidió «disculpas» por «las obras y los retrasos».

Monteseirín dijo adiós con una obra colosal, «la catedral del siglo XXI», en un día como de boda pero con iluminación de entierro. Decía Bergamín que «sólo el toro puede juzgar al torero». El tiempo juzga a los dirigentes y dirá si el alcalde más longevo de Sevilla, como el obispo Waleran de «Los pilares de la tierra», subió a las alturas sólo para caer o de verdad inauguró una nueva era.

«A la sombra» que proyecta la Encarnación

El Metropol, que algo tiene de panal, se inauguró el mismo día que en 1987 Cela recibió el Príncipe de Asturias por obras como «La colmena». El del 27 de marzo de 2011 no fue el del discurso del 13 de mayo de 1940 en el estreno de Churchill en Gran Bretaña; ni el del 19 de noviembre de 1862 de Lincoln en Gettysburg; ni el de febrero del año 4 a. C. de César tras cruzar el Rubicón; pero algo tuvo del de Marco Aurelio ante el cadáver de Julio César -este alcalde ya huele a muerto (político) o, quizás, era el olor a pescado en el Antiquarium, procedente del mercado- y del de Napoleón a la sombra de las pirámides, de las «setas» de la Encarnación en este caso. Tantas críticas como visitantes recibió el Metropol en su apertura, con pintura aún fresca. Así es Sevilla. También un 27 de marzo «Forrest Gump» se alzó con seis Oscar. Un tonto o un ejemplo. Según. Monteseirín se despidió en la obra que tantas dificultades le ocasionó. Su legado. «El mayor riesgo es no asumir ninguno», dijo, solemne, citando a Juan Ramón: «Tira la piedra de hoy, olvida y duerme. Si es luz, mañana la encontrarás, ante la aurora, hecha sol».