“Adopta un reportero”: retazos de una especie en peligro de extinción

olmedo

El tatuaje de la Leica M3 del 62 de su abuelo, en la diestra, le delata y esconde en tinta el cruel recuerdo de «la felicidad» hecha cámara. Un vestigio del pasado. Cualquier tiempo pasado fue anterior pero no necesariamente mejor («que también»). Un tratado del oficio de mirar y ver. De detener el tiempo en un mundo que no para. La contradicción de una foto. La antigua alquimia de encerrarse en un cuarto oscuro y parir la luz. Un proceso, un parto, ahora reducido al duelo frente a la pantalla de retina de un ordenador. «Lo único que nos separa de la muerte es el tiempo», decía Hemingway. Lo único que detiene el tiempo es una fotografía. El retrato de un instante enmarcado en una ilusión de eternidad.

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Lo que W. dejó escrito a Afortunado Obama

bushnapoleonDe 43º a 44º:
Aquí te dejo el chiringuito. A ver cómo lo haces. Como has dicho en el discurso de investidura, hace 60 años a tu padre no le hubieran servido en un restaurante. Y ahora estás tú al frente de la Casa Blanca. Un negro en la Casa Blanca. Manda güevos. Si la hicieron hace tres días esclavos negros (de mierda, con cariño texano) como tú.
Hasta ahora he procurado parecer simpático contigo, pero ya me da totalmente igual, “Afortunado”, que eso me han dicho que significa Barak en las lenguas esas africanas. (¿Y dónde coño estará África?). Si encima andas por ahí poniendo como ejemplo de no sé qué a España, ese país gobernado por socialistas. Si McCarthy levantara la cabeza… En cualquier caso, pronto volverá Ansar. Lo contento que se ponía el chavalote con una foto o una palmadita en la espalda. El bigotito se le ponía derechito y todo. Sigue leyendo

Millennium (II): El plumilla que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

La esencia de la vida consiste en ir hacia delante. Dar marcha atrás no es viable. El pasado, como decía Soledad Villamil en “El secreto de sus ojos”, no es mi jurisdicción. “Me declaro incompetente”. Adelante, siempre. De derrota en derrota, hasta la victoria final, como dijo Ho Chi Minh o el Che o vaya usted a saber. (La frase le pega a Silvio, el rockero). A trompicones. Como sea. Por inercia. Adelante, siempre.

El periodismo –mayormente el impreso- anda estancado en un bucle melancólico. Las historias que alguien, siempre, todavía, toda/la/vida, ha intentado mantener ocultas permanecen ocultas. No hay medios, ni motivación, para llegar más allá de la convocatoria de rigor, del periodismo de agenda, del canutazo o de la rueda sin preguntas. El perro guardián de la democracia apenas es un yorkshire, con su lacito y todo. Un “lamechichi”, que le llaman las malas lenguas. Bastante tuvimos con sobrevivir, podremos escribir en nuestra lápida.

El producto informativo ya siquiera es producto. Se regala en internet. Se copia y pega de un medio a otro, de una agencia a otra. Sea verdad o mentira. El sindicalista Marcelino Camacho, al parecer, se murió la otra noche y resucitó varios minutos después. Muerte súbita, no. Muerte mediática, se llama la película. (Un purista del plumillaje, en otro tiempo, habría contratado a un par de sicarios para cargarse al menda. Todo menos que la veracidad del medio quede en entredicho) Sigue leyendo