La «paradoja naranja»

LA PARADOJA NARANJA

En la anterior campaña autonómica, Rivera ya se presentaba como Prometeo de la nueva Transición e igual citaba a Adolfo Suárez que a Alfonso Guerra. Entonces, Ciudadanos aparecía como un partido de centro pero sus guiños lo situaban en el centro-izquierda, más aún en Andalucía, donde el electorado se sitúa en el centro –30,9% según el Egopa– aunque los resultados autonómicos denotan una clara querencia zurda. En la presente precampaña, sobre todo tras la irrupción de Pablo Casado como líder del PP, la formación naranja, después de una legislatura apoyando al Gobierno socialista de la Junta, ha dado un golpe de timón: un viraje hacia el centro-derecha. La paradoja naranja radica en que, estadística y matemáticamente, para una formación que predica la necesidad de «un cambio» después de 40 años de gobiernos socialistas, toda posibilidad de alternancia en la Junta pasa, ante la imposibilidad empírica de una mayoría absoluta, por captar votos en el caladero del PSOE-A y Cs, usando un símil muy del gusto de Rivera, ha tirado la caña al caladero popular. La suma Cs-PP, de producirse un trasvase de votos de un partido a otro, resulta inocua ante la fortaleza del suelo electoral de la formación de Susana Díaz. «El antílope no necesita ser más rápido que el depredador para sobrevivir. Le basta con ser más rápido que los otros antílopes», reza un proverbio africano.

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Susana Díaz y el mito del pebetero olímpico (“¿Velaske, yo soy guapa?”)

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Antonio  Rebollo, retratado por Efe, grabado en la memoria de una generación. Foto de Efe.

La luna, según los astronautas que estuvieron allí, huele a pólvora quemada. Igual que la sede de la calle San Vicente la noche del 2D o la de Génova y San Fernando a la caída del sol este 28A. El clásico bipartidismo cae al 51,4% en Andalucía –13,3 puntos menos que en junio de 2016, con una pérdida de casi 405.000 votos– y queda bajo la lupa demoscópica, por diversos motivos. Unos por el fracaso sin paliativos y sobrepasado de lamentaciones, caso de Génova; otros por un éxito sobrevenido que plantea cuestiones con mar de fondo. El Gobierno andaluz cierra filas a pesar del «sorpasso» de Cs en la comunidad -aunque en lontananza se oye el galope de Abascal amenazando con no apoyar los presupuestos- y Ferraz mira de reojo a Susana Díaz, todavía «enemiga» necesaria al menos hasta que las próximas elecciones municipales y europeas confirmen la ruta de las especias que emprendió Pedro Sánchez, al que en Alemania llaman “el guapo”, siguiendo los cantos de sirena de Pablo Iglesias, cual Magallanes y Elcano. La ex presidenta de la Junta se aferra al mito del pebetero olímpico. La noche del 25 de julio de 1992 pasadas las 22:38 horas, un arquero paralímpico,  Antonio Rebollo, lanzó una flecha en llamas en el Estadio de Montjüic. Milésimas de segundo después, el pebetero ardió en llamas. El mito y la inocencia defienden que efectivamente Rebollo alcanzó a acertar, con su flecha en el momento y el lugar exactos, su objetivo. La razón, prima hermana de la malicia, atribuye a la técnica mecánica aquella proeza. Se pulsó un botón y el pebetero ardió mientras la flecha, en expresión de la abuela de Sara Arguijo, “sabe Dios dónde andará” y unos operarios la buscaban allende la montaña mágica de Montjüic. De hecho, por aquella época, “Quién sabe dónde” era un programa de gran éxito. El botón estas elecciones ha sido la fábula de Pedro y/o el lobo. Al final, pudo más que el “efecto Vox” su contraefecto. “El defecto Vox”. Susana Díaz defenderá que en Andalucía ella lanzó la flecha en llamas y ardió el pebetero. 

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El “iscosistema” en el Parlamento andaluz y la melva canutera

Anda el personal alterado ante la posibilidad de que Vox juegue un papel preponderante en el Parlamento andaluz esta XI Legislatura a punto de arrancar. Ciudadanos hace como que se echa las manos a la cabeza cuando se entera de que Juanma Moreno se ha tomado un café en el Alfonso XIII con Francisco Serrano, líder de Vox en Andalucía. Cabe recordar que para que “el frente del cambio” logre el objetivo de desalojar al PSOE de la Junta tras 36 años de gobiernos socialistas, necesitan, al menos, el voto de cuatro de los doce diputados de Vox o el apoyo súbito del propio PSOE o de los aficionados a la autocrítica “pero sólo un poquito” de Adelante Andalucía. El escenario en el Parlamento se asemeja a la situación que describía Diego Torres -probablemente el periodista que mejor fabula de España y Argentina- durante el pasado Mundial en relación a Isco Alarcón. Al juez Serrano, de nombre Francisco como el futbolista de Arroyo de la Miel, se le achaca también que “cuando baja al medio, no es para jugar rápido con balón y moverse, sino para trasladar y frenar el juego”. Dentro del propio vestuario, según Diego Torres, los galones a Isco -que, por otro lado, estaba desarrollando a la perfección su juego hasta que de unas semanas a esta parte ha entrado en barrena- motivaron las críticas por el paso del juego de toque rápido de la España del tiki-taka a una posesión más densa que conlleva una horizontalidad excesiva que algunos denominan tiqui-tuqui. Es decir, el juego de Isco implica, para bien o para mal -y en función del partido- que todo pase por él. Exactamente como pasa con el juez Serrano en el Parlamento.

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