Después de “Pura” y detrás de “Dexter”

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Como el matemático que pasó su vida buscando el origen del cero, Alejandro Lobo y Rafael Melgar, fundadores en 2016 de «35 Lobitos», viven en un caos sincronizado buscando localizaciones entre campos de girasoles y dando forma a la influencia en retales de Bukowski, Woody Allen, Billy Wilder, Almodóvar, Amenábar, Alberto Rodríguez, Tarantino o León de Aranoa. Consiguieron recientemente el primer premio al mejor cortometraje de RNE con «Pura» y la productora anda embarcada ahora en «Every 75 minutes».

Lobo y Melgar lideran una empresa de producción audiovisual especializada en la creación integral de spots publicitarios, vídeos musicales, documentales y ficción. Después de varios años trabajando juntos en cortometrajes de amplia trayectoria por festivales, como «La suerte del inocente» (2008); y «Changüis» (2013), donde se adentaran en «Lolo y Manué», dos parados de larga duración; llegó «Pura (hasta la ‘sepoltura’)» en 2015, su consagración en el mundo del corto. Destacan, asimismo, los spots de Padelquivir y “Perros de globo” para El Club del Parque. La sala Berlanga de Madrid acogió el pasado julio la entrega del premio del VIII Concurso de Cortos RNE a Alejandro Lobo por su trabajo «Pura», galardonado entre 116 propuestas. Pura es el biopic de una señora que se ha pasado la vida limpiando la sangre de los demás. El jurado estuvo compuesto por ilustres como Paco Cabezas, director y guionista; Candela Serrat, actriz; Xosé Luis García Canido, director general de la Fundación Autor de la SGAE; Pilar García Elegido, directora de la Semana del Cortometraje de la Comunidad de Madrid, y Yolanda Flores, directora del programa «De película» de RNE.

Alejandro Lobo (Sevilla, 1980) se pasa los días entre Jerez y Sevilla, vía Renfe. De día trabaja en una oficina del Inem jerezana, inspiración social constante. El resto del tiempo, se imbuye en el mundo del cine. Rafael Melgar (Sevilla, 1984), inserto también en una «doble vida», a turno partido ejerce en la taquilla de Cinesa Camas. La vida al margen de la pecera del cine es un alegato a Ed Wood entre estanterías llenas de blu-rays y cintas y figuras de temática de terror y gore, a lo Norman Bates de Camas. Las producciones de «35 Lobitos» cuentan con un marcado acento social y tintes de humor negro. Rodada en Prado del Rey (Cádiz), «Pura» es una suerte de Cándida de Gomaespuma con un trasfondo «Behind Dexter». El corto arranca con el silbido de un café hirviendo y la protagonista con una camiseta de «I Love New York». La historia de Purificación García, que «quería ser ‘‘sepolturera’’». «América es una ciudad maravillosa», dice María Vázquez, la protagonista. Un corto creado para el concurso «Cuenta Tres» de microguiones: tres minutos, tres personajes, tres localizaciones, que se fue de las manos a la imaginación, cabalgando en un imaginario que fusiona, en palabras de su director, «Amèlie», «Solas» y «Dexter». «Pura» fue seleccionada para el Festival de Cine Europeo de Sevilla, donde fue presentada. A María Vázquez la encuentran «en un taller de teatro de Prado del Rey», con «más de 80 años y más aguante que todo el equipo». «Para vivir un año es necesario morirse muchas veces», escribió Ángel González. Alguien se tiene que ocupar de la sangre «y la mugre». Y ahí está Pura. Un corto que pide a gritos un largo, con la base de la vieja historia de Scherazade. El desenlance, en este caso con BSO de Pablo Cervantes y «El Emigrante» de Juanito Valderrama, pide respuestas en el tiempo. «Nunca nadie perdió dinero subestimando la inteligencia del público estadounidense», señaló el periodista H. L. Mencken hace un siglo. Sin dar la espalda al espectador, «35 Lobitos» narra las historias que les gustaría que les contansen. «Un corto, como formato, es algo que te permite, por una parte experimentar y por otra aprender», señala el director, señor Lobo sin «Pulp Fiction». La actriz Candela Antón –Berta en «Merli» (TV3)– es la última incorporación al proyecto «Every 75 minutes», que empieza a rodarse este mes en Carmona, con dirección de Borja A. Ortiz. Del realismo mágico a la incursión en el terror. Sin saberlo, el personaje de Tarantino ya definió el cortometraje: «Estoy a veinte minutos de allí. Llegaré en diez».

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