“A Andalucía si gobierna Ciudadanos no la va a conocer ni la madre que la parió”

Ciudadanos ha convertido el hotel de las primarias de Susana Díaz contra ella misma, previa elección dactilar de Griñán, en su fortín de campaña. Al lado,  una inmobiliaria anuncia: «Los naranjos de Marbella es tu elección». Cuando el azar –o el destino– se pone, imita los guiones de Rafael Azcona.
«Los naranjitos», como los bautizó el popular Rafael Hernando, de entrada, se diferencian de PP y PSOE en una serie de aspectos obvios para los sentidos. En sus mítines ni se chilla ni se suda. Es más, hay hasta escaleta, sobre la que se improvisa. Un millar de personas se congregaron ayer, por sus  medios y sin que conste débito salarial alguno. A la salida, el único autobús que esperaba era el del Elche, que jugaba con el Sevilla por la tarde. España ha vuelto a las arrobas como unidad de medida y al discurso de la Transición. El líder de C’s, Albert Rivera es un híbrido entre Adolfo Suárez y Pablo Alborán. Él mismo recordó al delegado del Gobierno, Antonio Sanz, sin caer en el estribillo fácil de «Y tú, y tú, y tú» más, que su madre  también es de Málaga. La sintonía de C’s, empero, tiene un aire a la serie de los 90 «Sensación de Vivir». Rivera es el Brandon que toda madre quiere como yerno. Juan Marín no pasa por Dylan pero sus maneras capilares pueden sustituir en el Parlamento el hueco dejado en este aspecto por Diego Valderas. Marín gasta el mismo desparpajo que Manolo García sobre un escenario. Quietud de hombre tranquilo. Testimoniales fueron las intervenciones de Javier Millán, candidato a la Alcaldía de Sevilla, e Irene Rivera, número 1 en la lista por Málaga, piloto de helicópteros, «mayday, mayday». Tomó el testigo Javier Nart, abogado, europarlamentario, fajado en debates televisivos y «Crónicas Marcianas». Nart –chaqueta de pana, reminiscencia de sus tiempos del PSOE de Tierno Galván– también corresponsal de guerra, dispara con vocación de Rambo en Vietnam. «En la guerra la primera víctima es la verdad. En las campañas, el respeto a la ciudadanía». Nart explicó que en los mítines se apela «a sentimientos primarios» pero no se llega al «qué y al por qué». «La lucha contra la corrupción -en Andalucía– ni está ni se la espera», censuró, para hablar de un «franquismo sociológico» en la comunidad y del «España soy yo» de Susana Díaz. Nart ahondó en un «cacicato de fuerzas de izquierda que hacen una política de derecha» y «una ciudadanía captada» a través de subvenciones. «El PSOE es el partido del régimen. Hace falta un golpe de timón serio» y «no pensar con quién se van a liar para seguir haciendo lo mismo. Con nosotros, no, jamás, nunca». Nart, con la Cabalgata de las Walkirias en su cabeza y la mirada del Coronel Kurtz, también agradeció al  PP que le esté «haciendo la campaña», dándole la bienvenida «a Esquerra Republicana» al «señor Floriano, Hernando y a Antonio Sanz». «Ciudadanos, los ciudadanos, tiene la llave», concluyó el eurodiputado del matarile diálectico. «Me encanta el olor a napalm por la mañana», el coronel Kilgore en «Apocalipsis Now».
El candidato Juan Marín abogó por «reformar los que no ha funcionado». «Los investigados, como dicen ahora, a la calle». El fin de los aforados, listas abiertas, limitación de mandatos son otras de las recetas del  candidato de C’s, quien, con la querencia de secundario de Manolo Gómez Bur, espera, tras cinco días de campaña,  dar «un paseo por la playa de Sanlúcar para despejarme». «No hay nada más poderoso que la papeleta para cambiar las cosas. Si no créeis en el cambio, votad a otra fuerza», finalizó, añadiendo que no van a pactar «con quien no lleve las reformas que planteamos». Marín ya gobierna en Sanlúcar con el PSOE.
«No os pido una sociedad de gente cabreada, os pido una sociedad de gente feliz», arrancó Albert Rivera, el líder de C’s, de quien pudiera parecer que cuando nació le hubieran dicho a sus padres: «Enhorabuena, han tenido un candidato». «Viene una nueva era», explicó, tras referirse al 15M ,a una «nueva Transición» y «un renacimiento civil». Rivera, que no vino al mundo con un pan debajo del brazo sino con una americana a medida puesta, aboga por «gente que no sólo protesta sino que propone». La palabra «país» pasa por la favorita del líder de C’s. «No me gusta perder ni al parchís. Esto no ha hecho más que empezar. Ser la tercera fuerza es posible», arengó, sin alzar la voz, si desprender una gota de sudor, gustándose al punto de explotar los recursos como «hijo de comerciantes» acostumbrado a debatir consigo mismo ante el espejo, como el Gran Gatsby. «Igual gobernamos y no somos sólo la llave». Entonces tiró de clásicos: «Tengo un sueño -«I have a dream»–: cambiar este país. Y no se puede sin cambiar Andalucía, que es la tierra de Alfonso Guerra, gran orador y muy buena cabeza», encargado, recordó, de la campaña del 82 –«Por el cambio, el PSOE; «El cambio en Andalucía», C’s ahora– en la que arrasaron los socialistas. Entonces, parafraseó a Guerra: «A Andalucía si  gobierna C’s no la va a conocer ni la madre que la parió». «La vieja política aún piensa en pactos, en ofrecernos sillas. No tienen nada que ofrecernos para que esto siga igual. Ni cargos, ni dinero, ni paguitas. España necesita un plan y C’s es la palanca del cambio».  «¿Serán humildes y entonarán el ‘mea culpa’? Si no, no hay nada que hablar. Oposición dura y a por ellos». También citó como líneas rojas «el fin del aforamiento –«no sólo que dimitan Chaves y Griñán»– y un pacto nacional contra la corrupción» con PSOE, PP y Podemos, del que dijo que, a diferencia de ellos, «no vamos contra nadie». «Como en el 77 y el 78 hacen falta líderes de la reconciliación, gente de Estado, estadistas, no políticos al uso. Ustedes son nuestros jefes», señaló con guante de seda el líder de Ciudadanos, el yerno de todas las madres de España, posible llave de la Junta, Prometeo de «la nueva Transición».

El Comando Abuelita

Llevo varios días tratando de convencer a mi madre.

Mi madre, al parecer, tiene un arsenal de medicamentos en un armario del cuarto de baño. Varias cajas de paracetamol, dolagial, ibuprofeno, nolotil y alguna otra cosa.

Lo descubrí el otro día. No me había percatado de ello hasta que escuché a los honorables ministros de nuestro Gobierno comentando que la cosa está muy mala, que es insostenible este sistema y que las peligrosas abuelas -siento confesar que mi madre es una de ellas- que guardan, perdón, que almacenan, varias cajas de medicamentos por los cuales, hasta ahora, no han tenido que pagar nada “a tocateja” en las farmacias son responsables directas, perdón, culpables, de esta crisis que tiene a los servicios de Cáritas “acolapsados”, que diría el otro.

Escuché a los ministros con su sabiduría y su buena voluntad inquebrantable y lo comprendí. Vi la luz. No puede ser. No puede ser que señoras como mi madre -integrantes del Comando Abuelita- cobren ese impuesto revolucionario a los contribuyentes. Es más, sin saberlo, quizás, el Comando Abuelita sisa en aspirinas hasta a ellas mismas, que también son contribuyentes de esta España grande y libre con su retención más o menos proporcional a su soldada de menos de 500 euros al mes tras una vida trabajando desde los 13 o 14 años, que se ve que mi señora madre fue una privilegiada y no entró a servir a los señores hasta esa edad, y hasta pudo aprender, mal que bien, a escribir y leer en una escuela en la que los niños estaban separados de las niñas, como dios manda, que, ya se sabe, a las niñas las carga el diablo.

Me senté muy serio con mi madre y le transmití, en un ejercicio de lealtad institucional y patriotismo, la necesidad de que entregue las medicinas. Sin condiciones. Como gesto de buena voluntad hacia los mercados.

El arsenal estaba compuesto por dos cajas de ibuprofeno, otro par de paracetamol, media de dolagial y otra media de nolotil y amoxixilina, o como se escriba.

Espero que nuestro fiel Gobierno sepa comprender la ausencia de mala fe por parte de mi madre, que nunca imaginó que tener un par de cajas de paracetamol en casa fuera delito y que, mayormente, las guardaba para tener que ir al ambulatorio las menos veces posible a por una receta, que la mujer ya tiene una edad, la columna vertebral con más curvas que el cuerpo de Shakira y las piernas pa’ el arrastre.

Mi madre nunca imaginó que formaba parte del Comando Abuelita y que estaba arruinando al mundo global. Le expliqué lo de Lehman Brothers y sintió la culpabilidad de los más de cinco millones de parados de este país y del quebranto de Europa, pese a que sin su ayuda, yo mismo, estaría durmiendo debajo de un puente al tratar de vivir por encima de mis posibilidades, comprarme un piso en el extrarradio del extrarradio, con una peñita como único servicio público en la zona, sin jardines ni piscina ni zona común pero con un fantástico huerto vecino, junto a la SE-30, grandes vistas, donde cantan gallos, y firmar un préstamo contando con unos ingresos mensuales que me serían rebajados por el bien común alrededor de un 30% y acabar con una hipoteca con la vocación ascendente del miembro de Nacho Vidal. Le expliqué, además, que mi padre, un afortunado porque en lugar de empezar a trabajar con 13 o 14 años empezó a currar con 9 o 10 y tiene la suerte de tener más años cotizados y contar con una pensión de alrededor de 700 euros al mes, podía quedarse al margen de este turbio asunto porque las recetas, aunque fueran para la unidad familiar en ocasiones, solían estar a su nombre. Mi padre siempre tuvo un aire de estadista, y probablemente por eso, el resfriado lo combatía con un carajillo con el café de la mañana. La vieja escuela.

Aparte de entregar las medicinas, por supuesto -nada de tregua temporal de medicamentos y cosas así, entrega sin condiciones por el bien de España-, era necesario pedir perdón. Públicamente. Me ofrecí a asesorarle como experto en comunicación. Acredité para ello, la cantidad de horas que trabajo por el bien de mi empresa y de España y lo modesto de mi salario. Es decir, una de las principales líderes del Comando Abuelita de esta nación estaba, aunque ella no lo supiera porque a mí no me lee ni mi madre, ante un profesional altamente cualificado. De los que necesita este país, con dos carreras, idiomas, varios cursos de efepé, diez años de experiencia en el sector, amén de otros trabajos previos -los minijobs tienen muchos años, oiga- para subsistir durante los estudios y, muy importante, mucha vocación. Convencí a la madre que me parió de que personas como yo, hipotecadas hasta las cejas y tirando de crédito el día 10 de cada mes para poder seguir comiendo, es lo que necesita este país. Le expliqué lo de la competitividad de los chinos y su digno ejemplo para los empresarios de este país. Mi madre comprendió que yo era la persona indicada para su vuelta a la normalidad tras años, sin saberlo, en la clandestinidad del Comando Abuelita.

La primera idea que tuve, recordando el digno ejemplo de ese otro abuelito pero en este caso ejemplar que es don Juan Carlos de Borbón, fue mandarla de cacería, a matar elefantes a África o donde sea, romperse la cadera con un amigo alemán de buen ver y, varios días después, pedir perdón. El hecho de no tener dinero para el viaje a África, que mi madre no sepa cazar y que le den miedo hasta los cachorritos de Golden, que a mi padre no le iba a hacer gracia que se marchara con ningún amigo alemán de buen ver y que se rompiera la cadera -para como la tiene, viene a ser lo mismo-, no frenó mi propósito. Sin duda, la idea era genial. Si al monarca español le funcionó, a mi madre también le funcionaría. Desistí de mi objetivo al comprender que no es lo mismo una abuelita cualquiera que un Borbón. Don Juan Carlos salió de la sala del hospital y con once palabras cambió el rumbo de la historia. Ni Marlon Brando lo habría hecho mejor. “Lo siento mucho. Me he equivocao’. No volverá a ocurrir”. El mejor discurso de su carrera. No es fácil decir eso poniendo pucheritos. Los españoles -los de buena fe, los de verdad- con el corazón encogío’. No, no es fácil. Se da la circunstancia de que mi madre, más que a Marlon Brando como referente interpretativo -“Qué bien trabaja”, hubiera dicho- siempre ha tenido como ejemplo a Carmen Sevilla. O sea, que lo de poner pucheros y pedir perdón no iba a colar. Otra cosa hubiera sido dar el cupón. Ahí lo habría clavao’.

La idea por la que me decanté fue, dado que estamos ante una célula terrorista de abuelitas que amenaza el bien de España, la de la declaración formal de rendición. Mesa, bandera en la pared con el emblema del Comando Abuelita y declaración de perdón propiamente dicha. Por supuesto, mi madre debía presidir la mesa, con una media en la cabeza, para no ser reconocida, que las abuelitas, tras entregar las medicinas, tienen derecho a una nueva vida de copago sanitario. Mi madre sugirió un capirote de nazareno en lugar de un pasamontañas o una media.

La cosa quedó tal que así: “Atención. Somos integrantes del Comando Abuelita. Vamos a entregar el arsenal de medicamentos. Somos nuevos en esto del terrorismo. Queremos dejarlo. Entregaremos hasta los prospectos. Viva España, coño. Viva el Rey”.

Finalmente, tras enterarme de que el Gobierno va a donar los mismos 10.000 millones de recorte en Sanidad y Educación -los costes del Comando Abuelita y la kale borroka escolar- a una entidad bancaria y de la dimisión de Rodrigo Rato, su mujer la rata y sus hijos los ratones -homenaje a Gomaespuma-, le sugerí a mi madre que acabara el alegato de entrega de medicinas añadiendo al “Viva España, coño. Viva el Rey” un solemne “Viva Bankia, y olé”. Sin duda, a partir de ahora, los mercados estarán más tranquilos y mi madre, así como todas las abuelitas de España, dormirá más pobre aún, con sus menos de 500 euros de pensión, pero más tranquila. Todo sea por la patria. “No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”. Como complemento al perdón institucional, mi madre y el resto de integrantes del Comando Abuelita procurarán morirse lo antes posible para ocasionar el menor gasto añadido al Estado. Estamos, sin duda, ante un pequeño paso para una abuelita pero un gran paso para la humanidad. El fin de la crisis ya está más cerca.

“Abrázame en tu insomnio”

El PSOE, desde anoche, ya es indivisible como un número primo. De aquí al 22M –puede que incluso desde antes y puede que por durante mucho tiempo- el socialista es ya el “Partido Susanista Obrero Español”. En las últimas elecciones europeas, Almería fue la única provincia andaluza en la que no ganaron. El CIS vaticina que los socialistas crecerán en un escaño en el comanche territorio almeriense, feudo popular y que acoge a Javier Arenas como número 4 de su lista. Susana Díaz eligió el Teatro Cervantes, con un aforo de 500 personas y los gallineros vacíos, para la apertura de campaña. Un sitio recogido, con aires de city hall. A la entrada, una decena de manifestantes con batas blancas protestaron por el retraso del Hospital de Loja. “Vamos a ganar de manera amplia, de manera clara. No me conformo con ganar”, defendió la candidata socialista. Cinco minutos de abrazos y besos. Chaqueta roja. Flanqueada por  Juan Carlos Pérez Navas y José Luis Sánchez Teruel, cuyas alocuciones dieron paso a 35 minutos de mitin de la presidenta andaluza, algo ronca. Susana Díaz realizó un compendio de su programa, incidiendo en la Sanidad, la Dependencia y la Educación y repitió como eslogan “un paso adelante”.

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