El disputado voto de “Los Santos Inocentes”

A mi padre le gusta Karlos Arguiñano. Mucho. Mi madre, que estuvo en el punto de mira del Gobierno, es de la otra mitad de España que piensa que ese derroche de felicidad suyo resulta insultante y que no para de decir tonterías, que parece que está borracho. Parece, dice. Hasta aquí, las dos Españas en mi casa.

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Crónica de una muerte anunciada

La valkirias, los ángeles de la muerte, se posan sobre nuestras ventanas y hasta nos guiñan un ojo, pícaras y putas, mientras tecleamos nuestro teclado sin poder fumar. Primero fueron las olivettis, ahora os toca a vosotros; parecen decir a nuestro luto de pena negra. El canto de los pájaros suena estos días al más triste réquiem de Mozart. Hoy ha cerrado La Opinión de Granada, muriendo de la mano de Francisco Ayala. Pero mañana será Onda Giralda, la delegación de El Mundo en Huelva o La Voz de Cádiz. Las campanas repican y el sepulturero prepara la fosa. Esto no ha hecho más que empezar. La Caja de Pandora, con sus truenos y sus plagas, ha sido abierta. Sigue leyendo

Apadrina un político

Igual que ya mismo es primavera en El Corte Inglés, de un tiempo a esta parte se observa al político de turno pancarta en mano con lemas similares al del anuncio ese que echan por la tele: “regalo abrazos”, “quiéreme”. Ha pasado la época de rebajas y ha llegado la temporada de elecciones en la piel de toro. Por la pasarela del escenario mediático desfilan los políticos de turno, uno a uno, tras la criba previa del aparato (con perdón) del partido para ver si el personal tiene las espaldas lo suficientemente anchas y la cara lo bastante dura para el oficio. Cualquiera no vale pa’ político. Igual que en Cibeles se cuidan de que ninguna niña modelo esté más delgada de la cuenta, en la cosa política se mira y remira que el munícipe tenga vocación de servicio… de servicio al partido y al interés particular, se entiende. Sigue leyendo

La púrpura mortal del César

Sevilla (Andalucía)-Zoido presenta sus propuestas para que las administraciones cumplan su compromiso con Sevilla.18-5-2011.Foto cortesía del PP de Sevilla.

Zoido presentando sus propuestas para que las administraciones cumplan su compromiso con Sevilla. Mayo de 2011, foto cortesía del PP de Sevilla.

El color púrpura fue descubierto por los fenicios y cargado de connotaciones por los romanos. En tiempos de César, un pañuelo de ésos que gasta el director de Fibes, Felipe Luis Maestro –presente en la sala, como José Joaquín Gallardo, Santiago Herrero, María José Segarra y otros representantes sociales–, teñido de púrpura podía costar el sueldo de un mes de un funcionario y, en el siglo III a. C., un kilo de la púrpura de Tiro costaba tres veces el salario de un panadero del corte de Juan Gallardo, el tendero de Su Eminencia, también presente, protagonista de la campaña de Zoido.

Jesús, en un acto de provocación e inconsciencia –que no es lo mismo, pero es igual–, vestía de púrpura. Como después los papas y los cardenales. También fue el color de la toga triumphalis de los generales victoriosos. Zoido, en su día I como alcalde, vistió camisa azul, también la corbata, y traje gris marengo. Su mujer, Beatriz, llevaba un pequeño bolso morado, con ribetes dorados.También vistió el color púrpura Patricia Rato, sobrina del candidato popular que no fue, Rodrigo. En el Salón Colón de la ciudad mariana estaba Mariano Rajoy. Y Susana Díaz, la casi jefa de todo del PSOE andaluz, con permiso del también presente («llamadme Pepe») Griñán. Todo comunica y hay quien se desvela sin, quizás, saberlo.

Cuatro años atrás, el ausente Monteseirín, más cómodo en paradero desconocido –se descarta que estuviera infiltrado entre los indignados–, optó por una corbata roja y habló de «la ciudad de las personas». Igual que la postmodernidad tuvo al Titanic como símbolo de la arrogancia, la «era Monteseirín» tuvo el Metropol. Ricardo III fue el último rey inglés que murió en batalla y el ex alcalde, el último socialista. «Mi reino por un caballo». Poco antes de las 4.360 jornadas y media de Monteseirín como alcalde, un caballo se desbocó en la avenida de San Fernando. Jesús siempre fue en burro y Monteseirín, aunque –dice– va en bici, fue mucho de aviones y coche oficial. Colón también regresó preso en su tercera travesía. Todos los «conquistadores» acabaron mal, con permiso de Arturo Fernández. La arrogancia precede a la derrota. Y la derrota –por más que el Comisionado Jesús Maeztu comentara, tras conversar con el administrador del Betis, Bosch Valero, que «ser del Madrid o del Barça es muy fácil, hay que ir con los que pierden»–, es huérfana. Griñán, que vino a la toma de posesión de Zoido «con voluntad de colaboración», lo subrayó, con reminiscencias a bofetada en forma de teletipo: «No entro en los que no están. Estoy feliz con Espadas».

La victoria sí tiene muchos padres. Tantos como abrazos recibió ayer Zoido, convertido en hombre autoadhesivo, como Monteseirín, a ratos, ciclotimia mediante, cuando no devenía en hombre antiadherente. De «la ciudad de las personas», desde las 19:31 en que Zoido tornó en alcalde, se vira a «la ciudad del talento», previa mudanza a la bancada de la derecha del Pleno. Los de la izquierda también prefieren la diestra. A la franqueza de arponero de la oposición –el «fin de la crispación» que promulgó Espadas quedó en Suárez Palomares empujando la silla de Juan García– respondió el nuevo Gobierno con calma de Buda blanco. Espadas es más de Tomás Moro, de su isla de Utopía, de «otra forma de hacer política».

El discurso de Torrijos tuvo algo de lo que dijo Amaury, el delegado del Papa, en las Cruzadas: «Mátenlos a todos. Ya sabrá Dios reconocer a los suyos». El líder de IU dudó de que el PP pueda diferir del «se privatiza todo». Sólo hay una cosa peor que un comunista, un ex comunista.Dicen. O un converso. Uno que dice y no hace. Uno que habla de igualdad y lucha de clases y vive, legítimamente por supuesto, en Santa Cruz. El Che se pasaba días sin hablar con su mujer, hasta que ésta devolvía algún regalo. La mujer del César y del Che tienen que parecerlo. «Dios ha muerto.Marx ha muerto. Y yo mismo no me siento nada bien». Woody Allen en el salón de Plenos.

Aunque el Ayuntamiento atardeció amurallado, y blindado por policías, la vida no sucedía sólo puertas adentro. En la Plaza Nueva, varios centenares de «indignados» gritaban «No nos representan». A los parados no les gusta comer promesas, mientras esperan un mundo en el que nadie muera de hambre ni de indigestión. Sus gritos, velados en parte por la Banda Municipal, son el epitafio en el aire de que los alcaldes de hoy son los ex alcaldes de mañana y, por más que Rajoy y Griñán defendieran la participación en las urnas, una botella de náufrago. Aquello que un esclavo decía al César en la cuadriga camino de sus particulares tomas de posesión: «Memento mori». Recuerda que eres mortal.