El «principio de parsimonia» en la Audiencia de Sevilla

El 13 de diciembre de 2010, Griñán, como presidente de la Junta, y Rubalcaba, como vicepresidente del Gobierno, cerraban acuerdos sobre Doñana, viviendas y chiringuitos. Siete años devoran todos los espejos y hace añicos las garnachas. Ahora, el ex presidente autonómico, junto a su predecesor en el cargo, Manuel Chaves, y otros 20 ex altos cargos de la Junta se sientan en los bancos de la Audiencia como investigados en la pieza del «procedimiento específico» del «caso ERE», para dilucidar si las ayudas sociolaborales y la partida 31L, el llamado «fondo de reptiles», eran una suerte de «chiringuito» desde el que se hilaba la tela de araña de la red clientelar de la administración. El grueso del juicio queda pospuesto a partir del 9 de enero. El «turrón» del «caso ERE» se dirimirá tras los polvorones de Navidad y la digestión se vislumbra pesada. Tras tres jornadas, queda para la historia la imagen de un Consejo de Gobierno en la bancada de los acusados y la aparición en escena de la principal instructora de la causa, Mercedes Alaya, poniendo en cuestión, con la pálida querencia de Clarise M. Sterling ante el doctor Lecter, lapsus incluido, hasta la propia independencia judicial. «No parece prudente ni sensato que un juez ponga en cuestión de forma corriente la independencia de jueces de otros órganos jurisdiccionales; ni que envíe al público opiniones subjetivas sobre un juicio actual de cuya instrucción ella se ocupó», concluyó el abogado de Griñán, José María Mohedano, quien comparte apellido con la titular original del título de «la más grande» con el que en su día apodaron las partes a la jueza Alaya.

Chaves y Griñán presentaron un perfil machadiano en las primeras jornadas: «en paz con los hombres y en guerra con sus entrañas». Ambos se llevan un año y un mes de diferencia y se sentaron juntos y en primera fila (con Francisco Javier Guerrero a sus espaldas, quien engatusaría hasta a Churchill –«Me gusta un hombre que sonríe cuando pelea»– aunque él sea más de Marlboro que de Winston y hasta en la sala le ponía ojitos al paquete). El desangelado paseíllo por el Prado de San Sebastián rememoró el sepulcro de Mozart. Por no acudir, no estaba ni un clásico de los casos mediáticos como el Mocito Feliz buscando chupar cámara. Sólo una espontánea en pijama y bata rosa rompió la frialdad de los cementerios en la zona el primer día de juicio. Para Chaves, la Fiscalía pide diez años de inhabilitación, a lo que la acusación popular que ejerce el PP añade dos de cárcel y doce más inhabilitado. Para Griñán, seis años de prisión y 30 de inhabilitación (ocho de cárcel y 42 de inhabilitación piden los populares). A la izquierda de los ex presidentes, se sentó Gaspar Zarrías completando la nómina de los, durante dos décadas, tres tenores de San Telmo. Al modo de Van Basten, Rijkaard y Gullit en el Milan de Arrigo Sacchi frente al más duro catenaccio al que jamás imaginaron enfrentarse. Las defensas apelaron en sus escritos al «principio de parsimonia», que establece que la respuesta más sencilla suele ser la más probable, como antídoto a las teorías de la conspiración. Como el gol de Koeman en Wembley, según Stoichkov (quien también le daba a la nicotina, como Guerrero), «la jugada no estaba ensayada». Chaves y Griñán insistieron en que ni podían conocer ni conocían el fraude. Por la defensa del interventor, se recordó que Manuel Gómez emitió todos los informes pertinentes. Las defensas también defendieron que una ley, por definición, «es legal» y la acusación, por tanto, «absurda». Las tres primeras jornadas se centraron en la lectura de los escritos de las partes, interminables como un grupo de WhatsApp de padres organizando los trajes del Belén para el colegio. Cuando el magistrado Calle Peña trató de recuperar tiempo a modo de árbitro en el descuento, las agendas de las partes se declararon indispuestas.

Seis lámparas de araña, 60 bombillas de vela; tres plasmas; una cámara de TV al frente y otra a la espalda; el escudo de la nación sobre un marco que trata de emular un corazón; unos sillones que pudieran parecer, por el tiempo y las circunstancias, los de la Santa Inquisición; una bandera de España, otra de Andalucía; cierto olor a naftalina; ocho periodistas en la sala de vistas y decenas en la de prensa; una decena de estudiantes de Derecho; 22 acusados, las correspondientes defensas; y los magistrados; en definitiva, la Sección Tercera de la Audiencia y los libros de historia aguardan para la resolución del mayor caso de corrupción de Andalucía (741 millones presupuestados en una década, 80,4 en entredicho), del que aún no ha culminado ni el prólogo. En las paradas de bus cercanas al Prado de San Sebastían se anuncia el estreno en el Maestranza de la ópera «Alí Babá y los 40 ladrones». Crítica y público aguardan.

Sevilla 14-12-2017 Segundo dia del juicio de los EREFoto: Manuel Olmedo

Chaves y Griñán, con Guerrero y el interventor Manuel Gómez a sus espaldas. Foto de Manuel Olmedo

 

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“Lo benigno” de “los días señalaítos”

El Puente de Isabel II presume recreándose con su reflejo sobre el Guadalquivir. Por San Jacinto, la gente comenta a sus convecinos que esperan verlos, como cada año. Carteles en los bares, en Pagés del Corro, en Alfarería… Los turistas que pasean por las calles perciben en el ambiente que algo sucede. Esto es Triana. Y Triana está de Velá.

El histórico barrio hispalense vive en fiesta, desde la calle Betis a la Plaza del Altozano. Teatro, actuaciones musicales, concurso de baile por sevillanas, ciclo de cine, cucañas sobre el río, concurso libre de pesca fluvial, certamen de cerámica, trofeo de fútbol sala y balonmano playa, la clásica ciclista y los tradicionales cultos en honor de la Señora de Santa Ana componen, a grandes rasgos, el programa de actividades.

Un sendero de luces y farolillos guían al transeúnte desde el Puente de San Telmo, de aspecto serio y solemne, hasta el alegre Puente de Triana, vestido de luces y faroles. Entre ambos, una veintena de casetas, ataviadas para la ocasión, preparadas para la alquimia de mutar la calma de la tarde, al abrigo del río, por la «alegría» del gentío sediento de conversación y fiesta. Porque Triana es eso. La Sevilla más íntima. El sentimiento que guardan los recovecos de las calles. Un gran dolor milenario escondido tras una sonrisa. Melancólica alegría. Y alegre melancolía.

Puestos de churros y chocolate; avellanas verdes; gente expectante tras el monumento a la Gitana, recelosa este año de que sea el torero el que salga en todos los carteles, altivo, en el Altozano; sardinas asadas. La estampa de la Triana de la Velá y de la Velá de Triana. «Vamos al bicheo», exclama un vendedor en su puesto.

Otro de los puntos de interés se localiza en el epicentro de la calle Betis. La tradicional cucaña ocupa la atención del personal y los curiosos se agolpan para ver si los concursantes consiguen hacerse con la banderola. La mayoría acaba en el río, con el «uy» del público de banda sonora y la risa cómplice de quienes observan.

En la calle Pureza, en el templo de Santa Ana, cientos de fieles se congregan en el templo del siglo XIII, el más antiguo de Sevilla. El olor a incienso acrecienta la prisa de retrasadas devotas que llevan a sus nietos, vestidos de domingo, a continuar con la tradición familiar, como años atrás hicieron los abuelos que ya no están. Saliendo de Pureza, los ojos chocan de frente con el conjunto casi onírico que forman el Guadalquivir, la Giralda y la Torre del Oro. Entretanto, el río reluce y deslumbra a la espera de la noche en que esconderse, ayudado por el ocaso de este suave sol de julio, como si fuese unos ojos verdes emocionados a punto de romper en llanto. Entonces, el sol se esconde.

El fresquito de la tarde hace que, poco a poco, la Velá vaya desperezándose y despertando. Las tranquilas tardes dejan paso a noches de bullicio y desenfreno. Comienzan las horas mágicas de «los días señalaítos». Ayer tocó Júnior en el cierre de fiesta, tras dos años alejado de los escenarios por enfermedad, y las calles estaban llenas de gitanas guapas, pequeños raperos, estética cani, sevillanitos, sevillanos, turistas… trianeros todos de la Velá. La gente en las casetas se preguntaba qué hará este año el Betis, «maldita sea la gracia de ‘donmanué’», y si el Sevilla, otro año más, «sí o sí», va a seguir abonado a viajar por Europa. Esta noche tocan sevillanas, con Albahaca, Los Marismeños, Los del Guadalquivir y Brumas.

«Cerrado por Velá»
Más de 3.000 personas acuden cada día a la cita trianera, según el Ayuntamiento. Pablo, el propietario de «La primera del puente», este año no va a trabajar durante la celebración. Ya se quejaba hace un par de ediciones. «Hay más gente por la zona, pero gastan menos en bares». Esta vez, un cartel revela que ha optado por descansar. «Cerrado durante la Velá. Disculpen las molestias». La primera, este año, tiene que ser del Kiosco de Las Flores en adelante.

Los operarios de Lipasam no descansan por fiesta. Doblan los turnos. Los repartidores de cerveza también multiplican esfuerzos: unos 24.000 litros del fruto de la cebada se dispensarán hasta el jueves que se clausure esta edición de la última velá histórica de la ciudad, de cuantas había cuando no se celebraban más fiestas que el Corpus y la Virgen de Agosto.

Más de 30 años lleva Francisco Martín viniendo, «natural de la calle Castilla». Paco añora otros tiempos, «de puestecillos y tómbolas y hasta un ring de boxeo» y «niños con alpargatas de goma». José Manuel Quintero, sanjuanero de Pilas, pileño de San Juan, a estas alturas de la película añora poco y agradece todo, «recién salido del hospital». Acaba de comprobar lo certero de uno de los axiomas de Woody Allen, hijo de esa Triana grande que es Nueva York: «Lo más bonito que te pueden decir en la vida no es te quiero, sino es benigno». En el dialecto trianero, se dice de otra forma y seseando: «Niño, vete pa’ la Velá, que tú lo que tienes es cuento».

“Hasta que la política nos abandone” (una canción de Perales)

«Aunque haya ganado las elecciones, jamás olvide que al final va a perder el poder. Prepárese usted. La victoria de ser presidente desemboca fatalmente en la derrota de ser ex presidente. Prepárese usted. Hay que tener más imaginación para ser ex presidente que para ser presidente. Porque fatalmente dejará detrás de sí un problema con nombre: el suyo». Lo escribió Carlos Fuentes en «La silla del águila» como si tuviera presente la situación de Chaves y Griñán; no hace tanto, amigos, compañeros de cineclub y residentes en Sevilla.

Manolo (Chaves) y Pepe (Griñán) son ya un retrato abocado al sepia, historia de cuerpo presente de la Junta y del PSOE andaluz, que no es lo mismo aunque desde hace tres décadas parezca que es igual. La de Chaves y Griñán es una renuncia en diferido, como la indemnización por el despido de Bárcenas. «Las mayores mentiras se dicen siempre en silencio» (Robert L. Stevenson). Chaves y Griñán se marchan motu proprio. «Por motivos personales» pero empujados por el partido, la situación y el bloqueo del Parlamento. La salida menos honrosa (y “virgencita, que me quede como estoy”) tras una vida en la política. El fin del trayecto, en diferido, con la certeza, aunque en voz alta se niegue, de que, salvo excepciones, en España nadie deja la política sino que es la política la que abandona al político.

Tras el titubeo característico de su oratoria y la imposición consecuente del paso dado por Griñán anunciando su salida «para evitar presión al partido», Chaves comunicó a Ferraz que no se presentará de nuevo como diputado por Cádiz. Chaves no ha podido manejar los tiempos tras ponerlo su otrora amigo Griñán a los pies de los caballos, (los) Podemos y (los) Ciudadanos. En Ferraz, si no directamente sí con indirectas, como en un monólogo de Gila, le señalaron la salida a Chaves, que cumplirá 70 años en julio y fue diputado en las primeras elecciones democráticas (1977), presidente de la Junta 16 años y vicepresidente del Gobierno. Desde San Telmo, la respuesta de Susana Díaz al correo de Griñán con asunto «por mí que no quede, que no se diga, ahí os quedáis» fue un lacónico: «Déjame a mí que yo gobierne esto».

Aunque animales políticos ambos, la naturaleza de Chaves y Griñán es muy diferente. Chaves sólo aceptó, cuando se escuchaba el tantán de guerra de los ERE, una escapada «hacia arriba», de la mano de Zapatero, en la Semana Santa de 2009. Se trata de dos personalidades complementarias si se quiere pero antitéticas. Uno, listo y experto en el arte del status quo; inteligente, culto y no exento de soberbia, el otro. Ambos, tan cercanos antes y alejados desde que Chaves eligiera por democracia dactilar como sucesor a Griñán, se exponen ahora, con el fin de su aforamiento, a formar parte de la instrucción de la jueza Alaya. La renuncia de los ex presidentes, de facto, al margen del valor simbólico, sólo les afecta a ellos mismos en tanto el burladero aforado del Congreso y el Senado se derrumba. Los ex presidentes no han podido salir por la Puerta del Príncipe. Del desarrollo del proceso judicial dependerá que haya puerta de enfermería. La situación procesal de Griñán, como ex consejero que desoyó los informes de la Intervención, se antoja más complicada que la de Chaves. También difiere la aceptación de la realidad procesal, una vez desterrada la teoría de «los cuatro golfos» (Chaves y después asumió la tesis Griñán) y el «es imposible que la jueza me impute» (Griñán dixit). «No hubo un gran plan pero hubo un gran fraude», mantuvo Griñán en el Supremo. «He renunciado a todo, qué más quieren que haga», señaló tras su renuncia. «Yo no renuncio a nada», indicó Chaves, que en el Supremo se limitó a señalar que no sabía nada o que le era imposible conocer a los 200 directores generales de las consejerías, entre ellos, Guerrero. «No soy ningún Superman», indicó en la SER, con el pensamiento de reojo en el orgullo de su antiguo amigo Pepe. Griñán trató de manejar la situación heredada tras Chaves, de crear (leves) cortafuegos con las ayudas, de separar el PSOE de la Junta, algo que pronto vio que era como extirpar un parásito del órgano anfitrión y a lo que acabó renunciando en nombre de un bien mayor: conservar el poder. Retrasó las elecciones en 2012, consiguió una dulce derrota para gobernar y en 2013 se marchó por «motivos personales». Como ahora Chaves. Esta vez Griñán sí ha admitido la erosión por los ERE. En un comité director, Griñán alzó la voz y echó en cara a los presentes la situación. «Todos sabéis de dónde vengo y cómo me iré. No todos podéis decir lo mismo». Los presentes agacharon la cabeza. Después siguieron conspirando.

«Cuando el tiempo nos alcanza»
En la primera parte de su biografía, Alfonso Guerra citaba a Percy Shelley: «Nadie apedrea un árbol que no esté cargado de frutos». Los nuevos partidos han puesto en el punto de mira a los ex presidentes, igual que el cazador buscar cobrarse una pieza de caza mayor, en el nombre de la regeneración democrática. Se trata más de un gesto simbólico que del fin de una era. A los ex consejeros imputados en los ERE nadie les ha pedido su dimisión. A Alfonso Guerra, en la infancia, le llamaron el «resucitado» porque sobrevivió a una enfermedad de las que se te llevaba por delante. Ni Chaves ni Griñán han sobrevivido a los ERE, por más que hayan tratado de alargar la agonía. Cuenta también el Guerra en sus memorias que un día le cogió Felipe y le dijo: «Alfonso, si tú ves que yo algún día pierdo el sentido de la realidad, me desvío de la senda acertada, adviértemelo para corregir inmediatamente. Y si te ocurre a ti, yo te llamaré la atención». El auriga que susurra al oído «recuerda que eres mortal». Memento mori, que en el caso de Chaves y Griñán suena al “Frente a frente” de Jeanette con unos ojos cargados de mirada y la postdata: «Que Alaya nos coja confesados. Hasta aquí hemos llegado».