“De purísima y oro”, la tierra y el balón oval: Jorge Haurie Briol

“Academia de corte y confección, sabañones, aceite de ricino, gasógeno, zapatos Topolino. El género dentro por la calor”. “Para primores”, Almacenes Peyré. Sigue leyendo

Abismos (Hijos de la crisis)

Cuando se siente el abismo tan cerca,
uno siente la tentación de caer en él,
de poner fin a la espera,
de ser abismo.

I

Como cada día a la misma hora de cada día, abrió el diario, con el café en la misma taza de cada día, y comenzó a leer, como cada uno de sus días, por la página, gris aunque negra, de las esquelas de aquel día. Sigue leyendo

Me colé en una fiesta (no puedo vivir sin ti)

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Yo llegué tarde. A este oficio que se extingue y a esta raza de intemperies que es el periodismo. Me colé en la fiesta, en el oficio – preguntándome mil y una veces “qué carajo hago aquí, con lo tranquilo que estaría si le hubiera hecho caso a mi madre y hubiera estudiado magisterio”- y me colé en el “diario que siempre has querido”. El mismo periódico que al que más y al que menos no le devolvió el cariño que le profesó. Quizás, por eso, lo queremos tanto. Y porque, el que más y el que menos, literalmente, lo ha parido de las entrañas, que es donde decían los griegos que está el alma. (Para las cuentas, los números y los contratos, están los buitres con sus largos apellidos y sus cortas miras, ésos que poco o nada saben del cariño y la pasión y subsisten con sucedáneos). Cuando llegamos, llevábamos los años. Ahora, los años nos llevan a nosotros. Al que más y al que menos. Esperando, en palabras de Santa Teresa, “una muerte tan escondida que no te sienta morir”, con la frase, que es oración, de Ernesto Hemingway tatuada en el brazo izquierdo: “El periodismo es la profesión más bonita del mundo… si se deja a tiempo”. Y ahí seguimos. El que más y el que menos. Con dos cojones. Sigue leyendo