Podemos ad portas

ke acto publico podemos en sevilla errejon00010

Íñigo Errejón, en “las setas” de la Encarnación. Por Kiko Hurtado.

La energía potencial de la gravedad no detiene su funcionamiento, como los países con Gobiernos en funciones; la arena no deja de caer en el reloj y el calendario dibuja siete días y seis noches hasta el 26J. La última semana de campaña, aderezada con la estimación de voto del CIS, pesa en el ambiente. Los ataques del PSOE a Podemos van in crescendo. Los morados continúan susurrando aquello de «Pedro, yo no soy tu enemigo». El PP se agarra al voto útil. En Ciudadanos emulan a las tropas del General Santana, «los que tocaban a degüello» con la mira puesta en Rajoy. Socialistas y naranjas han elevado su acuerdo (de intento) de Gobierno a pacto de no agresión. El término «ocasión» proviene del latín «occasio», que significa «oportunidad». Andalucía pasa por el destino final, 61 escaños en liza. Entre la ocasión de unos partidos, la brontofobia y el ocaso de otros.

Sigue leyendo

Anuncios

Carmen Rengel

XIs39r10Los organismos bioluminiscentes emiten luz transformando energía química en lumínica, en descripción de Cayo Plinio II el Viejo. Si una luciérnaga aprende a escribir, resulta que la luz se transmite como palabra. Ella está hecha de respeto y talento. Tiene algo que escasea en estos tiempos de hambre de pan y hambre de abrazos: conciencia y memoria. Y está tocada por el bendito don maldito de la más grande vocación que jamás he visto en mi vida. El día que no informe –de lo que sea, desde donde sea-, el periodismo habrá publicado su propia esquela. Se alimenta de sueños. Tiene nombre de verso y una especie de karma con Jerusalén, la tierra prometida. Habla de Soledad Gallego-Díaz, de Arturo Pérez Reverte –al que llama “el jefe”- o de Manu Leguineche como quien describe las estrellas de la constelación de Andrómeda. Y resulta que Gallego Díaz, Pérez Reverte, Leguineche y todo el oficio de periodista –de contar historias, como ella dice y sabe; de alumbrar las sombras, porque la realidad es un cuadro de Caravaggio- está en deuda con ella. Es del Atleti, porque –como todos los que ansían más que nada en el mundo la justicia-, se alinea con los que tienen todas las papeletas para perder. Con los que luchan, a pesar de que lo más probable sea la derrota. No por melancolía o masoquismo, a lo Saramago –”La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva.”, decía-, sino porque sabe que el mayor éxito de una victoria consiste en aprender a ser más humilde. (Para ir con los grandes, ustedes me perdonen, vale cualquiera). Lee todo y conoce todo, que es el principio para saber que uno nunca sabe nada. Morricone debería ponerle música a sus días. Y que cante Madredeus. Porque es una mujer de cojones. O de ovarios, no se enfaden los profetas de la (falsa) igualdad. En otra vida, fue mosquetera. En ésta, es periodista. Que no es lo mismo, pero –con la que está cayendo- es igual. “El conocerme a mí mismo ya me va costando muchos momentos de abismo y el qué y el cómo y el cuándo”, cita a Rubén Darío, “Mar latino”, en su Baluarte de San Gervasio; cerca del balance de los caídos –los daños colaterales, que diría algún ‘hijodelagranputa’, en Irak, la guerra que Occidente se inventó, porque, oiga, los niños de los señores que producen armas –una industria, curiosamente, en manos de los cinco países que deciden sobre la paz mundial- también tienen que comer y derecho a que sus padres tengan fondos para comprarles alguna pistola de juguete, que el negocio hay que ir mamándolo desde chicos. Es de esas compañeras –lo ha demostrado mil veces- con las que uno sabe que si un tiro viene a ajustarte las cuentas con el destino ella se va a poner en medio para frenar el golpe. Así le cueste la vida, el suelo que pisa, el techo que habita y cambiar por completo sus días. Se inmoló hace unos meses, con la puñalada trapera que supuso el ERE –que debería incluirse como epílogo al libro de Thomas de Quincey: “El asesinato como una de las bellas artes”- en El Correo de Andalucía, sintiendo en carne propia el daño licuado de la especie. Como, dentro o fuera, nada iba a ser lo mismo, se agarró a su sueño, igual que el Principito, aprovechando una migración de pájaros silvestres, y se fue a Oriente Medio, negándose a bajar de la esperanza. Es de esas personas que no tienen por qué hacer ciertas cosas, y sin embargo, las hacen. Fronteriza, y feliz, en la frontera. Donde un sístole es de vida y un diástole es de muerte. Debería vivir en un faro, porque ilumina lo que toca. La prensa de Sevilla vale menos sin ella. El periodismo mundial se revaloriza con ella en la trinchera. Mientras ella siga, el oficio está vivo. Se llama Carmen y se apellida Rengel. Ahora escribe en Mediterráneo Sur, en Periodismo Humano, en En La Zona Cero, manda reportajes a Canal Sur –por libre, porque ella es libre-, ha sido la voz de la Ser y los ojos de El País sobre lo que se cuece en Israel. Y no se queda en los datos, se adentra en las personas, que es donde está la vida. Por las ruinas de Jerusalén –las ruinas del mundo- se la ve caminar –oídos atentos, ojos abiertos- libreta y bolígrafo en mano -mientras el mundo se impregna de formas rizadas color satén invierno-, caminando en lo alto de un sueño. Y como en otra vida fue mosquetera -igual que Athos, Porthos, Aramis y D’Artagnan-, dios o el diablo la guardan.