Focos

«Si en aquel momento damos las imágenes, el golpe gana». Lo cuenta en una crónica de las que habría que leer en las escuelas Arcadi Espada, acerca de cómo se desarrolló el 23F y las medias verdades de la memoria colectiva sobre el minuto a minuto o lo que cada españolito hacía o dejaba de hacer mientras veía el golpe de Tejero –«Se sienten, coño»– en la tele. La memoria, por supervivencia, siempre es mentirosa. La vida te enseña que tres mudanzas equivalen a un incendio –en definición de Benjamín Franklin– y que a las parejas se las conoce en los divorcios, a los hermanos en las herencias, a los hijos en la vejez paterna y a los amigos en la ruina. Todo aquello del año 81, cuando Naranjito todavía era azahar, se retransmitió «después de los dolores» –como diría Chiquito– por pura responsabilidad e instinto, y si se hubiera contado al instante es muy probable que este país de mejorable democracia plena fuera todavía un «perfecto» sistema inquebrantable –porque ni siquiera se podría decir casi nada– como el de los sueños húmedos de los vicepresidentes segundos –«A mí dame los telediarios»– o de su portavoz parlamentario Eche-Nike, rebautizado con insurgente y revolucionaria «k», como las zapatillas deportivas que mangaban «los defensores de la libertad de expresión» de la Ciudad Condal o la kale borroka de la Catalonia lliure; como los okupas o como el adjetivo kafkiano en referencia a «El Proceso» o, si se quiere, «La metamorfosis» consistente en pasar de definir a la casta a convertirse en la perfecta representación de ella en el tiempo que se tarda en cruzar la M-30 de Vallecas hacia Galapagar. El fotero jerezano Morenatti puso el foco en la llaga con la imagen de medio centenar de camarógrafos de medios de todo el orbe inmortalizando el lanzamiento de adoquín por parte de lo que parece un niñato. «No lo sé, Rick. Parece falso» La actriz Victoria Abril se doctoró también en medicina y epidemiología estos días por expresar en voz alta el malestar por las restricciones anticovid y comparar cifras de muertos por diferentes causas. Victoria Abril no salía en prime time casi desde que era la azafata más fabulosa del «Un, dos, tres», varios años antes del 23F, y no porque su extraordinaria carrera como actriz no lo merezca. De golpe, tuvo entrevista a todo trapo. En los tiempos de las redes sociales y el periodismo ciudadano –el culmen del oxímoron–, el niñato con adoquín tiene el efecto del Che Guevara aunque la revolución sea Tik-Tok, que es como ahora se pronuncia kitsch; Victoria Abril vuelve a escena; Miguel Bosé es chamán; Elías Bendodo, portavoz-nutricionista; y el golpe de Estado hubiera triunfado. El voto de todos, informados o no de un tema, manipulando conscientemente o de casualidad, y el de Echenique vale lo mismo que el del inventor de la vacuna del Covid o el tipo que puso una nave en Marte. El derecho a expresar toda opinión es respetable –la exaltación del odio no es una opinión, es un delito, y ahí está el tal Pablo Hasel– pero no todas las opiniones merecen el mismo respeto, foco o atención. The Guardian llevó al pulpo Paul a portada, más destacado que Afganistán. Lo dijo Jürgen Klopp cuando le preguntaron por el Covid: «Yo soy un tío con una gorra mal afeitado. Mi opinión no es importante». Así, la foto de Emilio Morenatti no sólo apela a la responsabilidad sino que retrata a todos los ciudadanos y más al autodenominado cuarto poder porque mientras los sabios están apuntando a la luna ponemos el foco en sacarle fotos al dedo para subirlas a Facebook, Twitter e Instagram. La verdadera revolución se hace en las escuelas y las bibliotecas.

Hispanias

La educación es lo que separa la barbarie de la civilización y, a maiore, las reglas, los códigos, la ley. El Parlamento ha patentado el camarote de los Marx, juntando en un despacho a los marxistas por antonomasia expulsados de Adelante –«la parte contratante de la primera parte» pero en asambleas– y «a la niña de la Falange», que es como llaman a la diputada que se fue de Vox en un viraje sin alforjas. Dos Españas y un despacho. No cabe más pureza ideológica en cuatro paredes, mientras en los teléfonos de la Cámara anuncian de menú del día «papas con choco». Suárez –con Mellado, Carrillo y Tejero, arquetipos hispánicos retratados el 23F– se alimentó de tortilla francesa, café, tabaco y ambición. Dos años antes del golpe, con dolor de cabeza y muelas, soportaba el insomnio con una pistola en la mesilla. Se han cumplido 40 años de su dimisión y 50 de «El exorcista», mientras en el Parlamento los letrados claman «¡El poder de las Cinco Llagas te obliga!» ante la urgencia en la modificación del reglamento y el reparto de la asignación de los grupos. De los pasillos, dicen, ha desaparecido un portátil y del antiguo despacho de Teresa Rodríguez, documentación «anticapi». La realidad, en tiempos de pensamiento «slime», se distorsiona sola. El cocinero Enrique Sánchez es telonero del confinamiento. Cuando Juanma Moreno dio el último parte de las restricciones, tocaba pollo marinado. «La cocina es un mundo libre», es la máxima del chef. Después el presidente, tras la operación «Salvemos la Navidad», vino con la dieta perimetral. Una muerte es una tragedia. Cien al día, una estadística. Un fusilado es un crimen. Miles son historia. Tendemos a pensar que la Nación de uno es muy grande pero, en el caso de España, la describió entera en un prólogo Chaves Nogales. La soberbia, como la carrera de Ana Blanco o de Buffon, tiende al infinito. Una vez le preguntaron a Churchill por los franceses; y dijo que no conocía a todos. Si un mérito tienen las autoproclamadas dos Españas es que cuentan con el tesón de los hermanos Wright, que pasaban horas mirando gaviotas y ni novia se echaron, mientras el resto del personal está a las papas con choco, el colegio de los niños, el atasco de marras, Salud (que no) Responde, las gestiones vía güija en el SEPE y la eliminación de Copa. Por estas fechas pero de 1897 el diario «La Andalucía» ya hablaba de fiebres y muertes y reseñaba que «la clase media da todas sus fuerzas y economías al país, que ingrato y avaro, le abruma con impuestos crecidísimos… Mientras tanto, los ‘salvadores’ de la patria se pasan el año conferenciando, cabildeando, haciendo repetidos viajes a Madrid, para enviar en telegramas mentirosas promesas». A principios de febrero de 1918 «El Noticiero sevillano» abría con el debate entre «germanófilos» y «aliadófilos». En cuarta página: «Siguen los desórdenes en Barcelona». No difieren las noticias de ayer y mañana ni las preocupaciones de antaño y el porvenir: pan, abrazo y abrigo; aunque ahora también los papeles hablan de osas con el trauma de jaulas imaginarias y se le llama «coliving» a la tiesura media. «Si nos levantamos pronto, pero muy pronto, y sin reproches, y nos ponemos a trabajar, somos un país imparable», dijo una vez Guardiola, en cuyas contradicciones caben varias Hispanias. Pocas cosas más patrias hay que renegar, «A sangre y fuego». «La gran sentada», pidió una vez Aragonés, cuando caíamos en Cuartos. Acabamos ganando un Mundial con un milagro de Móstoles, la carrera de uno de Los Palacios, el centro fallido de un niño de Fuenlabrada, el rechace emigrante del nieto holandés de una abuela de Chiclana, un pase catalán y un gol de Fuentealbilla dedicado a un muerto. Y lo más difícil fue ponernos de acuerdo.