“Yo también tendré que descansar”, un homenaje a Blas Infante en el Parlamento

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Juanma Moreno, en el homenaje a Blas Infante, con Susana Díaz y Chiqui Jiménez Barrios abanicándose en segundo plano y la consejera María Jesús Montero en modo “Éxtasis” de Santa Teresa. Foto del PP-A.

Un 11 de agosto, hace 80 años en el kilómetro 4 de la antigua Carretera de Carmona, fue asesinado Blas Infante. En torno a esa fecha y en ese punto su fundación celebra un homenaje en el que suelen destacar las ausencias. La efeméride encarta mal. El calendario laboral manda. Como solía alegar un antiguo jefe de sección, «yo también tendré que descansar». “¿Y yo cuándo como?”, añadiría el maestro Araújo. El Parlamento en su sede de las Cinco Llagas conmemora su nacimiento coincidiendo, ahora que la Transición está tan en boga, con los 40 años (y dos días) de la investidura de Suárez, contrario en principio al «café para todos». La presidenta de la Junta, Susana Díaz, reivindicó la figura y el legado del padre de la Patria Andaluza en el aniversario capicúa, 131, de su nacimiento, llamando a llevar a cabo «de una vez por todas» una reforma del estado de las autonomías para construir «un país más atractivo». «Se trata de construir una España de progreso, dentro de una Europa que tiene que ser más solidaria, más humanitaria y respetuosa con esos ideales más profundos que por historia nos unen».

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“Estábamos en lo de la austeridad…”: 9.000 euros en la reparación de un coche de alta gama

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Vehículos oficiales en el Parlamento de Andalucía. Foto de Manuel Olmedo.

«Estábamos en lo de la austeridad, el control del gasto público y la cosa, pero sus señorías se han cansado de aburrirse gratis y ahora quieren aburrirse cobrando más, que la vida sube. No es muy ejemplar la medida mientras se tacañea un duro a los jubilatas, a los reviejos y a los muertos que hacen cola en el Seguro. Es una iniciativa de la derecha que ha caído muy bien en la izquierda. En cuestiones de trinque todo el mundo se pone de acuerdo en seguida, y hasta hay un baranda que saca tabaco y se marca una ronda, anda ahí que el enfisema pulmonar se lo soplen los vaqueros de Marlboro». Umbral (casi) siempre escribió la misma columna con certera prosa y visión y (casi) siempre sobre el mismo tiempo. La Transición -pre o post–, con la que los políticos de ahora no se acaban de poner de acuerdo en si aún no ha acabado o debe empezar de nuevo. Según datos del Parlamento de Andalucía, a mayo de 2015, la Cámara andaluza cuenta con un total de once vehículos oficiales en uso, uno de ellos averiado. El 13 de febrero de este año, según la información de contratación de la Cámara, se adjudicó, por un importe de 8.993,25 euros, la «reparación del vehículo Audi A-6 3.0» con matrícula acabada en FJH «asignado a la ilustrísima señora vicepresidenta Teresa Jiménez Vílchez». Se trata de un modelo que en la actualidad puede alcanzar los 132.000 euros, según datos de Audi. Sigue leyendo

Memoria taquigráfica para la democracia

Emilio el hombre de los plenos del ayuntamiento

Emilio, el “abuelo” del Ayuntamiento. Por Manuel Olmedo: http://manuelolmedofotografo.blogspot.com.es/

El bebé más prematuro del mundo nació en 2007, cuando las penúltimas municipales en España; pesó 284 gramos, midió 25 centímetros. La Democracia fue un parto largo, de ésos que llaman «de burra», con una Transición que ahora, instalados en una red de incertidumbres y seres desalojados, tras años con la desmesura del elefante, se antoja efímera como el amanecer en Ecuador. Emilio Díaz Campos tenía 11 años cuando acabó la guerra y «unos meses menos que Sarita Montiel». Ya vivía en San Jerónimo. «No se podía ni hablar». Como el barrio está «cerca del cementerio», se oían «disparos». Recuerda a su madre rezando. Llora más el ateo que el creyente. Tratar de resumir de los albores democráticos a una época sobrepasada de lamentaciones viene a ser como meter la Iliada en un tweet. Con 30 monedas de plata no se iba a ninguna parte. Sin embargo, cuentan que Judas vendió a Cristo en tiempos de los romanos. En tiempos del pelotazo, por muchos millones se hipotecó el sistema. «Al que más y al que menos, se nos fue la cabeza». Roma locuta, causa finita. Este viernes se cumplieron 34 años de los primeros ayuntamientos democráticos.

A Franco le dio un trombo viendo por la tele el Mundial que Beckenbauer ganó a Cruyff en el 74. Desde el 19 de abril de 1979 hasta 2011, nueve legislaturas nos contemplan. En Andalucía, en la primera, el 98,69% de alcaldes fue hombre; en 2007, el 82,86%. Hubo dos listas más votadas: UCD y PSOE, Emilio tenía 51 años; en 2007, el PSOE copó el 63,77% de consistorios, Emilio ya tenía 79. Había crisis también tras la «larga noche de piedra» del Franquismo. Entusiasmo, aquel 3 de abril del 79, con las calles llenas de cartelería, 30 días de campaña, movilizaciones, mítines. La ilusión de las primeras luces. Tierno Galván, en Madrid. Serra, Barcelona. Uruñuela en Sevilla. Después vino el 23F de 1981. «Se sienten, coño». La Democracia, apuntalada por silencios, se levantó. «Cedant arma togae». En arquitectura, las obras maestras suelen ser la solución a exigencias opuestas; como la anatomía de la mujer, que nació de dos necesidades contradictorias: correr rápido y dar a luz.

Aunque Emilio era de Dos Hermanas, de «chico» se vino a Sevilla y ahora, mudanza de pie quebrado o manriqueña, vive en la calle Arroyo. Se le conoce como «el abuelo del Ayuntamiento». Memoria viva. Testigo directo, paciente y silente de cada pleno. Inquilino ocasional en «la casa de todos». Le presentaron a la ministra Pastor y a Cospedal, que le dio «dos besos». «Emilio está más tiempo en el Consistorio que yo», dijo Zoido.

Arroz, pan, garbanzos, tabaco
«Queipo de Llano era muy duro. No lo quería ni el cardenal Segura, que se iba a San Juan cuando venía Franco porque pensaba que no era quién para salir bajo palio». «Y mucha hambre. El dinero no servía. Cartillas de racionamiento, para garbanzos, arroz, pan; y para tabaco». No se votaba ni delegado de clase. Anteayer en la historia. «Con tantas necesidades», le mandan «a estudiar al Colegio de Huérfanos Ferroviarios de Madrid», pero «allí comía todavía peor». El padre de Emilio, José Díaz Rubio, «era jefe de estación en San Bernardo». Se negaba a ponerse el gorrito y «se le conocía porque siempre iba con un sombrero cordobés». El abuelo del Ayuntamiento estudió taquigrafía –«método Pitman»– en los Madriles. Un Día de la Victoria, casi le detienen por copiar el discurso de Franco. Salió de Madrid con 18. Rafael Medina, duque de Alcalá, era el alcalde en Sevilla.

La clase dirigente conoce tres etapas: la edad de la superioridad, la del privilegio y la de la vanidad. Una vez que sale de la primera, se degenera en la segunda y se apaga en la tercera. A los políticos, ahora, les apoya el sindicato de humoristas. Les dan los chistes hechos. Desde la época de Soledad Becerril, Emilio Díaz no se pierde un Pleno. Vinieron Rojas Marcos, Monteseirín y Zoido. Antes, Uruñuela y Del Valle. Recuerda «mejor» las autonómicas, «en las que salió Fernández Viagas». Emilio considera que «hablan, pero a la hora de la verdad…». Monteseirín hizo «mucho bueno y cometió errores». «Le faltó cabeza para las obras». «Y que 11 años pesan». Rojas Marcos y Becerril, «ni fu ni fa». De la marquesa, recuerda «el parque al lado del Consulado de Portugal». Los Jardines del Prado. «La Expo dio mucha vida». Acabó con las colas en la Macarena «de los coches para Madrid con la salida en Carretera de Carmona».

La querencia plenaria de Emilio es un vicio por los debates convertido en virtud ya maduro, cuando colgó el mandil a los 63. Reniega de las «Belenesteban» de la vida. Y optó por pasar largos ratos en «la casa de todos». Primero, en la Diputación y la Casa de la Provincia. Villalobos es «bético y buen amigo» por más que Emilio sea sevillista. Es militante del PSOE desde «hace siete u ocho años», cuando «don Fernando» le dijo: «A ver, Emilio, de centro, nada; ¿tú con quién vas?» Como orador, destaca «a Torrijos». Se queja de que «unos y otros, recuerdan mucho lo antiguo». Espadas le parece «buena gente y bien considerado». Zoido es «muy serio». Recuerda para mal uno de los plenos en los que «Torrijos y el presidente (Landa) tuvieron un agarrón». «Casi se pegan». La pasada legislatura, todos los grupos se pusieron de acuerdo –casi un eclipse en Sevilla– y le entregaron un diploma de reconocimiento. «Hacía más de 20 años que nadie tenía ese honor».

«Pa’bajo que escarba»
Con 85 púas en el DNI, lamenta que «la crisis va a peor». «¿Dónde va a llegar esto?». «Portugal va ‘pa’bajo’ que escarba. Detrás, vamos nosotros». Critica «el exceso de optimismo que vivimos». Con vocación de Pedro, «Zapatero negó la crisis». «¿Peor que en el 39? Qué sé yo. Veníamos de una guerra. Me da miedo». La nieta de Emilio mantiene la tradición ferroviaria del bisabuelo de sombrero cordobés. Similares vías, trenes más rápidos, bonitos, insensibles, sin tiempo para el paisaje –símbolo postmoderno– y que antes transportaban emigrantes con la casa a cuesta y comida en papel de estraza y ahora a los nietos de la Democracia, currículum en mano o PDF. La nieta de Emilio expende billetes en Santa Justa. «Se ha comprado un piso en Sevilla Este. Si la echan, cómo paga», cuenta, con surcos de utopía en la cara. En el 79 –Beckenbauer y Cruyff ya estaban en EE UU– y en el 2013, «las ideas siguen moviendo el mundo» entre las traviesas de la vida. En plena reforma del municipalismo, a falta del cartel de cerrado por derribo, se prepara el de cierre por ruina. Tiempos en los que igual soñamos «por encima de nuestras posibilidades». «Mientras escampa», Emilio Díaz tira de memoria y hace las veces de taquígrafo contra el olvido. Abuelo del Ayuntamiento, agente del asombro. Faltan dos años para las décimas municipales. «Caminito» se llamaba también el tango favorito de Fernán Gómez.

Yerno de las madres de España, Prometeo de «la nueva Transición»

Ciudadanos ha convertido el hotel de las primarias de Susana Díaz contra ella misma, previa elección dactilar de Griñán, en su fortín de campaña. Al lado,  una inmobiliaria anuncia: «Los naranjos de Marbella es tu elección». Cuando el azar –o el destino– se pone, imita los guiones de Rafael Azcona.
«Los naranjitos», como los bautizó el popular Rafael Hernando, de entrada, se diferencian de PP y PSOE en una serie de aspectos obvios para los sentidos. En sus mítines ni se chilla ni se suda. Es más, hay hasta escaleta, sobre la que se improvisa. Un millar de personas se congregaron ayer, por sus  medios y sin que conste débito salarial alguno. A la salida, el único autobús que esperaba era el del Elche, que jugaba con el Sevilla por la tarde. España ha vuelto a las arrobas como unidad de medida y al discurso de la Transición. El líder de C’s, Albert Rivera es un híbrido entre Adolfo Suárez y Pablo Alborán. Él mismo recordó al delegado del Gobierno, Antonio Sanz, sin caer en el estribillo fácil de «Y tú, y tú, y tú» más, que su madre  también es de Málaga. La sintonía de C’s, empero, tiene un aire a la serie de los 90 «Sensación de Vivir». Rivera es el Brandon que toda madre quiere como yerno. Juan Marín no pasa por Dylan pero sus maneras capilares pueden sustituir en el Parlamento el hueco dejado en este aspecto por Diego Valderas. Marín gasta el mismo desparpajo que Manolo García sobre un escenario. Quietud de hombre tranquilo. Testimoniales fueron las intervenciones de Javier Millán, candidato a la Alcaldía de Sevilla, e Irene Rivera, número 1 en la lista por Málaga, piloto de helicópteros, «mayday, mayday». Tomó el testigo Javier Nart, abogado, europarlamentario, fajado en debates televisivos y «Crónicas Marcianas». Nart –chaqueta de pana, reminiscencia de sus tiempos del PSOE de Tierno Galván– también corresponsal de guerra, dispara con vocación de Rambo en Vietnam. «En la guerra la primera víctima es la verdad. En las campañas, el respeto a la ciudadanía». Nart explicó que en los mítines se apela «a sentimientos primarios» pero no se llega al «qué y al por qué». «La lucha contra la corrupción -en Andalucía– ni está ni se la espera», censuró, para hablar de un «franquismo sociológico» en la comunidad y del «España soy yo» de Susana Díaz. Nart ahondó en un «cacicato de fuerzas de izquierda que hacen una política de derecha» y «una ciudadanía captada» a través de subvenciones. «El PSOE es el partido del régimen. Hace falta un golpe de timón serio» y «no pensar con quién se van a liar para seguir haciendo lo mismo. Con nosotros, no, jamás, nunca». Nart, con la Cabalgata de las Walkirias en su cabeza y la mirada del Coronel Kurtz, también agradeció al  PP que le esté «haciendo la campaña», dándole la bienvenida «a Esquerra Republicana» al «señor Floriano, Hernando y a Antonio Sanz». «Ciudadanos, los ciudadanos, tiene la llave», concluyó el eurodiputado del matarile diálectico. «Me encanta el olor a napalm por la mañana», el coronel Kilgore en «Apocalipsis Now».
El candidato Juan Marín abogó por «reformar los que no ha funcionado». «Los investigados, como dicen ahora, a la calle». El fin de los aforados, listas abiertas, limitación de mandatos son otras de las recetas del  candidato de C’s, quien, con la querencia de secundario de Manolo Gómez Bur, espera, tras cinco días de campaña,  dar «un paseo por la playa de Sanlúcar para despejarme». «No hay nada más poderoso que la papeleta para cambiar las cosas. Si no créeis en el cambio, votad a otra fuerza», finalizó, añadiendo que no van a pactar «con quien no lleve las reformas que planteamos». Marín ya gobierna en Sanlúcar con el PSOE.
«No os pido una sociedad de gente cabreada, os pido una sociedad de gente feliz», arrancó Albert Rivera, el líder de C’s, de quien pudiera parecer que cuando nació le hubieran dicho a sus padres: «Enhorabuena, han tenido un candidato». «Viene una nueva era», explicó, tras referirse al 15M ,a una «nueva Transición» y «un renacimiento civil». Rivera, que no vino al mundo con un pan debajo del brazo sino con una americana a medida puesta, aboga por «gente que no sólo protesta sino que propone». La palabra «país» pasa por la favorita del líder de C’s. «No me gusta perder ni al parchís. Esto no ha hecho más que empezar. Ser la tercera fuerza es posible», arengó, sin alzar la voz, si desprender una gota de sudor, gustándose al punto de explotar los recursos como «hijo de comerciantes» acostumbrado a debatir consigo mismo ante el espejo, como el Gran Gatsby. «Igual gobernamos y no somos sólo la llave». Entonces tiró de clásicos: «Tengo un sueño -«I have a dream»–: cambiar este país. Y no se puede sin cambiar Andalucía, que es la tierra de Alfonso Guerra, gran orador y muy buena cabeza», encargado, recordó, de la campaña del 82 –«Por el cambio, el PSOE; «El cambio en Andalucía», C’s ahora– en la que arrasaron los socialistas. Entonces, parafraseó a Guerra: «A Andalucía si  gobierna C’s no la va a conocer ni la madre que la parió». «La vieja política aún piensa en pactos, en ofrecernos sillas. No tienen nada que ofrecernos para que esto siga igual. Ni cargos, ni dinero, ni paguitas. España necesita un plan y C’s es la palanca del cambio».  «¿Serán humildes y entonarán el ‘mea culpa’? Si no, no hay nada que hablar. Oposición dura y a por ellos». También citó como líneas rojas «el fin del aforamiento –«no sólo que dimitan Chaves y Griñán»– y un pacto nacional contra la corrupción» con PSOE, PP y Podemos, del que dijo que, a diferencia de ellos, «no vamos contra nadie». «Como en el 77 y el 78 hacen falta líderes de la reconciliación, gente de Estado, estadistas, no políticos al uso. Ustedes son nuestros jefes», señaló con guante de seda el líder de Ciudadanos, el yerno de todas las madres de España, posible llave de la Junta, Prometeo de «la nueva Transición».