Aritz Aduriz, el depredador tardío y la teoría de la evolución

Los toreros, las actrices porno y los periodistas siempre lo estamos dejando. El oficio. A diferencia de los futbolistas, que procuran no irse ni con agua caliente, en proporción inversa al puesto que ocupan en el campo. Así, lo normal es que los delanteros y los centrocampistas se retiren antes que los defensas y los porteros. El increíble caso de Aritz Aduriz (Donostia, 1981) adquiere en este aspecto otra peculiaridad. Aritz significa en vasco roble, un árbol sagrado en Euskal Herria. En su despedida, el delantero se emocionó al señalar que su último gol es el más especial, sencillamente, porque es en el que sus hijas fueron más conscientes. El caso de Aduriz, además, emparenta con el fósil de dinosaurio que cuestiona el propio origen de las aves , como símil de los jugadores modernos. Aduriz pertenece a otra época, otra estirpe y otro siglo y se consagró fuera de tiempo y a destiempo, tras mil tiros dados y como hijo pródigo que vuelve a casa y triunfa una vez que se marchó cuando no era siquiera un boceto sin consagrar de posible figura en el equipo.

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