Siglo Fernán Gómez

Cuando Fernán Gómez era niño a la gripe se la llamaba «la canastera», porque, como la canción, llegaba a todas partes. Fernán Gómez, igual que Umbral, pertenecía a una estirpe de genios sin padre, y su sola voz al hablar era como los cazas sobrevolando el centro de Sevilla y haciendo saltar las alarmas. El primer día que bombardearon Madrid durante la guerra fue un 28 de agosto, el día de su cumpleaños. Contaba el actor, director y escritor que la guerra no fue algo sobrevenido y que incluso a un amigo de padre militar le saludaba con un cordial «cuándo se subleva tu padre» por las mañanas. Podía haber pasado un año antes o un año después. La cosa es que iba a pasar. El actual ambiente mundial recuerda a lo que cuentan los libros, y contaban los abuelos, sobre los pasajes más funestos de la historia de la humanidad. Pandemias, populismos, paro, desinformación. El clima es el de las parejas que se miran en silencio y desembocan en el vacío. Que el matrimonio se vaya a tomar por culo es cuestión de tiempo y momento. Y el mundo, igual. Una pandemia actúa como un perfecto acelerador de partículas. A veces la prensa retrata alguna certeza. En Cádiz titularon en portada un día que «el aumento del frío dispara la venta de puchero» y, más reciente, que «el 53% de los gaditanos hace el amor con los calcetines puestos». El Papa Francisco se ha vacunado del Covid, lo que en términos teológicos y metafísicos supone una performance entre fe y ciencia. Se lo dijo Aramís Fuster en el diván de la tele a Toñi Moreno: «Difiero con Einstein en varios puntos». Son tiempos de batallas de nieve en la Gran Vía. Pablo Casado pala en mano emulando el «efecto Zoido» en Bellavista sin nieve pero con banco. Señales desde Ganímedes. ¿Chuck Norris en el asalto al Capitolio? La madre del Jamiroquai de los cuernos y el bisonte diciendo que su hijo está sin comer porque no le dan alimentos orgánicos, la criatura. (La) Nancy Pelosi con el uniforme negro del «Impeachment», Eugenio para un chiste sin gracia. «¿Saben aquel que diu que los mexicanos iban a levantar y pagar un muro y recomendó lejía contra el coronavirus?». En EE UU hay más de 200 condados sin medios propios. En España, la prensa local se orilla, cuando no hay periodismo más verdadero. Ha nevado en media España pero en las pantallas apenas se ha visto la nieve por Callao. El centralismo informativo tiene sus peligros. El leísmo y el laísmo son directamente criminales. Lo «nacional» – «Madrid es España dentro de España»–lo ocupa casi todo y cuando el ciudadano quiere saber si el vecino es un psicópata –«¿Por qué tienes una pala en casa, cari?», puede ser el inicio de alguna conversación de fin de matrimonio– se abre el boquete propicio para la bola de nieve de las mentiras, los bulos, las falacias, el cotilleo, alguna declaración imprecisa de Juan Marín o, si hay suerte, la receta de sus torrijas. Son tiempos para negacionistas. El mismo Soto, a lo «Black Mirror», liderando la conspiranoia, alertando del «fin del hombre como ser racional y libre». «Viviremos subvencionados por un Estado nodriza». Se lo dijo Silvio, el rockero, al Loco de la Colina: “La verdad sólo la sabemos tú, yo, la KGB, la CIA, y tres o cuatro más”. Juan Antonio Canta –aquel señor suicida con traje negro Pelosi y gafas de Umbral explotado en «el Misisipi» y que cantaba cosas supuestamente profundas de las que todo el mundo se reía– como metáfora de un siglo cuyo tránsito coincide con el centenario de Fernán Gómez y los 80 años de Haddock. «Sé que parece una película de Greenaway, pero es tan sólo un ejercicio de malabarismo». «A la mierda», dejó dicho el maestro, como profecía del milenio. («Y un limón y medio limón»).

“La cabina”

Hubo un tiempo en que los niños de España queríamos ser Martín Vázquez. De súbito, en los años casi yeyé de la Quinta del Buitre, el foco pasó brevemente –temporada o temporada y media– de Butragueño y Míchel y las piruetas de Hugo Sánchez al jugador que decían que, jugando muchas veces a pierna cambiada, era el más dotado de su generación. Técnicamente, se entiende, porque hay fotos del 7 «a calzón quitao’» que atestiguan lo contrario, el 8 tenía un guante en la pierna derecha y ejercía de organizador desde la banda y el propio SanchísHarpo moreno, era un central de categoría con el balón en conducción. Martín Vázquez se dejó bigote, empezó a meter goles de falta y a desequilibrar. Después lo fichó el Torino, que a falta de los engañadores sin pelo y con parabólica, parecía que iba a ser la alternativa al Milan de Sacchi o al Nápoles de Maradona. Por entonces, que un futbolista saliera de España como fichaje de campanillas era un acontecimiento. Los niños queríamos ser Rafael Martín Vázquez ese tiempo, luego el centrocampista volvió al Madrid tras un periplo sin pena ni gloria en Turín y Marsella y acabó en el Deportivo de La Coruña. Eran los tiempos en que no existía ningún Instituto Holístico de Acupuntoras Descalzas. Casi nadie menciona hoy a Martín Vázquez, como casi nadie recuerda a Coloccini, un central, que también jugó en el Dépor, con el pelo del Actor Secundario Bob y que repartía más estopa que Alfonso Guerra en sus mejores tiempos. Tampoco recuerda nadie los billetes de a 1.000 pesetas con la cara de Galdós, que también tenía bigote. Estos días pesan más sus letras con la Pardo Bazán -precuela reguetonera, tiran más que dos carretas- que «Los Episodios Nacionales». Ahora el agua cotiza en bolsa y la RAE ha incluido el término berlanguiano, puede que como aproximación a la definición de 2020. Se nos vendió que el siglo XXI arrancó con la caída del muro de Berlín o, estirando, el atentado de las Torres Gemelas. Toda una vida albergando el resplandor de «Blade Runner» –¿Acaso sueñan los coronavirus con humanos probeta?– para llegar a un presente en el que se venden oficinas para colocar en el jardín y trabajar desde casa. Para el que tenga casa, tenga jardín y tenga trabajo. “Caelum non animum mutant qui trans mare currunt”. «Quienes cruzan el mar cambian el cielo, pero no de alma», vio venir Horacio. En Nápoles, aún de luto por el Diego, se temen más desastres porque la sangre de San Gennaro no se ha licuado. «La cuestión no es si nosotros creemos o no creemos en Dios. La cuestión es si él cree en nosotros, porque si no cree, estamos jodidos», decía Amador en «Los lunes al sol». Hace 46 años del estreno de «El jovencito Frankenstein», preludio del Gobierno de Pedro Sánchez; y un cuarto de siglo de «Jumanji» justo cuando la vida parece la continuación de la partida de Alan Parrish. Tiempos con cursos para ligar basados en entrar en la discoteca y saludar al personal como si conocieras a todo el mundo. «Hey, qué pasa, crack». Es más cruda la soledad en una pista de baile –templos para cuestionarse la metafísica de la existencia: «Qué carajo yo hago aquí si ni sé bailar»– que en los cementerios. El 2020 ha derrumbado las certezas. Bruselas ya no parece ese sitio aburrido en el que Zoido mira los días lluviosos por la ventana junto a una tapa de melva canutera sino la nueva Sodoma y Gomorra de Europa, con cuadrantes para la orgías más allá de las oficinas instaladas en los fríos jardines de las casas del Viejo Mundo. Mientras en Wuhan ya hacen maratones y van a las discotecas, hemos pasado de albergar el sueño de un día ser Martín Vázquez a la pesadilla de José Luis López Vázquez en «La Cabina» pero con Rafael Amargo de fondo diciéndole a la juez que de su casa, que uno se la imagina a medio camino entre oficina, tablao y embajada de la UE, «nadie-se-va-con-más-droga-de-la-que-llevó». Estaba escrito que un día Azcona se haría cargo de los guiones del cielo en tanto «arden las naves más allá de Orión».

El as de Espadas en la manga

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Juan Espadas, junto a, entre otros, su número 2 (con permiso de Cabrera) Antonio Muñoz, “inaugurando” un ascensor / Imagen de la cuenta de Twitter del alcalde de Sevilla

«Suela y labia, Juan», le aconsejó Alfonso Guerra a Juan Espadas. Al munícipe se le tilda de «quietista» aunque sin alharacas ha reeditado mandato y ha sabido apaciguar la amplia dualidad del imaginario hispalense. Tampoco tiene grandes enemigos en el PSOE ni alianzas orgánicas, como Montero. Fue designado por Griñán en plena descomposición de la etapa de Monteseirín, casi puesto a los pies de los caballos del «efecto Zoido», un momento político concreto en plena crisis que alcanzó –inédito desde Del Valle– una aplastante mayoría absoluta en Plaza Nueva. Espadas aceptó ponerse delante como candidato cumpliendo el encargo envenenado, aún sabiendo que sus opciones eran más que nimias y –algo que forma parte de su identidad– siguió creyendo o se convenció de que había que creer. Cuando en 2011 parecía que Zoido era una hidra electoral de tres cabezas, Espadas mantuvo la calma.Cuando a Zoido le paraba toda Sevilla en el Corpus como  si fuera Obama reencarnado en Fregenal de la Sierra y se apostaba por una era en la capital andaluza sin contestación y casi eterna similar a la de Teófila Martínez en Cádiz, Espadas barruntaba: «Esto es muy largo». Cuatro años después, era alcalde. A favor de Espadas entonces y ahora en las aspiraciones a liderar el PSOE-A, una vez que ratificó que no sujetará el bastón de mando municipal más de ocho años, está su capacidad para ganarse a los adversarios a ambos lados del espectro político, ya sea pactando con Cs o con la marca blanca de Podemos. El regidor de Sevilla no tiene prejuicios a la hora de buscar sinergias o aplaudir a un histórico alcalde popular como Francisco de la Torre en Málaga. Ahí radica uno de sus pluses respecto a Susana Díaz, en cuyo regazo se movió políticamente en su primer mandato y de la que se ha sabido distanciar en tanto que la ex presidenta fue cayendo en desgracia. A Espadas no le gustó que Susana Díaz le impusiera recolocaciones tras la caída de San Telmo en el Ayuntamiento hispalense, a modo de delfines sucesorios, como la ex consejera Sonia Gaya.

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Carcaño al padre de Marta: «No sé dónde está el cuerpo. Pregúntale a mi hermano»

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Antonio del Castillo. Foto: Manuel Olmedo

Pandora dijo a Prometeo que lo último que había en la caja y, por tanto, lo último que se podría perder, era «la Esperanza». La caja de Pandora, entre todos los males del mundo, albergaba un hálito de misericordia que Miguel Carcaño, ocho años después del crimen, no concede a la familia de Marta del Castillo. Ayer concluyó la nueva  búsqueda en el Guadalquivir sin resultados. Prácticamente al tiempo que la Policía Nacional, con el apoyo de la Armada, finalizaba las labores de rastreo, el padre de la víctima mantenía un encuentro con el asesino confeso en la cárcel de Herrera de la Mancha para tratar de esclarecer el paradero de su hija. Carcaño, según pudo saber LA RAZÓN, aseguró que «no sabe nada». «Pregúntale a mi hermano», señaló, en referencia a Francisco Javier Delgado, que ya fue juzgado por encubrimiento y absuelto por la Audiencia de Sevilla y luego por el Supremo. El asesino confeso mantiene que fue Delgado «quien se deshizo del cuerpo».

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“Tengan cuidado ahí fuera”

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Juanma Moreno, séptimo presidente de la Junta de Andalucía, sexto sin contar el período preautonómico. Foto de la cuenta personal del Twitter de @JuanMa_Moreno

En el intervalo de tiempo que arquea dos veces la ceja izquierda, Arenas -al que le dan la enhorabuena a la entrada, como a los suegros en las bodas- ya ha ubicado a todo el espectro parlamentario, ujieres incluidos y hasta a Sor Úrsula, el fantasma del antiguo Hospital de las Cinco Llagas. También a los periodistas. “Te había visto fuera y no nos hemos saludado”, señala, entre la advertencia y el halago. Arenas, de hecho, es un maestro en el arte del mantener el equilibrio entre el palo y la zanahoria. “También te he visto a ti, ni lo dudes, y también sé quién eres tú (o como poco, tiene que parecer que sé quién eres tú porque aunque tú no te creas importante, o sí, para mí todo detalle es importante y, en el peor de los casos, por si acaso)”, sería la traducción libre a las freudianas maneras. Arenas, que por momentos mira al infinito de sus adentros como un matemático buscando el origen del cero, se sienta al lado de José Caballos, con trienios en el Parlamento como para llamarle John Horses y encargarle una banda sonora a Ennio Morricone. Dos cabezas privilegiadas al lado. Caballos fue quien mandó al destierro de Madrid a Susana Díaz cuando ésta todavía no tenía consejeros áulicos, áureos ni máximos que alimentaran su mesianismo. Del combate federal con Pedro Sánchez a esta parte, a Susana le pasó lo que a Cuéllar en el Betis. Se fueron o se quisieron ir -que no es lo mismo, pero es igual- y a la vuelta ya no eran los mismos a ojos de la gente porque, de hecho, no eran los mismos. Lo escribió Sabina y lo cantó mejor que nadie Ana Belén: “En Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Susana Díaz, acebrada y hermosa como una Dolorosa, entró por un lateral del Parlamento, en un principio desapercibida, a las 12 horas y 27 minutos, hablando de “responsabilidad” y presentándose como “la garantía de la defensa de la igualdad”. Dos minutos antes, a las 12:25 horas, Juanma Moreno apareció en escena, arrullado por un enjambre de medios, mostrándose “muy ilusionado” en “un día para la esperanza y la ilusión”. Cientos de personas, mujeres en su mayoría, alentadas por el PSOE, Podemos, IU, los sindicatos y colectivos sociales y hasta por el Gobierno en funciones, ya protestaban a las puertas del Parlamento contra la “dictadura patriarcal”. “No era el momento”,  señaló Moreno.

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El “iscosistema” en el Parlamento andaluz y la melva canutera

Anda el personal alterado ante la posibilidad de que Vox juegue un papel preponderante en el Parlamento andaluz esta XI Legislatura a punto de arrancar. Ciudadanos hace como que se echa las manos a la cabeza cuando se entera de que Juanma Moreno se ha tomado un café en el Alfonso XIII con Francisco Serrano, líder de Vox en Andalucía. Cabe recordar que para que “el frente del cambio” logre el objetivo de desalojar al PSOE de la Junta tras 36 años de gobiernos socialistas, necesitan, al menos, el voto de cuatro de los doce diputados de Vox o el apoyo súbito del propio PSOE o de los aficionados a la autocrítica “pero sólo un poquito” de Adelante Andalucía. El escenario en el Parlamento se asemeja a la situación que describía Diego Torres -probablemente el periodista que mejor fabula de España y Argentina- durante el pasado Mundial en relación a Isco Alarcón. Al juez Serrano, de nombre Francisco como el futbolista de Arroyo de la Miel, se le achaca también que “cuando baja al medio, no es para jugar rápido con balón y moverse, sino para trasladar y frenar el juego”. Dentro del propio vestuario, según Diego Torres, los galones a Isco -que, por otro lado, estaba desarrollando a la perfección su juego hasta que de unas semanas a esta parte ha entrado en barrena- motivaron las críticas por el paso del juego de toque rápido de la España del tiki-taka a una posesión más densa que conlleva una horizontalidad excesiva que algunos denominan tiqui-tuqui. Es decir, el juego de Isco implica, para bien o para mal -y en función del partido- que todo pase por él. Exactamente como pasa con el juez Serrano en el Parlamento.

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José Tomás tiene un misterio y Juan Ignacio Zoido, un ministerio

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Antonio Sanz observa casi de reojo y colocados en diagonal al ministro Zoido, Juanma Moreno y Javier Arenas. El de la derecha, aunque pudiera tener un aire, no es Clark Kent, es Ricardo Tarno. Foto de Ke-Imagen.

«Porque resistimos, conquistamos» es una frase del explorador Schackleton. A diferencia de la Antártida, con patrias múltiples, en el tricentésimo noveno día del año del calendario gregoriano, 310º este año al ser bisiesto, dos días después del anuncio mariano (Rajoy), ayer, todo el mundo reivindicó la procedencia de Zoido: el PP de Sevilla. «Allá donde esté, estará siempre Sevilla. Mi familia es la del PP, en especial de Sevilla», señaló en la Harinera, museo del pan de Alcalá de Guadaíra. El titular de Interior, que por la tarde acudió a la misa del Gran Poder, se estrenó con la detención del jefe de ETA debajo del brazo. Dicen que José Tomás tiene un misterio y Juan Ignacio Zoido, un Ministerio.

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“Houston, tenemos un problema”. (“Toda la vida no es más que mientras tanto”)

Encuentro con el alcalde de Granada Jose Torres Hurtado

El alcalde de Granada José Torres Hurtado Foto: Manuel Olmedo

«El tiempo que me corresponda, que me dejen o que Dios me dé salud», señaló el alcalde de Granada sobre su permanencia en el cargo que ostenta desde hace cuatro mandatos durante la rueda de prensa que ofreció en el Ayuntamiento para dar los detalles sobre su retención e imputación de diez cargos por presunta corrupción urbanística.El PP, en el que milita desde 1982, ya le había pedido la dimisión aunque Torres Hurtado dijo conocer la suspensión cautelar de militancia en ese momento. El calendario marcaba como efeméride, 46 años, el célebre «Houston, tenemos un problema». El ambiente recordaba a la misión del Apolo 13 en la madrileña calle Génova, también 13, y en la sevillana San Fernando . «El tiempo que me dejen» está condicionado, aparte de por los requerimientos del partido del que ha sido expulsado cautelarmente junto a su edil de Urbanismo, Isabel Nieto, por la presión del resto de fuerzas tanto en Granada como en Madrid, además de la sociedad granadina, que ayer se concentró frente al Consistorio.

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Sherlock Kennedy Rus

Sevilla 15-03-2016 Miguel Rus, presidente de la CESFoto: Manuel Olmedo

Miguel Rus, presidente de la CES, por Manuel Olmedo

Sucedió a Antonio Galadí -que era muy del sombrero cordobés- por aclamación y ha sido reelegido sin oposición. Miguel Rus dirige la patronal sevillana -la CES- sin necesidad de levantar la voz pero pendiente de cada detalle. En Sevilla, Randolph Hearst se pronuncia Juan Robles. Y el I+D+i más visible radica en los veladores, con sus aspersores y estufitas. «¿Esa bicicleta de quién es, María Luisa?», pregunta a su (hoy) contracturada jefa de comunicación tras capear al sol de frente desde la azotea de la nueva sede de la calle Granada, desde cuya oficina, dotada de proyector, se ve el Ayuntamiento, como si fuera un contrapoder en el mismo centro neurálgico de la capital. María Luisa Roldán, en sí misma, tiene una entrevista, con todo el empresariado en la cabeza. ¿Qué fue antes María Luisa Roldán o la CES? Sigue leyendo

“Siete crisantemos” junto al Palacio de San Telmo

A los mitos sólo los juzga el tiempo. A Joaquín Sabina, Hijo Predilecto de madre putativa, jiennense de Madrid, madrileño de Úbeda,  lo llamó «Susana», «la tarde de febrero» que cumplió «67 tacos». «Presidenta, le dije, no me tiente, con medallas impropias de un gualtrapa, aunque si es de mi tierra y de mi gente será un honor lucirla en la solapa», recitó con  mucho arte, escasa voz y calaveras en los calcetines. «Alguna vez he dado más de lo que tengo, me han dado alguna vez más de lo que doy», cantó una vez Sabina, que sabe que «en Las Ventas se trabaja y en La Maestranza se  torea». Sabina llegó a Sevilla, recitó unos versos y cogió el AVE de vuelta a Madrid. Tiempo justo para los abrazos de Susana Díaz y selfis varios, entre ellos con el consejero de Medio Ambiente, José Fiscal, que confesaba que «Sabina ha sido siempre predilecto para mí. Desde hoy es Hijo Predilecto de toda Andalucía». Sigue leyendo